lucidez

_apf37711Hace falta, urgentísima falta, educar hacia el bien común. Hacia la gestión dirigida a asegurar lo mejor para el colectivo.  Eso no es una meta únicamente de socialistas o de comunistas – es un requisito ineludible para cualquier noción de sustentabilidad.  No hablo de educar para la caridad, sino para la justicia.  No se trata de hacer el bien en los ratos libres , para complacer a Dios, o para ser mejores personas, sino de trabajar hacia el bien común todo el tiempo, y en toda propuesta, grande  o pequeña.

(No se trata de quedarse “pegao” con la moralidad del otro en proyectos dirigidos a legislar el comportamiento del prójimo en la cama, como algunos politiqueros insisten en hacer.)

¿Pero por  qué escribir, cuando otros lo dicen tan bien? Hoy comparto con ustedes el discurso de graduación ofrecido por Vargas Bidot a la clase 2009 del Recinto de Rio Piedras de la Universidad de Puerto Rico.   Un remanso de lucidez y decencia entre tanto disparate en el teatro tragicómico nuestro que captura las páginas del periódico en su sección de “política”.  Ahh, la lucidez.  Por un lado, tenemos políticos permanentemente no lúcidos, sino, en buen boricua, “lucíos”.  Por el otro, el alivio de discursos (y las acciones de una vida que los construyen) lúcidos, como éste. (Gracias a Mario, por compartirlo en Digizen.)

Cito del discurso: “Puerto Rico necesita un abrazo y la academia tiene que plantearse la reconsideración de su menú curricular y, en un gesto heroico de no perder vigencia y pertinencia, debe reconocer a la comunidad más allá de un requisito a c a d é m i c o. Nuestras facultades tienen que rescatar el hilo hilvanador del tejido social… (y trabajar para que nuestra población estudiantil sea) algo más que una masa amorfa en vías de la deshumanización en nombre del conocim i e n t o…Los limitados foros para reflexionar sobre una propuesta de país muchas veces están monopolizados por quienes polarizan el pensamiento.

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La ciudad de los anónimos

JOSÉ A. VA RGAS V I D OT
DIR. EJECUTIVO DE INICIATIVA CO M U N I TA R I A


E ste momento (de graduación de la clase 2009 del Recinto de Río Piedras) es una prueba de que logramos algo importante a pesar de todas las dificultades del mundo y, a veces, a pesar del mismo sistema.
Por eso he decidido compartir con ustedes una reflexión sobre tres conceptos que han sido fundamentales en mi vida… Me refiero a los conceptos Misión, Compasión y Desafío.
Misión: En mi primera “g u a rd i a ” en el Hospital Regional encontré tirada a esta mujer, que apenas pesaba 70 libras, nadando en un mar de vómitos y diarrea; un estado bastante típico en aquel tiempo en personas viviendo con sida y buscando a ver quién se compadecía. Siendo yo el añadido trataba de establecer contacto, pues me negaba a ver a este ser humano comatoso, extinguiendo sus últimos suspiros de vida allí en aquella soledad. De momento veo a estas dos personas que apostaban su reloj contra el tiempo en que una persona iba a morir. Me di cuenta que se referían a la mujer de la camilla solitaria. Yo no sé si eran médicos, estudiantes, empleados, no importaba, de lo que se trataba era que allí estaba yo frente a la muerte física de alguien desatendido, pero también frente a la muerte ética de otros que jugaban a Dios. Lo único que se me ocurrió… fue bañarla y luego darle un abrazo, que era como si existiera un idioma espiritual que reclamaba acciones que no se aprenden en la escuela de medicina. Me fui sin esperanza y regresé esperando lo peor. Para mi sorpresa, aquella mujer que potencialmente era un cadáver, estaba sentada bebiéndose un jugo. Allí descubrí el poder del amor y allí el amor se convirtió en una misión de vida.
Ap re n d a m o s… a asumir las responsabilidades desde la perspectiva de la misión y no desde la obligación.
Compasión: Hace unos meses, mi padre fue internado en un hospital de la Capital; un paciente en estado muy grave en la cama de al lado esperaba por ser operado; su cuadro se complicó con una aparente flebitis; el médico llegó y frente a la cama del moribundo, y ante los ojos de su humilde esposa…, el “profesional”, sin ningún viso de sensibilidad, le expresaba todo su discurso en una jerga técnica diciéndole que iban a realizar un estudio en la pierna mala para ver la extensión del mal (parece que en nuestra sociedad las capacidades se demuestran hablando para que nadie entienda). La señora le sugiere al señor doctor que le pongan una cruz en la pierna que van a examinar. El hombre le gritó a la señora, ofendido porque ésta dudaba de su “p ro f e s i o n a l i s m o “; la insultó y se fue. Al otro día cuando el doctor regresó a mirar el resultado del estudio, se sorprende de que éste no revelaba mal alguno, aun cuando la pierna tenía un edema obvio desde un avión. De momento el hombre se da cuenta que, efectivamente, por no seguir el humilde consejo de la esposa del paciente, le realizaron el estudio en la pierna equivocada.
Cuánto perdemos por no mirar desde la perspectiva de la compasión; cuánto perdemos cuando nos es imposible visualizarnos en el lugar del prójimo.
Desafío: Eran las 2:00 a.m. y llegando a una de nuestras paradas de operación compasión (de Iniciativa Comunitaria), todavía sin detener el vehíc u l o… este deambulante se levanta como movido por un resorte y grita con sorprendente júbilo: “Vargas Vidot, qué bueno que llegaste, estaba orando para que vinieras”. Y yo le pregunto que cómo estaba seguro que era yo, a lo que contestó: “Po rq u e sentí dentro de mí que no ibas a fallar “.
Cada oportunidad es una convocatoria a la acción. Esa soledad de ese hombre es la misma soledad de mucha gente que, aunque está rodeada de su familia, le ha tocado vivir un momento permanentemente crítico.
Puerto Rico necesita un abrazo y la academia tiene que plantearse la reconsideración de su menú curricular y, en un gesto heroico de no perder vigencia y pertinencia, debe reconocer a la comunidad más allá de un requisito a c a d é m i c o.
Nuestras facultades tienen que rescatar el hilo hilvanador del tejido social… (y trabajar para que nuestra población estudiantil sea) algo más que una masa amorfa en vías de la deshumanización en nombre del conocim i e n t o.
Los limitados foros para reflexionar sobre una propuesta de país muchas veces están monopolizados por quienes polarizan el pensamiento. Tenemos el desafío de unir a un país desangrado en fisuras y quioscos, fragmentado en ideologías.
Y la pregunta es, ¿están estos 3,400 graduandos dispuestos a asumir esa transferencia generacional y comprometerse a no replicar lo que nos polariza y nos separa? Mientras estemos al margen, el 52% de los niños y niñas que entran a Kínder no culminarán sus estudios y el 75% de las víctimas cotidianas del crimen seguirán siendo jóvenes de 18 a 25 a ñ o s.
Con todo este cuadro, estamos perdiendo el rostro y nos estamos convirtiendo en seres anónimos que, aunque sentimos y padecemos estas incongruencias, malgastamos nuestras energías espirituales tratando de negarlas, descartando nuestra responsabilidad y echando culpas.
Mientras estaba en escuela superior, la única capacidad excepcional que aparentemente tenía era la de no estar conforme y manifestarlo insistentemente… La principal le recomendó a mi madre que no perdiera dinero en mí, que considerara una escuela de cosas manuales. Y ciertamente la señora tenía razón, en realidad no me aceptaron en ningún recinto de esta Universidad (UPR), pero yo tenía sueños en colores, que no podían detenerse ante los obstáculos.
En vez de irme a comer banco, entré a la universidad privada porque entendía que aunque no tenía el dichoso promedio, tenía la más profunda intención de lograr que mis sueños fueran realidad. Nadie, y repito, nadie pudo robar mi ánimo y aquellas experiencias de rechazo las convertí en el motor de mi corazón y encontré personas en mi camino que creyeron en mí, y en la universidad aproveché que era de los “na die” y me metí en cuanto curso o clase que atraía mi curiosidad humana; sin entenderlo en ese momento, sin darme cuenta, metí mi vida en un proceso de “u n i ve r s a l i z a c i ó n “… Y esa experiencia, que yo la llamo control del descontrol, me preparó… y me permitió dejar de ser médico para convertirme en un salub r i st a .
Pero, ¿qué les queda a los sin rostro? En aquel entonces los anónimos éramos los que no llenábamos el requisito del Estado. ¿Quiénes son los anónimos de hoy? Quizás lo sean las 30,000 personas sin techo que se mueven sin nombre ni abolengo, pero con un nuevo apellido: les dicen deambulantes.
Vivimos tiempos difíciles, vivimos ante un continuo desafío y en ocasiones sólo vemos sombras que interceptan la luz que emana de un corazón que se infla de amor. Usted tendrá un documento en sus manos que sin humanidad y sensibilidad será un mero pedazo de papel…
Para que un diploma tenga el peso necesario que garantice su participación en la transformación de nuestra patria, usted tiene que entender que hay 18 pulgadas entre el cerebro y el corazón y cueste lo que cueste y aunque le aprieten sus zapatos nuevos, usted tiene que comenzar a caminar esa distancia que conecta la ideas con los sentimientos y le previene de convertirse en un frío fósil académico incapaz de descifrar la vida desde la praxis.

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