la universidad y la política

torre_uprQuise escribir algo sobre la renuncia del Presidente de la Universidad de Puerto Rico, pero Efrén Rivera Ramos lo ha hecho ya, y muy bien, en su columna ayer en el periódico El Nuevo Día.  La reproduzco aquí en su totalidad:

EFRÉN RIVERA RAMOS – 19-Agosto-2009  El Nuevo Día

La dirección universitaria

La idea de que un cambio en la administración gubernamental del País debe conducir automáticamente a cambios en la dirección de la universidad pública es una noción perversa. Le hace daño a la institución y al País. Sin embargo, es una práctica en la que han incurrido consecuentemente los partidos políticos que se han turnado en el poder durante décadas. Más preocupante es el hecho de que se trata de una proposición que parece aceptarse con naturalidad, y hasta con cierta resignación, por muchísimas personas dentro y fuera de la Universidad.

Que la promuevan los políticos y los administradores gubernamentales de turno es entendible, aunque no justificable. Que la cultiven, abiertamente o en voz baja, los propios universitarios, resulta inexplicable. Después de todo, constituye una de las formas más radicales de conculcar el principio de autonomía universitaria por el que tanto han luchado los universitarios de muchas generaciones. No debe olvidarse que la autonomía universitaria sirve propósitos sociales importantes. Tiene como fin procurar que la institución cumpla sus objetivos de formar las nuevas generaciones y de generar conocimiento libre de presiones indebidas externas a la actividad propiamente académica.

La situación se agrava si para obligar al cambio se le hace la vida imposible a los directivos y se pretende estrangular económicamente a la institución. O si para lograr tal propósito se recurre al rumor o a la acusación impertinente, inmerecida o injusta contra este o aquel funcionario universitario para crear inestabilidad. Cuando en el fondo de lo que se trata es de materializar un ansia de control político-partidista de la institución, tales formas de proceder son contrarias a la salud institucional y, por lo tanto, no se les
deben reír las gracias a quienes así actúan.

Suele escucharse el argumento de que “hay que ser realista”. Que es “natural” que quienes ganen las elecciones quieran controlar la universidad. Que eso siempre ha sido así. Se implica que los universitarios y el País tenemos que aceptar esa “realidad” sin plantearnos la posibilidad de otra forma de hacer las cosas. Ese modo distinto de operar debería estar en nuestra agenda. Pues la verdadera “realidad” es que el entendido aparentemente “natural” y “realista” de que la universidad debe ser botín disponible para quien venza en el ruedo electoral termina socavando la integridad académica y la autonomía institucional.

El proceso de selección del liderato universitario debe ajustarse a las necesidades y propósitos de la Universidad. Debe responder a dinámicas propias del carácter académico de la institución. Ese carácter incluye, por supuesto, su misión de servir al País. Pero una cosa es servir al País y otra estar al servicio del gobierno de turno. Por eso debe rechazarse la idea fatalista de que todo resultado electoral debe determinar la composición del liderato universitario. Es hora de que los universitarios exijamos una reforma que conduzca a procesos de selección de los directivos institucionales más acordes con otro modo de ver las cosas.

Un aspecto importante de esa reforma puede ser fijar términos a los cargos universitarios a todos los niveles, desde los directores de departamentos hasta el Presidente. Así se hace en casi todo el mundo universitario europeo, latinoamericano y estadounidense. Puede discutirse si es conveniente o no permitir un segundo término. Los términos no deberían coincidir con los cuatrienios electorales. Concluido el de cada cual, se evaluaría su desempeño. De no permitirse un segundo término o si no se estimara deseable la
repetición del funcionario o funcionaria en el cargo, se procedería a seleccionar a otra persona, de conformidad con criterios y procedimientos universitarios.

Supongo que habrá múltiples formas de diseñar los mecanismos específicos de selección del liderato institucional que logren el propósito descrito. Pero el cambio fundamental tendría que darse en la cultura política que ha pretendido convertir a la universidad pública en presa inescapable de los vaivenes político-partidistas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s