picada de ojos, caños y cañones edition, parte 1.

martinpenaHoy quiero escribir dos entradas, sobre dos noticias que han estado en el aire en estos días.  Más bien, se trata de dos escenarios distintos pero de alguna manera homólogos, y en cada uno de ellos  se enfrentan dos conjuntos dispares de intenciones, creencias, ideologías. Dos esencias distintas.

I: Caños

En una entrada reciente mencioné el caso del caño Martín Peña, blanco de un proyecto de ley que los residentes esperan que el gobernador vete.  El proyecto pretende quitarle las tierras del caño al Fideicomiso de la Tierra, establecido con arduo esfuerzo y con el consenso de las comunidades para proteger el espacio colectivo de la potencial especulación privada y a la vez obtener títulos de propiedad y derechos de uso para los vecinos, en su mayoría de escasos recursos económicos.  La creación del Fideicomiso permitía la rehabilitación de los terrenos y la seguridad de hogar de sus habitantes, sin caer en la trampa de proveer títulos individuales que redundarían, inevitablemente, en la re-venta eventual y en la transformación drástica de ese paisaje…en otra cosa.

Hay un contraste curioso entre el Puerto Rico que aparece semanalmente en la secciones de los diarios nacionales que tratan el tema de la vivienda (con nombres como Estilo, o Construcción), y las residencias en donde de hecho vive la mayoría.  Los datos del censo nos permiten estimar que cerca de un 10% de la población del país vive en residenciales públicos.  Calcular el porcentaje de aquellos que viven en la ruralía pobre, en las comunidades especiales, en las zonas más deprimidas de los cascos urbanos, y en los espacios marginales que cada pueblo contiene, es más complicado, pero me atrevo a decir que una cantidad considerable, que la mayoría,  de la población del país se parece muy poco a las imágenes que el segmento de bienes raíces semanal del periódico de record ostenta.  La mediana de ingreso familiar en Puerto Rico en el 2006 era de menos de 18K.  ¿Cuántos puertorriqueños pueden realmente adquirir, o incluso soñar con algún día adquirir,  las abundantes viviendas de playa, mansiones de medio millón de dólares en adelante, y apartamentos de lujo que adornan las páginas del diario y que ocupan el ancho de banda de nuestra visión económica?

Se trata de la propiedad colectiva, del bien común, del concepto de rehabilitación comunitaria, enfrentándose en una lucha bastante desigual a los intereses del capital.  Gente de carne y hueso que se enfrenta a la abstracción de la posibilidad, de la inversión, de la especulación.  No sé, a ciencia cierta, a qué pueblo están representando los legisladores que presentan el proyecto para quitarle el caño al fideicomiso.  A la mayoría de los puertorriqueños no es.

En cuanto al veto del ejecutivo que los residentes desean…suspiro.  Aunque suenen y se escriban igual, una cosa es “esperar” (como en el inglés, ‘hope’) y otra muy distinta es ‘esperar’ (como el inglés ‘expect’.)  Fortuño hace algunos meses celebraba la privatización de los títulos de la Comunidad La Perla.  No puedo evitar pensar que tal vez imaginaba ya la re venta de los terrenos, y a los (pocos) condómines de lujo disfrutando de la vista.  And so I hope.

Para leer más:

Sobre la costa-M. Valdés

Sobre el caño Martín Peña– É. Fontanez. Puede además leer otras entradas sobre el tema (y ver la foto de arriba en su contexto original) en su blog, Poder, Espacio y Ambiente.

Próximo: picada de ojos, caños y cañones edition, parte 2: cañones.

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