Frosty the fetish

frosty

Ayer conté trece. Trece hombres de nieve inflables. En un radio de una o dos millas de mi casa.

Por supuesto, alguien podría decirme, sorprendido ante mi sorpresa …Es Navidad. Por eso hay tanto Frosty.

Pero..¿por qué Frosty? ¿Qué tiene Frosty que no tenga, que sé yo, alguno de los tres reyes magos, la virgen, un burro er…sabanero, un par de maracas, o cualquier otra cosa suficientemente colorida y “navideña”? Frosty es un muñeco de nieve. Mejor dicho, representa un muñeco hecho con ese material, ausente en nuestra isla a partir de Fela y antes de ella. Nieve, señores. Su mito y canción no son particularmente conocidos o queridos en Puerto Rico, donde en esta época tendemos a cantar sobre otras cosas (la parranda inagotable, la comida y bebida, el lechón ajusticiado, las figuras del nacimiento, más comida y bebida…para refrescar su memoria de las letras, puede ir a este archivo…)

Ojo, que nadie confunda este post con una crítica nacionalista, con una cuestión anti americana o anti navidad (por el momento.) No, mi issue es con la familiar figura de Frosty. ¿Por qué Frosty? Me parece que Frosty aparece en nuestros patios con más frecuencia que el mismísimo Santa Claus, que tendría de hecho más sentido decorativo – no solamente es más relevante, para bien o para mal y a pesar de Díaz Alfaro, en la experiencia infantil de la Navidad puertorriqueña, sino que está, por definición, de visita, porque es un individuo pesado pero, también por definición, móvil, gracias a sus prodigiosos venados.

Frosty es un muñeco de nieve que se derretiría si le diera por visitarnos y no es particularmente relevante en nuestra cultura navideña, dominada por otros símbolos. Su única ventaja es que, producido en masa en grandes fábricas chinas, se consigue barato en las mega tiendas.

He ahí mi issue con Frosty. Es un artefacto particularmente arbitrario del frenesí de consumo que rige nuestra actividad navideña post Peyo Mercé. Su producción comparte con otros tantos objetos inútiles los precios relativamente bajos que resultan del desplazamiento del costo de producción hacia el ambiente y la salud de los obreros que los fabrican. Frosty es una metáfora apropiada de una cara bastante fea de la globalización, una que afecta a nuestra gente más que casi cualquier otra: el consumo patológico, capaz de comprar cualquier cosa y de adoptar generosamente la moda y el ícono ajenos, siempre y cuando se consiga barato en Walmart o Sams. El desplazamiento de otros hábitos y tradiciones (asociadas a la religión, el folclore, o ambas) de nuestras mentes y patios, sustituídos por una cosa más barata, más brillante y más grande.

Si no me dan de beber, lloro, como dice la canción.

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5 comentarios en “Frosty the fetish

  1. ¿Que puede tener de extraño que, en los países en los que nieva, la gente construya “hombre de nieve”?, nada, por supuesto, aunque el objeto está más bien relacionado con el invierno y no necesariamente con la Navidad.Pero, debido a que insondable misterio, en regiones donde no se conoce la nieve, puede ser un “hombre de nieve” un símbolo de la Navidad?. Sin dejar de agregar los otros “símbolos” como los árboles nevados (con nieve de plástico), los Santa Claus vestidos para una expedición Polar, los renos y los trineos (artefacto por demás desconocido).Pero es verdad, la respuesta será categórica: ¡Pero si es Navidad!, ¿cómo puedes ser tan negativo?, hay que adornar, si se trata de celebrar el nacimiento de Jesús.¿De eso se trataba?, por qué no lo dijeron antes, si con tantos Frostys, Santa Claus, renos y trineos, árboles y luces multicolores adornando casas, calles, avenidas, centros comerciales y aún iglesias, ¿Quién podría ver a ese niño que nace en el más humilde de los pesebres de Belén?.Lloremos…

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    1. Estaba limpiando el blog y me encuentro con este antiquísimo comentario, que nunca contesté por distraída….:) Mis disculpas. Por cierto: Estas pasadas navidades vi Frostis a granel, y últimamente veo además pavos gigantescos en noviembre y calabazas enormes en octubre…Sigamos llorando.

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  2. No, paren un poco, el problema no es la globalización, el problema es la unilateralidad. El problema es que la Navidad es marca registrada del norte, entonces todos los íconos navideños son cosas inventadas en Laponia o Massachusets. Los gringos no “compran” nuestras fiestas, vienen a celebrarlas entre nosotros, porque es más barato. Pensemos: ¿cómo se hace para que decenas de millones de gringos compren calaveras de azúcar para el 2 de noviembre? ¿Cómo podría venderles estampitas de la virgen de Luján con Evita para el 17 de octubre? ¿Cómo hacemos para que compren litros y litros de licores y rones para darle a Iemanjá el 2 de febrero? ¿Cómo obligarlos a comprar el DVD del “Especial del Maracanazo” todos los 16 de julio?No puedo parar, estoy condenada al éxito.

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  3. esa es la cosa, que no tiene nada que ver con el objeto en sí y sus cualidades…por qué se globaliza el brebaje de sirop de maíz con colorante más que el zumo de mango o de limón? por qué los juguetes chinos más que los suecos? por qué el inglés y no el castellano, o el aymara? es unilateral, arbitrario, y a la vz cruelmente lógico – si por lógica asumimos la del mercado…hoy ví como cuatro frostis más.

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