hojas en la mente, papas en la panza

saladCon frecuencia, he elegido para almorzar un lugar “rápido” por encima de otro de igual “velocidad”, atraída por los vistosos letreros que en brillantes tonos de verde me indican que allí se vende(n) ENSALADA(s), que no es un establecimiento descaradamente limitado al clásico menú de grasa y trans-grasa, emparedados y hamburguesas, pechuga y muslo, papas fritas rizadas y lisas.  Muchas veces, las ensaladas en cuestión aparecen acompañadas de algún humano, o con mayor frecuencia una humana, atractivo/a y saludable, que mastica lechuga y bebe agua con gran alegría.  El anuncio es un imán. Estoy convencida de que, consciente o inconscientemente, funcionan para atraer clientes que de otra manera no estarían comiendo allí.  En dos de estos lugares, cerca de mi empleo, la importancia de estos anuncios “sanos” es evidente en el tamaño, colorido y visibilidad de los mismos.

Reconozco que en un par de ocasiones, he pedido la ensalada. Es bastante mala. Las lechugas tienden a estar mustias, los tomates demasiado fríos, las zanahorias escasas de calidad y en cantidad.  Pero reconozco también que casi nunca pido ensalada. Una vez adentro del local, de hecho, casi nadie parece optar por los elementos “sanos” del menú. ¿Por qué nos comemos el combo con papas, si hay ensalada disponible? Si la ensalada es tan poco popular, ¿a qué se debe la insistencia del mercadeo de este producto en las afueras del establecimiento, y su continua presencia en el menú?

La respuesta puede estar en el rol que juega nuestra peculiar psicología en nuestros patrones de consumo. Investigación reciente en la Universidad de Duke sugiere que los consumidores eligen alternativas menos saludables con mayor, no menor, frecuencia si hay una alternativa sana, como la ensalada, en el menú, y que las consumen en mayor cantidad. En uno de los cuatro estudios, los clientes tenían uno de dos menús: uno con papa asada, papas fritas y nuggets de pollo, y el otro con las tres alternativas y además, una ensalada. Aquellos que estaban expuestos al segundo tipo de menú, por alguna razón, elegían las papas fritas con mayor frecuencia que los primeros. VER algo saludable en el menú está irónicamente asociado a seleccionar alimentos MENOS saludables.

Este efecto curioso se llama “vicarious goal fulfillment“, el logro vicario de una meta. La decisión de comer en un establecimiento con un menú saludable disponible, en otras palabras, parece redundar en una sensación de logro con respecto a la meta de “comer saludablemente”.

Supongo que esto explica la abundancia de letreros con ensaladas coloridas y comelones atléticos en las afueras de los fast foods boricuas. Las lechugas eternamente mustias visibles detrás del mostrador. Y la igualmente eterna expansión de nuestras cinturas.

Enlaces para leer más sobre esto:

en el science daily

en lifehacker

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