los nuevos “joscos”

sotomayorLa candidata de Obama, Sotomayor, recientemente ha tenido que responder preguntas bastante..raras, por lo general enlazadas unas con otras en surreal y disparatada cadena racista-sexista.  Esta señora tiene una trayectoria políticamente centrista y jurídicamente conservadora.  Sacándole el binomio etnia-género a su perfil, éste sería absolutamente aceptable para los senadores estadounidenses en un gobierno de consenso.  Pero es evidente que la etnia y el género los ponen nerviosos.  [Puede ver una de esas secuencias de preguntas, sobre el “temperamento” de la juez, particularmente desagradable pero muy ilustrativa del tipo de interrogatorio al cual estuvo sometida Sotomayor,  aquí, y leer sobre otras secuencias sobre su supuesto “racismo”  acá].  Las preguntas (generalmente opiniones, más bien largas y no muy articuladas, disfrazadas de pregunta) delatan un sensación de incomodidad, que los comentaristas atribuyen (correctamente, me parece) a la etnicidad y género de la candidata.

Esa es la palabra clave.  Incomodidad.  Unease. Es distinta del racismo/sexismo tradicional, porque no se manifiesta o se activa sencillamente con la presencia del objeto que se tiene, consciente o inconscientemente, en poca estima (el negro,la mujer, el árabe) sino más bien cuando el objeto en cuestión se pone “parejero”, upitty. Cuando (con frecuencia, e irónicamente, como resultado de seguir las reglas del juego impuestas por el grupo que lo desprecia) a la mujer latina o al hombre negro les dá por hacerse de una carrera ilustre, saltan un montón de obstáculos, y adquieren (horror de horrores) poder político.  A esa mujer o hombre latino/a o negro/a (en cualquier combinación) les toca entonces hacer malabares de diplomacia.  El hombre negro tiene que ser particularmente suave, softspoken, y mesurado, para no agitar estereotipos de “negro violento” en las mentes de los amables blancos que lo rodean.  La mujer latina tiene que seguir una línea jurídicamente conservadora porque si no, será “acusada” (y sí, es una acusación) de liberal.

[Esto aplica a otras minorías también: el hombre y la mujer gay tienen que “disimular”, ella llevar el pelo largo y aretes, él vestirse de manera evidentemente (pero no excesivamente) masculina, ninguno de los dos tener pareja en público, todo esto para lograr “aprobación” incluso de muchos de aquellos que alegan simpatizar con su opresión.  Obama está obligado a ser conciliatorio y a no subir la voz, cosa que McCain no tenía que hacer porque los señores mayores blancos sí pueden subir la voz.  Hillary tenía que ser de centro y hasta de derecha, militarmente halconesca, rotunda en sus decisiones – de otra manera se hubiera proyectado como “girlie”. Pero volvamos a Sotomayor y la “parejería”.]

En una columna reciente en el Washington Post, Eugene Robinson discute el parecido entre el caso de Sotomayor y el arresto reciente de Gates  justamente en estos términos.  Gates, al momento de su arresto, había dejado claro que era el dueño de la casa. Imaginen la escena: El policía blanco se encuentra un señor con bastón, que le dice (probablemente de manera grosera y a gritos) que esa es su casa y que se vaya pal….., de modo que lo arresta.  Lo arresta, no por pillo, sino por parejero.  Que no es lo mismo que decir que lo arrestó por arrogante – en ese vecindario, nos recuerda Robinson, encontrarse con un profesor que resulte ser arrogante  es como encontrarse con un jugador de baloncesto que resulte ser…alto.  No, señor.  Lo arrestó porque era arrogante y negro.  Porque esa combinación disgusta, porque la perdonan en el ámbito del entertainment (se la perdonan a los cantantes de rap) pero en el de la política, en ese espacio que define quién tiene más o menos poder y que le aplica tanto a la interacción con el guardia como al senado, no se perdona sin que el objeto de la incomodidad racista y/o sexista haga penitencia.

¿Recuerdan “Bagazo”, de Díaz Alfaro?  En una escena genial, y tristísima, el obrero (negro y a pie) de la caña, pobre y sin trabajo, intercepta a su superior (blanco y a caballo) para pedirle trabajo.  El otro le dice que no.  Entonces el obrero agarra la brida, para evitar que se vaya, para insistirle,  y escucha: “No sea parejero, suelte esa brida.”  Si usted es negro y pobre, en otras palabras, no se atreva a sujetar la brida del supervisor blanco, no ose interrumpirlo.

Lo mismo le están diciendo a Sonia Sotomayor.    Si usted es un juez blanco, hombre y de derecha, por supuesto que puede decir cosas como que su experiencia de vida es relevante y tiene algún papel que jugar en sus decisiones jurídicas.  Si usted es Latina y mujer, ni se le ocurra.  Quédese en el centro o mejor aún, en la derecha de los issues.  No mencione el barrio, ni el racismo.  Ni se atreva a hablar en español.  No interrumpa las larguísimas (y profundamente estúpidas, en muchos casos) “preguntas” de los senadores.  No sea parejera, suelte esa brida.

Imagen tomada de: WhiteHouse.gov,”Sotomayor Bio: Pictures from Throughout Judge Sotomayor’s Life“, commons 3.0 license.

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