más que una catarsis

unemploymentEl viernes pasado asistí al Foro para los Desplazados en la Escuela de Derecho Hostos de Mayagüez, el tercero de una serie de  eventos en la isla, iniciados por Carlos Alá Santiago y el Colegio de Abogados y diseñados para escuchar el testimonio de empleados cesanteados como parte del programa de despidos asociado a la implantación de la Ley 7.  Como los dos anteriores, celebrados en San Juan y en Ponce, la mayor parte del tiempo en el foro se le dedicó a  las narrativas que los despedidos elaboraban frente a un panel de “testigos del pueblo”, del cual formé parte.  Los “testigos” planteábamos alguna que otra pregunta, y cerca del final articulábamos una breve reacción.

Pero el centro y objetivo era la historia.  Y digo “la”, en singular, porque los contornos generales de la tragedia de cada una de las personas que allí con tanta entereza se expresaron eran muy parecidos.  Todos ellos describieron los rumores iniciales en torno al contenido de unas “listas” en donde aparecían los nombres de aquellos que serían cesanteados.  Todos describieron semanas de terrible incertidumbre, y hacían referencia a un 25 de septiembre donde daban las cuatro y media pero nadie se iba, o donde todo el mundo estaba “inquieto, desorientado, triste”.  En la mayoría de los casos, la cruel expectativa fue atendida no por los superiores sino por los representantes de uniones obreras que obtuvieron la información de las listas.  Las cartas de despido que (eventualmente) recibían los conminaban a visitar oficinas para obtener orientación, a llevar, buscar, traer (más) papeles, a visitar portales de navegación compleja y utilidad dudosa.

Dos de los despedidos (llamémoslos Juan y  María) ni siquiera recibieron cartas, propiamente.  A Juan le informaron, de una oficina central, que su nombre estaba en la lista.  Unos días mas tarde, que había sido un error.  Un par de días después, que no había tal error y que sí estaba en las listas.  Juan espera la carta que le aclare si está o no está despedido, y mientras tanto teme que al llegar la carta, ésta tenga la fecha de septiembre y su plazo de apelación, de treinta días, esté corriendo desde entonces.  María no recibió la carta original: Una fotocopia, “ con la línea de fax todavía marcada” es el documento “oficial” que anuncia su despido y que pone fin al voluminoso expediente, lleno de los logros obtenidos a lo largo de los trece años, once meses y un día que pasó en su empleo.

Casi todos se sentaban a la mesa de los cesanteados acompañados de alguien: un hijo pequeño, una hija adolescente, un esposo, una esposa…Nos miraban a los ojos y nos hacían preguntas difíciles pero terriblemente apropiadas:  “¿Y a mí cómo me evaluaron?” “¿Por qué no chequearon los expedientes?” ¿Qué pasará con los servicios?”  A escasos días de la decisión del Tribunal Supremo que según Hernández Colón hizo “justicia”, devolviéndole el “derecho adquirido” de las escoltas a los ex-gobernadores,  estos padres y madres de familia preguntaban también: “¿Y mis derechos adquiridos?”

El tipo de empleo que realizaban los cesanteados pone en duda la supuesta “ceguera” de un proceso que el gobierno alega realizó con criterios estrictamente de antiguedad.  Los testimonios provenían de personas cuyos trabajos representan prioridades excluidas en la agenda de gobierno: servicios a la comunidad, educación y cultura.  El proceso desmanteló sus planes de vida pero también la vida y gestión de sus oficinas, y el tipo de servicio que ellas representan.

Antes de ir al foro, alguien me había descrito el asunto como, “más que nada, una catarsis”.  Pero  ponerle caras, expedientes, biografías, coraje, orgullo y llanto al número mágico de cesanteados calculado por el gobierno y las compañías contratadas para ello, es mucho más que una catarsis.  Es un saber mejor y más completo, y una razón para que nos unamos, sin excusas, al reclamo colectivo de un pueblo que sabe que todo esto tiene poco de justo, y mucho de cruel.

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2 comentarios en “más que una catarsis

  1. Importantes tus palabras. El pueblo pobre y trabajador tiene caras. Adelante, juntos a construir la Unidad del Pueblo de Puerto Rico. Se acabó el miedo. Puerto Rico es de todas y todos los que lo afirman y lo defienden de la tiranía capitalista.

    También visita la cobertura independiente más completa del Paro Nacional y después en http://indymediapr.org/

    Nosotros Todos

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