la puerca entorchó el rabo

175194311_95da512e2b_oTras sus polémicas referencias a la categoría de familia que llamó “torcida”, Rivera Schatz aclara el record. Dice ahora que “la familia torcida es aquella que a veces abandona a sus abuelos, los abandona en hogares o en centros de envejecientes, que quiere negarle a un padre que vea a sus hijos, o un padre que no quiera pagar la pensión”.

Sin embargo, todo este asunto de “torcido” sale de la boca del senador como parte de sus declaraciones sobre los nuevos nombramientos de jueces al Tribunal Supremo. Aunque simule sorprenderse porque, según él, “los gays se dieron por aludidos, y ellos sabrán por qué”, la verdad es que todos los habitantes del país, tanto los homofóbicos como los que no lo son, hicieron la conexión. La segunda parte de su aseveración apela claramente a aquello del que le caiga el sayo…De nuevo (hablamos aquí del tema en una entrada anterior) aquí lo “torcido” es su manera de hablar. El ya famoso adjetivo describe muy bien la manera en que Rivera Schatz conversa sobre el asunto con la prensa. Su argumento se enrolla sobre sí mismo como la colita de un lechón.

Y es productiva, la metáfora que las noticias sobre el honorable senador nos sugiere, la del rabito encaracolado. Describe bien, por ejemplo, su trayectoria política, de pesquerista arrepentido a rosellista enfurecido y ahora fortuñista cauteloso. Se parece a la larga media luna donde se sienta con numerosos y enérgicos colegas a legislar sus iniciativas. Refleja incluso el texto mismo de muchas de las medidas resultantes, retorcidas en contenido, lógica y lenguaje.

Lo que no describe es el derecho de dos seres humanos a ver legalizada su unión. Eso es un derecho. No un “torcido”.

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3 comentarios en “la puerca entorchó el rabo

  1. Siempre son los y las ciudadanas los que entienden mal. Hacemos malas interpretaciones de sus «complicadas palabras». Al final parece que el Sr. Shatz quiere que la gente se disculpe con él por haber tergiversado sus palabras.

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  2. cierto, José G. Y eso como que está pasando mucho últimamente con nuestros legisladores. ¿Tal vez, entre los muchos asesores que contratan, tendrán que incluir unos especialistas en comunicación, para que nosotros los pobres ciudadanos no nos confundamos?

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  3. En mi opinión, lo interesante de estas torcidas torceduras no es lo que dijeron, o trataron de decir, o de dar a entender o a mal entender estos torcidos ultra conservadores; lo que yo encuentro es interesante es lo que NO DIJERON, o no trataron de decir.

    Lo que no dijeron (o trataron de decir, o de dar a entender, o a mal entender) es interesante porque delata la monumental hipocresía de estos “conservadores” “cristianos” que creen en la familia “no torcida”.

    Lo que no dicen es que la fuente de su definición torcida de torceduras, la Biblia (en el nuevo testamento, por cierto) prohíbe claramente el divorcio:

    “Lo que Dios unió no lo separe el hombre.”
    Mateo 19, 3-12

    Dado que aproximadamente la mitad de los matrimonios terminan en divorcio, en comparación con el estimado de 1-10% de la población gay; se hace claro qué el divorcio es una amenaza MUCHO mayor que la uniones gay para la familia no torcida que idealizan estos líderes torcidos al aplicar su tortuosa lógica (o ilógica).

    Por lo tanto, estos constantes ataques contra la población gay y los matrimonios del mismo sexo no tienen NADA QUE VER CON UNA PREOCUPACIÓN POR LA “FAMILIA”, es más, ni siquiera con su torcida interpretación de la Biblia. Si lo tuviera, veríamos a todos estos torcidos inmolándose, metafóricamente por supuesto, porque en la práctica ellos prefieren inmolar a otros, metafóricamente también (creo) en un yihad por prohibir el divorcio.

    La guerra contra los gays y el matrimonio del mismo sexo no es cuestión de Biblia, ni siquiera de moral. Se trata de un caso clásico de “bullying” político. Esta minoría vociferante cuyo liderato se nutre del miedo y el odio a lo que es diferente, y los políticos hipócritas que ahora dicen apoyarlos, ha encontrado una minoría que goza de poca popularidad entre la mayoría y que por lo tanto pueden abusar de ella sin gran temor. Esto no lo pueden hacer con el divorcio porque eso sería echarse a la mitad de la población en contra. Total, parte de ese liderato de moral torcida en un nudo gordiano, es divorciado, aun cuando el Nuevo Testamento es claro sobre el asunto. Sin embargo, parece que para algunos de ellos al menos, no toda la “palabra de Dios” tiene el mismo peso porque la que le conviene a ellos es la que importa.

    Si pudiéramos embotellar y exportar hipocresía Puerto Rico podríamos salir rápidamente de la crisis fiscal.

    WD

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