Río revuelto…

submakersLa familia Méndez, boricuas en Holyoke, Mass., se ha unido al ejército.  La madre a la Reserva, los hijos de 23 y 20 años al “Army”.  ¿La razón? No consiguen empleo estable en la maltrecha economía norteamericana.  “In fact, the military has become an employer of last resort for the Méndez family, reflecting a national trend toward higher enlistment rates in the midst of a severe recession”, explica el Puerto Rico Daily Sun del martes 10 de marzo.

Como consecuencia de la crisis económica, más y más ciudadanos optan por unirse al ejército para obtener un salario. Río revuelto, ganancia de reclutadores.  Este fenómeno no se limita a los Estados Unidos (y por extensión a Puerto Rico), sino que aparece en otras partes del mundo (pulse aquí para ver un ejemplo europeo, cortesía de Aníbal Y.).  La pregunta es:  Si los reclutas entran al ejército porque el desempleo rampante no les ofrece muchas opciones y los reclutadores ofrecen dinero rápido, ¿podemos verdaderamente decir que el ejército es “voluntario”?  ¿Acaso no es la necesidad económica una forma sutil de conscripción?  No es casualidad que los reclutadores visiten mucho las escuelas con altos niveles de pobreza, ni que los signos de $$$ y frases como “enlistment bonus” y “money for college” sean un rasgo tan predominante en los letreros que anuncian al ejército como opción de vida.

Ni tampoco es el reclutamiento de ciudadanos desempleados la única conexión curiosa entre el ejército como institución y la crisis económica actual.  Tomemos por ejemplo el caso de los submarinos enormes fabricados por compañías como General Dynamics, contratistas del ejército.  Los submarinos, cuyos precios rondan los dos millones y medio de dólares, crean docenas de empleos cada uno, y  ésta capacidad, probablemente, le añade atractivo en tiempos difíciles.

“While weapons of war generally are evaluated on their strategic strengths and weaknesses, defense contractors also aim to offer products that are recession-resistant. So it is not surprising that in a year of high unemployment and no-growth defense budgets, makers of the Virginia-class subs and other defense systems are playing up their ability to help restore some buoyancy to the sinking U.S. economy.”


En tiempos de bonanza, tal vez la producción de aparatos tan evidentemente diseñados para destruir, matar, y guerrear a gran escala le causaría algún prurito moral a los ciudadanos del país que los construye.  Pero cuando la economía está mala tendemos a mirar hacia otro lado. Antes de hacerlo, sin embargo, atendamos por un momento la desazón, el parpadeo: Hay algo fundamentalmente roto, moralmente turbio, en una situación político-económica en la cual  los resquicios que permiten la supervivencia económica de unos están predicados sobre la destrucción en otras partes.

Foto: General Dynamics, tomada de commondreams.org.

Para una entrada relacionada en este blog, pulse aquí.

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2 comentarios en “Río revuelto…

  1. Creo que la médula de este asunto reside no en la milicia ni en los reclutadores ni en la crísis económica (que ultimamente sirve para justificar cualquier cosa) sino en el concepto de mismo de lo voluntario vs la coerción y como esto se relaciona al concepto de clase. Se trata en efecto de lo que en la estadística suele conocerse como “heteroscedasticidad” que se dá cuando la varianza en una variable no es uniforme a través de su distribución. El ejemplo más sencillo es la relación de la capacidad de ahorrar con el ingreso familiar. Aunque pueda ser cierto que las familias de mayor ingreso en promedio ahorren más, es más cierto aun que muestran mayor variabilidad en sus ahorros que las familias de menor ingreso. Las familias más pobres son similares en cuanto a sus ahorros, muy pocos o nada porque tienen que gastar casi todo, o todo, su ingreso para satisfacer sus necesidades. Las familias de mayor ingreso, sin embargo, tienen mayor discreción para determinar cuánto quieren ahorrar. Algunas de ellas ahorrarán mucho, otras menos y otras muy poco o nada.

    Visto de esta perspectiva, el asunto de la coerción económica como “estímulo” para entrar a la milicia es una manifestación de la reducida gama decisional que tienen las personas que provienen de las clases trabajadoras y pobres para escoger qué futuro quieren para sí mismos. ¿Cuántas personas que trabajan en “fast foods” soñaron con eso? ¿Cuántos empleados de saneamiento dijeron que eso era lo que querían hacer cuando se le preguntaba de niños, “qué quieres ser cuando seas grande”? Yo diría que para buena parte de la población, la selección de trabajo, carrera y de su futuro no es libre prácticamente nunca. En este sentido la crisis económica lo que ha hecho es reducir aún más el abanico de posibilidades para buena parte de la población y eso es lo que les facilita la vida a los reclutadores.

    WD

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    1. Walter, totalmente de acuerdo. Aunque en este caso, hay una diferencia, tal vez de grado, por el asunto del riesgo. Los más pobres son así los que se arriesgan más a morir o a matar.

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