casual day

sewmachine0062Uno sabe que vienen porque es víspera de viernes, y el o los adolescentes residentes piden “un peso” y vacían armarios y gavetas, buscando esa paradójica combinación de prendas que les permita ser raros sin ser “raros”, ser únicos al tiempo que siguen la pauta de la moda, imitar a otros sin parecer imitadores. Verse originales a la vez que navegan, hábilmente, un delicadísimo enramado de reglas sobre marcas, largos, telas, colores, logos y diseños comunicadas a través de amigos, películas, revistas, anuncios y otros medios. Ser suficientemente iguales unos a otros como para ser “grupo” pero suficientemente distintos como para ser “individuos”.

No son nuevos, los casual day de las escuelas privadas (y algunas públicas) del país.  En casa eran un lío.  Yo crecí con mis abuelos, y allí comprar ropa de moda  no constituía una prioridad – por lo que los días en que la escuela nos “excusaba” del requisito del uniforme constituían un verdadero problema.  En más de una ocasión, mi abuela y yo lo intentamos – mirábamos con ojo crítico y mente abierta el armario, rebuscábamos en las bolsas glad donde llegaban los hand me downs de mi prima, y hasta fuimos de compras -dos o tres veces-a González Padín y a Woolworths’.  Pero aunque parte del problema resultaba de la economía doméstica del hogar y de una cultura de frugalidad que mis abuelos habían heredado de los suyos, también ocurría como consecuencia de mi propia confusión.  Es decir, aún cuando mi abuela, para evitar mi ostracismo, cediera y me llevara de tiendas, yo nunca estaba muy segura de qué comprar.  Carecía de la brújula precisa, de ese mecanismo interno que algunas amigas exhibían al desear, comprar, y combinar, impecablemente, sus prendas.   Recuerdo que un viernes solucioné el asunto recurriendo a un tema monocromático: Blusa verde y bermuda verde, todo cosido, amorosamente, por Nana, mi bisabuela.

Nana vivía en Hyde Park, fumaba Salem, y armaba rompecabezas de miles de piezas, que le tomaban varias semanas.  También acumulaba latas de chicken noodle soup en una alacena, veía películas de vaqueros y cosía a máquina, casi siempre para mí.  Su piso alquilado era oscuro, pero el cuarto donde estaban los rompecabezas, la tele, y la máquina de coser era grande y luminoso.  Allí leíamos, sentaditas en una butaca, los libros condensados de sus  “Selecciones del Reader’s Digest”.

Pero al grano, que me puse a pensar en Nana y olvidé el punto que quería hacer aquí. Luego regreso a  Nana.  El asunto es la lógica del casual. ¿Por qué? ¿Qué significado tiene?  ¿Por qué tenemos que pagar un peso?  ¿Y por qué exactamente constituye un privilegio no tener que usar uniforme?

Creo que estábamos en décimo grado cuando mi mejor amiga y yo decidimos rebelarnos ante el asunto del casual day.  Quisiera decir que fue idea mía, pero fue toda suya y yo me copié: ¡Ir en uniforme!El significado político cabal de ir en uniforme a la escuela el día del casual day no me estaba muy claro en aquel momento, pero la idea era genial –  evidenciábamos una capacidad peculiar de ir contra la corriente, confundíamos a las figuras de autoridad, y nos ahorrábamos (y le ahorrábamos a mi abuela) tanto el infame impuesto del peso como el rollo de tener que buscar que ponernos.

Hoy que estoy más vieja y los casual day ya no me amenazan (aunque aún titubeo ante al armario si tengo que ir a una fiesta formal), escucho a mis hijos pidiendo el peso y me pregunto varias cosas. ¿Cuál es la lógica del pago? La lógica material es clara – la escuela levanta unos chavitos. Pero la cuestión ideológica, la justificación social, se me escapa.  ¿Los chicos están pagando por…qué cosa exactamente? ¿Su derecho a violar las reglas, en una especie de multa a priori por no ponerse el uniforme?  ¿O más bien se trata de una ofrenda, una cuestión cuasi-religiosa, algo así como el derecho que se le paga a Yemayá antes de cruzar un brazo de mar o a la Virgen antes de prender una vela en la catedral?  Tal vez equivale no a una ofrenda, ni a una multa, sino a una taquilla – un boleto de entrada a la pasarela de los y las compañeros y compañeras. Los muchachos se entretienen, la escuela hace unos pesitos, las tiendas siguen vendiendo.

Pienso en Nana de nuevo.  Con los conjuntos monocromáticos, los encajes, y las alforzas que salían de su Singer, me estaba ofreciendo, esa viejita encantadora, nada menos que la solución de Gandhi-la sustentabilidad y dignididad de vestirnos solos.

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2 comentarios en “casual day

  1. Personalmente siempre me gusto que en Puerto Rico se use uniforme para ir a la escuela. No hay la competencia y moda de las escuelas en los USA continentales que lo que estimula es irse mas alla de lo que uno tiene.
    Dicho de otra manera los muchachos se ven obligados a dejar sus modas copiadas de Hannah Montana, Hot Topic y de disidente Disneyzado (increible que ahora buscan ropas y libros que apelan al Goth en potencia) para la casa, cuando salen o el maldito casual day.
    El casual fue inventado para ejecutivos, que ese dia no usan trajes, corbatas y la tela para irse ‘casual’, a la vez que donan a alguna actividad benefica. En las escuelas son otro ‘cash cow’ como la venta de chocolates, pinchos, outings, etc. que ya te han obligado a pagar en la cuota de construccion. Es otro cepillo, como el de la Iglesia, donde debes actuar conforme a los demas y darles el $1 anyway, solo por ser solidario.
    Mi hijo los detesta. Siempre busca una excusa para ir de uniforme. Pensandolo bien, quizas internalizo lo que dijiste de Gandhi. La Revolucion Silente – No al Conformismo. Puro Zen. Hasta que toda la manada deecida lo mismo.

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    1. Saludos, r beato. Yo también prefiero los uniformes – de hecho de algún modo los “uso” vistiéndome siempre más o menos igual. 🙂 Claro que eso resulta tal vez menos del principio o valor intríseco de restarle al consumo (aunque algo de eso hay) y más de mi absoluta consternación e impaciencia con ese tema de la moda (ni lo entiendo ni tengo tiempo para entenderlo). Comunícale a tu hijo mis simpatías por su antipatía hacia el “casual”. Y gracias por pasar.

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