hoy, los estudiantes: primavera y democracia

Desde rectoría, y articuladas en un lenguaje algo confuso, habían llegado dos comunicaciones diseñadas para “disuadir”, “desautorizar” y “prohibir” la asamblea estudiantil auto-convocada para hoy. De hecho, la insistencia de la carta original de que las asambleas fuesen “previamente aprobadas por el Consejo General de Estudiantes y que el uso de facilidades para la mismas hayan sido coordinados a través del Decano de Administración…” sugería que era precisamente esa auto-convocatoria la que provocaba la ansiedad administrativa.  Para subrayar la urgencia de la comunicación y despertar los miedos ancestrales asociados a “perder el semestre”, la administración añadió otras medidas: enmendaron el calendario académico, sometieron un recurso legal contra la presencia estudiantil en los portones, emplazaron estudiantes participantes del paro reciente, utilizaron vocablos como “catastrófico” en conferencia de prensa.

¿Y los estudiantes?

En lo que fue probablemente uno de los procesos mejor organizados, más ordenados y respetuosos que he visto en mucho tiempo, los estudiantes

  • se autoconvocaron en asamblea recaudando las firmas estipuladas por el reglamento
  • prepararon una agenda que fue aprobada al principio de la misma
  • manejaron la asamblea a través de una mesa que de entrada se declaró no como “presidencial” sino como “moderadora”, e hizo un trabajo de moderación EXCELENTE
  • mantuvieron abiertas mesas de registro para constatar asistencia
  • siguieron cuidadosamente el sistema parlamentario, estableciendo turnos a favor y en contra de cada moción
  • se escucharon unos a otros, dialogaron, tuvieron diferencias, las airearon, votaron
  • se portaron “bien” aún cuando se portaban “mal”. Hasta los abucheos eran emitidos en un volumen razonable.

Tras aprobar el voto de paro, muchos marcharon, una columna multitudinaria que ondeaba una bandera blanca, roja, azul, hacia los portones.  Atrás nos quedamos algunos profes, aturdidos, felices, no necesariamente por el contenido exacto de la decisión, sino más bien por el proceso.  En contundente antídoto contra las versiones bobaliconas de “democracia” que hemos visto últimamente (con la especial notoriedad del mensaje de presupuesto del gobernador el lunes, donde insta a los estudiantes a “apretarse el cinturón” y habla de la “minoría” que protesta), los estudiantes del RUM, hoy, nos dieron cátedra.

[Los estaría llamando “garrapatitas”, Fortuño, cuando les dijo el lunes que la educación superior pública era un “privilegio“?]

Dice Giroux que una democracia sustantiva no puede existir sin una ciudadanía educada.  La educación pública en general, y la educación post secundaria en particular, constituyen así nuestra mejor esperanza de democracia verdadera.  El lunes el gobernador acusaba a los estudiantes de algo así como de “parasitearle” una educación al país, a los contribuyentes. Pero resulta que el país que queremos necesita de un concepto de democracia que vaya más allá del derecho de comprar cosas en un mall y de votar cada cuatro años.  “Emptied of any substantial content” dice Giroux, la democracia sufre cuando los individuos no pueden traducir el sufrimiento personal en la preocupación y visión colectivas.  La democracia requiere comunicarse, participar, y pensar. ¿Y si la universidad no pudiera hacer esas cosas, quién?

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