promesas, promises…

men-bathroom-1Sigo un tanto inquieta con el asunto este de la “promesa de hombre” que se utilizará para atender el grave problema que es la violencia contra las mujeres. Por varias razones. Porque ignora, incluso refuerza, las raíces ideológicas (superioridad de género, infantilización de la mujer, etc.) de esta particular forma de violencia; porque impone una estructura (¡otra más!) burocrática en un ya hiper-burocratizado sistema que está tan empapelado de formas y procesos que no aguanta un papelito más; porque trivializa un asunto serio. Etc.

Pero lo que más me preocupa es que tanto el mejor de los casos como el peor nos plantean escenarios negativos.  Aquí, en otras palabras, no hay final feliz.  Miremos primero el mejor de los casos: que la promesa funcione.  ¿Como se medirá la eficacia de esta promesa? Si en efecto funciona y muchos chicos varones deciden denunciar a sus padres, hermanos o amigos abusadores, ¿qué seguimiento se le dará a esas familias para asegurar que no haya represalias? ¿Están preparadas las agencias envueltas para proteger la seguridad de las víctimas,potenciales y actuales? Aquí en este blog, hace algún tiempo, pregunté retóricamente que pasaría si de repente todos los tecatos boricuas decidieran rehabilitarse: ¿Estaría este país, que tanto los juzga y critica, listo para apoyarlos en su proceso? Cabe preguntar lo mismo aquí.  ¿Si de repente los niños y jóvenes puertorriqueños, abrumados ante el peso de la promesa, inundan las oficinas de las trabajadoras sociales en las escuelas, que pasará? ¿La escuela trabajará armoniosa y eficientemente con Familia, Policía, Organizaciones Comunitarias…? No creo, al menos no en una gran mayoría de los casos.  Si no se altera el sistema tal y como existe, tendremos problemas de manejo de casos, y podríamos acabar precipitando no menos, sino más violencia.  Y eso implica una inversión (dinero, recursos humanos, entrenamiento, rediseño) en el aparato estatal que evidentemente no está en los planes de la administración actual.

De modo que en el mejor de los casos, que la promesa en efecto funcione, no estaríamos listos para responder.

Pero francamente, sospecho que el peor de los casos, que NO funcione, es más probable.  Pienso en los tan cacareados programas de abstinencia sexual, esos que envolvían también una promesa por parte de adolescentes norteamericanos.  Janet E. Rosenbaum, de la Universidad de Johns Hopkins, y su equipo de trabajo compararon 289 adolescentes que participaron en el programa de la promesa (virginity pledge) en 1996 con  645 adolescentes que no prometieron nada pero que eran comparables con los anteriores en criterios como visiones religiosas, familia, y opiniones acerca del sexo y de la planificación familiar.

¿Qué encontraron?  Primero, que la promesa no alteraba la probabilidad de que sí tuvieran relaciones sexuales pre-maritales en los cinco años subsiguientes.  En otras palabras, que los adolescentes que prometieron abstenerse no se abstuvieron ná, y su comportamiento sexual no difiere, en frecuencia, de los que no habían hecho promesa alguna.

Pero eso no es todo, ni es lo más preocupante.  Lo peor es que aunque comparables en todos los criterios, incluyendo la frecuencia de distintas actividades sexuales, había una diferencia crucial: Los chicos y chicas que habían “prometido” abstenerse reportaron un uso menor de mecanismos de protección tales como condones. De guatemala a guatapeor, como dicen.

El lenguaje de la promesa criolla, que puede tener buenas intenciones,  me resulta preocupante.  [Puede bajar la promesa completa en el sitio de fortaleza.]  El firmante promete nunca “cometer, tolerar, o mantener silencio” frente a la violencia doméstica; promete también, con un aura de virilidad enfatizada durante el discurso de presupuesto, “retar” a hombres violentos para que reconozcan que pueden “ser fuertes, sin agredir”.

La promesa de abstinencia en EU no solamente no funcionó, sino que tuvo un efecto peligroso al reducir el uso de condones.  ¿Y si ocurriese algo así con nuestra tan alabada (porque mira que la aplauden, políticos y funcionarios penepés y populares,por igual) “promesa de hombre”?  A saber qué efectos inesperados tendrá la firma del papelito sobre nuestros muchachos y muchachas.  Los problemas complejos con frecuencia requieren soluciones complejas, estudiadas, pensadas.  Esta de la promesa de hombre me parece en ocasiones un “prop”, un recurso de espectáculo sin esperanza de impacto real, y en otras un peligro.

enlaces para leer más sobre el tema:

aquí en este blog:  pulse aquí

en la blogosfera local: pulse acá

en el periódico: pulse acullá

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2 comentarios en “promesas, promises…

  1. Rima!!!

    Hola. El texto original de esta Promesa era tan y tan bueno y fácil de ser satirizado, que pensabamos usarlo para un performance en el Día Internacional de No a la Violencia contra la Mujer.

    Entre a la página del gobierno y lo cambiaron… lo intentaron suavizar…. (same shit, different name…) pero igual, lo cambiaron. Ahora la página tiene muchas fotos de flamboyanes, origami, muchas caras de hombres felices (porque a ellos son los que la campaña en contra de la violencia de la mujer tiene que resaltar, claro, eso tiene tanto sentido como el resto de la campaña) y pues una promesa de hombre un tanto más políticamente correcta.

    No es que ahora la campaña esté mejor pensada, ni nada por el estilo, pero comoquiera me preguntaba si de casualidad tenías el texto original.

    Un abrazo.

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