Rapto

brainNo, el tema de esta entrada no es policiaco, ni bíblico.  Se trata del nuevo libro de Winifred Gallagher, que examina el rol de eso que llamamos atención en la felicidad, la psicopatología, la salud, la productividad y las relaciones afectivas.

Protagonizan el texto gente tan variada como un grupo de psicólogos cognitivos, varios practicantes del budismo, neurólogos y psiquiatras que estudian, cada disciplina a su manera, el tema de la atención; filósofos y científicos muertos cuyos textos y preocupaciones sirven para demostrar que no es un asunto del pasado sino uno cuya importancia desafía la moda y los tiempos; y algunas personas, tal vez menos famosas, que en su cotidianeidad ilustran la idea central del libro: Para vivir una vida lo más plena, llena, saludable y productiva posible es esencial prestar atención al momento presente.

Es uno de esos libros nuevos que dicen muchas cosas viejas…pero que las dicen muy bien, enlazando temas que por sí solos podrían rayar en el cliché de manera suficientemente novedosa como para capturar…er…nuestra atención.  Y los enlaza llevando el mismo tema por vericuetos variados, que van del dato curioso a la síntesis inclusiva y hasta la aplicación práctica: Demostrando, por ejemplo, que tener demasiadas opciones tiende a enfocar nuestra atención en diferencias triviales (alguna vez ha estado días ponderando de qué color comprar el carro o de qué personaje de disney hacer el cumpleaños de un infante?), y que los viejitos suelen reportar más momentos de felicidad que los jóvenes (porque son capaces de gozarse la sonrisa de un bebé o el gorjeo de un pájaro);  Que el runner’s high, el éxtasis de la meditación profunda, y la concentración productiva que redundan en una obra de crochet o en una cirugía de corazón abierto se parecen mucho, fisiológicamente; y que estar absortos en la actividad o contexto presentes (las nubes, la escritura, el ejercicio, o el chocolate) es lo mejor que podemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida.

De hecho la idea de estar verdaderamente envuelto en la actividad que nos ocupa aplica hasta para aquellas actividades que suelen ser atacadas precisamente porque afectan negativamente nuestra salud o nuestra calidad de vida.  Me refiero a cosas como ver televisión, comer helado, o leer el correo electrónico.   El problema con estas cosas no es tanto que las hagamos, sino que las hagamos en piloto automático, y por ende en exceso y sin dedicarles esfuerzo mental.  Matamos al tiempo, para aludir a una entrada reciente, no necesariamente por lo que elegimos hacer con él sino con la atención que le dedicamos a sus momentos.

Al leer me siento un poco aludida, porque siempre he estado un tanto orgullosa del hecho de que veo mínima televisión y que cuando lo hago, siempre busco una segunda tarea (doblar ropa o leer un libro).  Tal vez el acercamiento de mi abuelita era mejor.  Tampoco veía mucha tele, pero cuando lo hacía, era de manera intensa, apasionada.  En la novela de las siete de turno, la encontrábamos sentada frente al aparato, con ambos pies en el suelo y el torso ligeramente inclinado hacia al frente, como optimizando una respuesta física en potencia; el ceño fruncido; las manos apretadas; “no” decía, “no, no le abras la puerta, estupida! es malo!”.  La vieja no veía tele, sino que la vivía.  Expresaba a viva voz, y a modo de comentario continuo con bastante carga emocional, su opinión sobre las acciones y cualidades de los personajes.  Y al terminar, se burlaba de sí misma y de “esa porquería de novela”.

Si vamos a ver tele, o usar facebook, o cargar con berry’s o con i-phones, lo hacemos mejor si hacemos una cosa a la vez. Y bien hecha. Absortos. También si vamos a escribir en un blog, o jugar con un niño, o picar lechuga para una ensalada.  Y también, especialmente, si vamos a expandir los horizontes de nuestra mente, y por ende de nuestra capacidad para la plenitud y la felicidad, aprendiendo guitarra, o filosofía, o jardinería, o yoga, o cálculo, o cocina vegetariana, o reglas de puntuación…Nuestro foco, tanto en calidad (en dónde enfocamos) como en cantidad (cuánto enfocamos) no solamente afecta nuestras desiciones cotidianas, sino que al final, muy bien podría definir quiénes somos.  Pongamos, dice Gallagher, el mismo cuidado (o más) en elegir a los objetos de nuestra atención como el que ponemos (¿perdemos?) eligiendo el color, modelo y cantidad de botones de la lavadora; y una vez nosotros, o la vida, los elige, dediquémosle nuestra total atención.

*imagen de: spaceyogasuit.wordpress.com

Entradas relacionadas:

La dimensión subestimada

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s