la dimensión subestimada

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Mi abuelito solía llevarnos, a mi abuela y a mí, a almorzar fuera los domingos a las 11:30. Si nos retrasábamos, y al llegar había fila en el restaurant, el abuelito se indignaba. “Vámonos”, decía, “que yo no tengo tiempo que perder.” Yo sonreía ante la importancia que mi encantador, feliz y retirado viejo le asignaba al tiempo.

Ahora medito el asunto, sin embargo, durante situaciones como el “hold”. Digamos, por poner un ejemplo, que usted nota que en la factura del celular le han cobrado veinte pesos de más. De modo que llama, entra en el laberinto automatizado, escucha y selecciona cuidadosamente en cinco menús consecutivos, cayendo en “hold” mientras espera la atención de un humano, porque sólo un humano puede corregir el error en cuestión. (¡Si tan solo le dieran la opción de “humano” desde el primer menú!) Tres horas y dos humanos más tarde, usted ha logrado obtener una vaga promesa de reembolso. Promesa que podría no ser cumplida y necesitar una llamada de seguimiento… Hagamos el análisis: Usted acaba de pasar tres horas recuperando veinte pesos. Usted acaba de trababajar casi media jornada por $6.67 la hora y un poco de música. Súmele una hora adicional y bájese el salario a $5/hora si para la llamada tuvo que prepararse, buscando facturas, copia del contrato, una xanax, etc. Súmele otra más, que usa para hacerle el cuento, alborotado y con la presión en high, a otras personas, y ya está cobrando $4 la hora. La metáfora salarial es a modo de ilustración- lo peor del asunto no es el “dinero” perdido, sino el tiempo perdido.

Otro ejemplo: Ir al médico. Yo he sabido esperar cinco horas por un pediatra y ocho por un obstetra. Y he escuchado historias peores. En más de una ocasión le he preguntado a una recepcionista por qué no lo hacemos un poco diferente. “¿Qué tal” sugerí, ilusa, “si ustedes me dan una cita, y yo vengo a esa hora, y ustedes me atienden?” Ajá. Aparentemente, en el momento mítico al principio del tiempo, en el génesis del consultorio arquetipal, “hace tieeeeempo…dábamos citas pero entonces la gente no venía. Así que te damos una cita, pero entonces atendemos por orden de llegada.” ¿Orden de llegada? ¿Y entonces? ¿Qué pasó con la “cita”, ese “acuerdo o compromiso entre dos o más personas acerca del lugar, día y hora en que se encontrarán para verse o tratar algún asunto”? Dependiendo del médico, “orden de llegada” implica la tortura sistemática de infantes, mujeres embarazadas, ancianitos, adultos productivos, o todas las anteriores. El tiempo de todos vale lo mismo-casi nada. Todo ese tiempo colectivo es sacrificable en función de la optimización de las ganancias. Porque eso es lo que la espera forzada y sistemática le está comunicando al paciente del médico…o al impaciente de la compañía telefónica. Que su tiempo vale poco, y que vale mucho menos que el del humano o la empresa al otro lado de la línea o del estetoscopio.

¡Son tantos los ejemplos! Largas reuniones innecesarias. El tapón nuestro de cada día. El tránsito por oficinas en busca de documentos fantasmales en lugares desconocidos. La búsqueda de pala o favor para cualquier gestión, por más legítima que la gestión sea. (¿Que vas para el Registro Demográfico? Espérate, que allí trabaja Titi…) Tal vez el valor promedio del tiempo de un ciudadano es un buen indicador de su clase social. La persona extremadamente pobre tiene que armarse de paciencia casi infinita. Se le va la vida en la fila de los cupones, la de desempleo, la de la Reforma, la de pagar el agua, la de pagar la luz…El más pudiente puede pagarle a gestores y asistentes que hagan fila por él.

“El tiempo es oro”, dice el refrán. Y ojo, que lo dice uno de esos refranes que llamamos, no “un” refrán sino “el” refrán. Uno de los importantes, los definitorios, los que nos comunican sabiduría generación tras generación, y todo eso. Sin embargo, no parecería valer mucho, esa coordenada inapreciada. Hasta de “matar” el tiempo hablamos. ¿Por qué alguien habría de querer matar el tiempo? ¡Si se trata del recurso más valioso, más escaso, y más incomprendido! Las tres dimensiones que constituyen el espacio, mal que bien, se regulan, se protegen, se remodelan, se decoran, se compran, se tasan… Al pobre tiempo lo ignoramos, lo gastamos, lo perdemos o peor aún, lo “matamos”.

Perder tiempo tiene muchas consecuencias. La más mentada es probablemente la productividad laboral. Pero hay otras igualmente graves. El tiempo perdido en complicaciones innecesarias es tiempo que ya no podemos usar para crear, estudiar, o embelesarnos mirando un bebé. Para dormir una siestita reparadora, leer un libro, pensar un rato, hablar solo, visitar a un anciano, o a un amigo,o a un anciano amigo. Inventarnos un blog para que nadie lo lea. Inventarnos un blog para que muchos lo lean. Descifrar los contenidos del armario o de la mente de un hijo adolescente. Acariciar al gato, asustar al gato, mirar el techo, aprender mandarín, hornear un flan o ver una película favorita por tercera vez. Recordar un chiste valioso en todos sus detalles. Ver fotos viejas. Leer. Pensar.

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10 comentarios en “la dimensión subestimada

  1. Si… pero, sabes qué? Me da la impresión que muchas veces tendemos a asociar eso de “matar el tiempo” con TODO aquello que no sea productividad laboral. Que de hecho, precisamente para “matar el tiempo” tomamos la siesta, leemos aquel libro, miramos al bebé… Ciertamente lo internalizamos como que estamos gastando tiempo valioso y semánticamente hay algo bien terrible en la frase… pero yo no condenaría las matanzas del tiempo… pues (aparte de que el nombre es terrible) mientras “mato el tiempo” ES que tengo momentos míos, agradables, íntimos…En cuanto a doctores,horas frente al tv, reuniones, y las eternas filas que hay que hacer incluso antes de que abran los sitios, pues ahí sí, se pierde tiempo…mucho. Entonces en ese momento decidimos matarlo… ahí es que nos permitimos agarrar el libro. Yo pienso que deberíamos exigirnos más tiempo para hacer aquellas cosas que hacemos (al menos yo hago) para matar el tiempo…. Buenas maneras de matar el tiempo, por ejemplo: almorzar de vez en cuando con una estudiante que ya se graduó, pero todavía pasa mucho tiempo en la ciudad donde trabajo!Un abrazo Rima, espero que estés muy bien!

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  2. Excelente exposición de lo que es la perdida del tiempo en estos tiempos actuales, sin embargo si de hablar de asesinos del tiempo se trata mencionemos a un protagonista estelar, “El televisor” al cual dedicamos horas interrumpidas en historias irreales y olvidamos que existe un mundo real donde escribir nuestros propios libretos. Lo más triste no es esto es que no solo le entregamos nuestro tiempo al televisor, lo mas lamentable es que le entregamos el tiempo de nuestros niños.

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  3. Rima, estamos acostumbrados a escuchar que “el tiempo es oro”. Ello es así sólo en la medida en que aceptamos la alienación, o pérdida de nuestra identidad. El tiempo es el medio en que se expresa nuestra humanidad. El tiempo es vida. El ser humano se hace en la sociedad. La sociedad alcanza la civilización que nos ha permitido permite desarrollar una capacidad de producción al punto en que con poca inversión de tiempo humano (que es lo mismo que decir el proceso de creación) es posible sostener las necesidades básicas: techo, alimento, vestimenta, educación. El resto nos lo roban en tapones, salas de espera, filas de gobierno, trabajos domésticos forzados, telebasura, etc. Las filas de gobierno reflejan una economía dependiente que puede malgastar el tiempo de sus ciudadanos.

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  4. Tienes mucha razón Angie! Cuando supuestamente estamos “matando el tiempo” es cuando realmente lo estamos aprovechando en las cosas que normalmente no tenemos tiempo para hacer.Recuerdo cuando llegamos a Madrid ya hace año y medio y nos fuimos a vivir a un pueblito a unos 45 minutos en tren de la universidad, pensaba, en principio, que ese sería un tiempo perdido. Claro, después de vivir casi al frente del Colegio, todo parece lejos!Sin embargo, esa hora y treinta minutos que invierto en ida y vuelta a la universidad cada día se ha convertido en MI tiempo. Desde leer libros que nada tienen que ver con mi cotidianidad, hasta la lectura “deadline” para la clase, la risa a solas cuando recuerdo mis momentos “nefastos” como “atleta” del RUM (para no especificar), o simplemente intentar descifrar el idioma en el que están conversando al lado mío (bueno los trenes de cercanías se distinguen por ser muy multiculturales), realmente siento que ESE es MI tiempo, y hasta que no he sido “obligada” a utilizarlo no lo había valorado.un abrazo,Melody

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  5. Angie,Melody: empecemos entonces a usar la expresión “vivir el tiempo”, en lugar de “matar”. abrazos para ambas!Jackeline, bienvenida. Estoy contigo – el televisor es un chupatiempo por excelencia, y por lo general de los malos. Hay excepciones, como en todo – una película favorita, especialmente compartida, o un juego de soccer…Myrisa – tal vez la palabra “oro” del refrán está tan cargada y debería sernos tan desagradable como la de “matar”, cuando al tiempo se refieren. La una, porque sugiere que el tiempo vale pero que se mide necesariamente en capital, la otra porque sugiere que no vale ná. Gracias por pasar!

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  6. Rima, en cuanto al médico, noto una confusión semánticamente existencial en tu argumento “orden de llegada”no significa el orden en que llegan los pacientes, sino el ORDEN en que llega el MÉDICO. Por supuesto, visto de esa manera tiene perfecto sentido el asunto. La variable “llegada del médico” toma sólo dos valores:”0″ = no ha llegado y;”1″ = llegó(no toma ningún otro valor porque la hora de llegada del médico es irrelevante para él después que no interfiera con ver sus pacientes en el hospital, jugar tenis, pescar en la lancha, regresar a sus anchas de su apartamento de playa, llevar los nenes a la escuela, tomarse el café, etc., etc., etc, ad nauseam).Una vez que el médico llega, pero luego de ver a los propagandistas médicos (lo cual, por cierto, puede ser importante para algunos pacientes), organizar la oficina y hacer los demás rituales secretos de Galeno, procede a dar la ORDEN de ver a los pacientes.You see. :-)WD

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  7. amada…saco de mi reserva de tiempo para agradecerte infinitamente a tiempo que compartas tus musas muy certeras sobre el tiempo y la locura de vivir en estos tiempos de total incomprensiòn del verdadero sentido del tiempo. Creo tambien que la mayor parte de los abusos cometidos en contra de nuestro tiempo ocurren por el hecho que lo permitimos como gremio que así sea. Por no tener el tiempo de conectarnos, organizarnos y tomar acciòn …si todos boicoteamos a los roba tiempos ..ò mejoran el servicio o cierran el kiosko.estamos a tiempoabrazzos d

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  8. Walter, quedas pública y oficialmente invitado a enviarnos un “guest post”. 🙂 Dale, anímate. Doroti!!! Lindo verte por acá en “parpadeando”. Creo que eso que dices el es “kid” de la cosa: Se trata de respetar el tiempo. Y respetarlo no es necesariamente usarlo para trabajar, sino usarlo para lo valioso. Las cosas que Angie y Melody mencionan arriba, aunque las (mal) llamemos “matar el tiempo”, de asesinato no tienen nada, son cosas valiosas. Malas son las impuestas, las que a nadie sirven, las que nos roban del tiempo. Al final, el tiempo es vida, como dijo Myrisa. Rescatémoslo!

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  9. A diferencia de unas vecinas que pierden el tiempo y malgastan el agua barriendo las hojas, todos los dias, mientras sus hijos parecen seres de decoracion, me gusta ver las hojas secas aqui o alla de vez en cuando, pero prefiero gastar mi tiempo dialogando con mis hijos de cosas como le fue el dia, que sintio cuando le fue bien o cuando le fue mal, que pasa por su mente o que me quiere contar, con el mas pequeno prefiero repasar las palabras, abrazarlos y decirles cuanto los amo y que no importa lo ocupada que este ellos siempre son primero para mi. por tanto no existen hojas que limpiar, ni obsesion en la casa por la limpieza extrema, que pueda dejar de momento para admirar,conversar, escuchar y compartir con mis hijos y porque no? reganarlos cuando es necesario. El tiempo pasa tan rapido y siempre las hojas estaran ahi, iguales, nuestros hijos creceran y el tiempo no vuelve atras.

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  10. María, saludos! Suena como que lo estás viviendo, al tiempo. 🙂 Pocas cosas mejores que hacer con el tiempo que pasarlo con “esos locos bajitos” que son los hijos.

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