artefactos: el álbum de bodas

rosesEste “post” inaugura una categoría nueva, la de los “artefactos”.  En la antropología cultural, un artefacto es un objeto producto de la acción, la inventiva, la cultura  humana.  La subdisciplina de la arqueología, de hecho, se basa casi por completo en el estudio de artefactos (vasijas, tumbas) que nos permitan entender culturas en el pasado.  Pero el uso de un artefacto para entender un poco mejor al grupo humano que lo produce no se limita a las culturas “muertas”; todos y todas podemos entender mejor nuestro mundo social, ese conjunto de significados y redes sociales que nos limitan y a la vez nos liberan, que nos permiten existir como humanos, mirando los artefactos que ese mundo contiene. Hasta los más cotidianos.  Tal vez especialmente los más cotidianos, los que nunca miramos dos veces.

Podríamos empezar con cualquiera.  El zafacón. El inodoro. El pilón de machacar ajo.  El plato del perro.   Pero hoy quiero hablar del álbum de fotografías.  Lo tengo en la mente porque una de mis estudiantes trabaja en este momento el tema de la boda puertorriqueña y sus artefactos-el bizcocho, el álbum, el vestido…y en más de una ocasión hemos conversado acerca de la construcción del álbum.  Un álbum de boda más o menos típico tiene unas secciones bastante predecibles, que coinciden con momentos igualmente estructurados en el ritual mismo.  Algunas fotos de la novia preparándose (mi estudiante dice, y estoy de acuerdo, que estos eventos son novia-céntricos, con la novia como eje y centro) seguidas de otras de “la ceremonia” (la novia entrando al lugar,  novios frente a algún tipo de púlpito con un ministro/cura/juez/capitán de barco, intercambio de anillos, “el” beso…)

Otras son del segundo ritual, denominado “recepción”, que aunque definido como espacio de solaz y celebración es tan estructurado como el anterior: brindis, baile, liga, corte de bizcocho, ramo a las solteras, etc.  Y en algún punto del album, casi siempre hay una serie bastante larga de fotografías de grupos de diversos tamaños – la pareja sola, la pareja con la familia de él/ella, novia con sus padres, novia con sus suegros, novio con los suyos, novio con suegro, novia con madre, novios con multitudes diversas para que nadie se quede fuera de la foto, y así por el estilo.  Y cada vez con más frecuencia, algunas fotos espontáneas.  Novia riendo con las amigas, novio bailando con la sobrinita, madre llorando, el tío X  borracho, qué se yo.

Una de las cosas interesantes que tiene este particular artefacto es que está diseñado para que el evento que retrata pueda ser recordado.  En ello radica su función.  Los artesanos que lo producen son expertos en retratar la cosa de la manera que mejor se preste para que el album llene plenamente su propósito. Y ahí es que se pone la cosa interesante, desde el punto de vista de parpadear, de mirar las cosas dos veces, porque tenemos una de esas situaciones de huevo y gallina (¿qué viene primero?) entre manos. El álbum refleja los eventos que ocurren en la boda. La gallina pone el huevo.  Pero hasta cierto punto, parecería que las bodas son secuencias para llenar un álbum – de la misma forma en que la gallina es, desde cierto ángulo, un vehículo para que el huevo produzca un huevo…

Me refiero a que en todas las bodas en que he estado, la toma de fotografías no ocurre al margen de los eventos sino que es parte crucial de los mismos.  La cosa se acelera o se hace más lenta en función del lente.  Avanza, Fulanito, que van a tirar la foto.  Espérate, todavía no la abrace, que el fotógrafo está buscando el flash.  Esto es cierto hasta para las fotos “espontáneas” – los mejores fotógrafos de boda son aquellos que sutil o no tan sutilmente crean las condiciones para que esas fotos tiernas y/o inesperadas ocurran. Es él o ella, o alguno de sus secuaces (la tía, el suegro) el que se asegura de que el nene de los anillos halándole el pelo a la nena de las flores o el novio que baila con su sobrinita queden plasmados en el libro de recuerdos que es el álbum. También se aseguran de que cualquier evento espontáneo pero desagradable quede excluído: el tío ya muy, muy borracho persigue a una dama de honor, a la novia se le corre el rímel, el niño de los anillos se orina encima.  El álbum, en otras palabras, no refleja fielmente lo que ocurre, sino que nos permite ajustar, construir, matizar nuestro recuerdo de lo que ocurre.

Una cosa curiosa es que el énfasis, al planificar una boda o al compartir un álbum, tiende a ser sobre la originalidad, lo que hace al evento y a su álbum distinto de otros.  Pero como tantas otras instancias de “individualidad”, el caso es que nos parecemos mucho.  Los álbumes son crónicas de una boda, vástagos de las anteriores y receta de las próximas.  Son un artefacto de nuestra capacidad humana para construir memorias individuales basadas en conjuntos de ideas culturales compartidas con otros humanos.  Ideas que incluyen elementos de tradición, de historia, de idiosincracia y de mercado.

Que quede claro que no estoy criticando bodas o fotos.  Yo hice boda, tengo álbum, y me enternece mirarlo de vez en cuando. Me alegra que mi fotógrafo haya sido un poco impertinente y nos haya obligado a tomarnos una foto más, o a sonreír en su dirección, o a soltar el bizcocho o la pareja de baile para una pose adicional.  Todos los recuerdos son de una manera u otra construidos, filtrados, según las opciones que los contenidos de la cultura nos proveen.  Pero mirado de este modo, el álbum es tanto un producto de la boda como productor de la misma.  Los eventos que retrata son los eventos que ocurren…para el álbum, en el orden que los álbumes decretan o recetan.  Y esto se debe, en gran medida, al super-artefacto que es la fotografía misma, el arte y la tecnología de preservar un momento particular en el tiempo.  Pero ese tema de las fotos y su historia lo dejo para una entrada próxima.

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6 comentarios en “artefactos: el álbum de bodas

  1. Me parece muy acertada esta reflexión. Los otros días comentábamos que no tenemos álbum de boda, que no nos tomamos las fotos típicas con la familia. Decidimos que una buena alternativa es repetir el evento y así lograr crear el álbum de boda.

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  2. También en estos tiempos tenemos la facilidad de fotos perfectas casi sin límite. Cuando éramos menores, el rollo traía por lo regular 24 exposiciones que se tenía que rendir y planificar porque eso era lo que había y ya.

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    1. Maria, ¡absolutamente! Me pregunto si podemos notar diferencias. Digamos entre las fotos tomadas en los ochenta y las actuales, que tengan que ver con esa finitud del rollo que tú muy bien señalas.

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  3. Es increible como no nos damos cuenta que debajo de nuestra supuesta originalidad, solo seguimos un patron cultural. No me habia puesto a pensar en como realmente se ven todos los albumes de boda, pero la realidad es que todos son muy parecidos, diferentes protagonistas en diferentes escenografias. Para mi, las fotografias nos trasportan no tan solo a un evento especial, si no que nos hace reflexionar,llorar, reir… las fotografias llevan plasmadas la historia de una familia, amigos, parejas, de una nuestra humanidad.

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    1. Saludos, Sharon. Creo que fue una antropóloga que se apellidaba Benedict que describió a la cultura como ese rango de comportamientos que nos toca, tomado del práctimente infinito conjunto de lo posible. Y creo que reconocernos en lo “cultural” no necesariamente es negativo, ¿verdad? Dijo otro antropólogo, Geertz, que es en lo cultural que se revela lo humano..o algo así. 🙂 Bienvenida.

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