la tragedia del olvido

Hace algunos meses, una noticia trágica apareció en nuestros medios: Una mujer olvidó a su hijito dentro de un automóvil, y el niño murió.

Múltiples voces se alzaron entonces, y se alzan todavía, en contra de la madre.  Presa o muerta, la quieren.

Y es que resulta fácil, incluso reconfortante, pensar que nunca, jamás, le podría pasar algo como eso a uno o a una.  Es doloroso imaginar la posibilidad, por remota que sea, y para alejarla de nosotros, del ámbito de lo factible, nuestra tendencia suele ser la demonización instántanea de la persona (madre o padre) a quien le ocurre.  A tratarlo como un criminal de la peor calaña posible: un infanticida.

Pero contrario a otras tragedias que matan niños y niñas alrededor del mundo, a cosas como el abuso físico, emocional, sexual, a cosas como la negligencia cotidiana que nace del desamor, a cosas como la explotación del vástago propio en pos de algún bien material, contrario a todo eso, el acto de olvidar a un infante en un auto resulta ser algo que sí le puede pasar a cualquiera. A una persona buena, moral, recta, a un padre o madre amantísimo, incluso.

En esta lectura (le advierto que no se trata de una lectura fácil de terminar, al menos no sin esmelenarse, especialmente si uno tiene hijos) del Washington Post se describen con precisión y-porqué no- con la compasión que a veces nace de la narración precisa las historias y perfiles de varias familias que pasaron por esta tragedia.  ¿Cómo son?  Pues podrían ser…cualquiera.  No había un patrón de abuso,  de hecho no lo hay en el perfil de casos como estos.  No hay un patrón de negligencia. Son padres y madres que aman a sus hijos, personas que probablemente pensaban que a ellos no les podía pasar una cosa como esa.

Lo único que parecen tener en común esos casos es una alteración en la rutina mañanera, acompañada de distracciones en la forma de diligencias, llamadas, o eventos inusuales.  En casi todos los casos, el padre que inadvertidamente abandona a su bebé había tenido un cambio en la rutina del día, o no era el que usualmente llevaba al niño, o se detuvo a hacer otra cosa…y es ese acto el que parece interrumpir el proceso mental que nos permite cumplir con nuestras obligaciones cotidianas sin pensarlas mucho.

La combinación fatal que facilita que ocurran cerca de una docena de casos como éstos al año en Estados Unidos parece ser  la naturaleza particular de la memoria humana y la manera en que nos deslizamos en piloto automático, junto con las leyes modernas pertinentes al uso de asientos de seguridad y la colocación de air bags en los del pasajero. La estructura del cerebro, la estructura de la rutina mañanera moderna, la estructura del auto y de las leyes de protección.  Cámbiale la rutina a un padre bueno y amoroso, y es capaz de olvidar que la luz de sus ojos está dormido en el asiento de atrás.

Del artículo de WP:  Los hechos en cada caso son un poco distintos, pero comparten el momento terrible en que el padre o madre se da cuenta de lo que ha hecho, típicamente por una llamada telefónica de su esposo/a…A eso le sigue una carrera frenética al automóvil.  Y lo que allí le espera es la peor escena del mundo.”

Un hombre, tras descubrir el cuerpo de su hijo en el auto rodeado de policías, trató de matarse allí mismo, con la pistola de uno de los oficiales en la escena.  Algo que que suelen tener en común estos adultos es que, contrario a los criminales irredentos con quienes a veces se  les compara explícitamente, sufren el doble peso de la pena y la culpa y desean, con todas sus fuerzas, morir.  Traduzco otro pedacito de la lectura del Washington Post (que por cierto mereció un Pulitzer) describiendo el testimonio de una enfermera en el juicio de un padre que olvidó a su hijo en el auto, causándole la muerte:

Cuando la enfermera describió el comportamiento del acusado…lloró.  Estaba prácticamente catatónico, recordó, con los ojos apretados, meciéndose hacia atrás y hacia adelante, encerrado en algún tormento privado e inimaginable.  No fue hasta que la enfermera se dejó caer a su lado y tomó su mano que el paciente comenzó a abrirse, y dijo entonces que no quería ningún sedante, que no merecía un respiro del dolor, que lo quería sentir todo, y luego, morirse.

Hay dos mujeres, sus manos juntas, mirando el juicio.  Son dos madres, cada una de ellas culpables del mismo terrible olvido.  Desde entonces reviven su tragedia propia, mantienen vivo el dolor, visitando los juicios de otros como ellas.  ¿Cómo perdonarse uno a sí mismo, después de una cosa como esa? Eso es lo que pienso cuando siento la tentación de acusar, de señalar con el dedo al pobre ser que de seguro ya se odia tanto a sí mismo que poco le importa que lo señale yo, o que lo señale nadie…Y es que cada vez que llega uno de estos episodios a las noticias (y llegan, me parece, al menos una vez al año) siento la misma sensación desagradable, una mano siniestra e implacable que me retuerce las entrañas y me hala el corazón hacia abajo y que sólo cede cuando verifico que mis propios hijos, especialmente los pequeños, están cerca, sanos, salvos, vivos. Entonces los abrazo hasta que me piden que por piedad los suelte y los deje comerse el límber o acabar el rompecabezas en paz.

A veces, esa sensación desagradable nos conmina a acusar, para así distanciarnos del horror posible, de la idea horrorosa de que le podría pasar a cualquiera, de que podría pasarme a mí…Y sin embargo, ¿no es precisamente el reconocer que la distracción fatal, particularmente con los horarios,las rutinas y los aparatos característicos de la modernidad, podría ocurrirnos a todas y a todos lo que mejor nos protegería de que, en efecto, no nos ocurra? Esa última oración me quedó fatal, es que este tema me mata, pero permítanme explicarlo otra vez. Si estoy consciente de la posibilidad de olvidar a mi bebé, me vacuno más efectivamente contra esa posibilidad, que si reniego de ella. Si pienso que le puede pasar a cualquiera, hago menos probable que me pase a mí.

No conozco a la mujer que en abril perdió a su hijo y que hoy carga con la doble condena de la pérdida y la culpa. Pero sé que la suya es la peor de las pérdidas, y por lo mismo, la peor de las culpas. Que probablemente no necesita nuestro odio. Y que nosotros sí necesitamos, todas y todos, conocer el alcance de nuestra propia falibilidad, no para justificar la muerte de un niñito, sino, precisamente, para prevenirla.

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9 comentarios en “la tragedia del olvido

  1. Gracias por este post. Casualmente he sotenido una agria discusión con una amiga en una red que insiste en ver crimen en este trágico accidente crimen y condenar a una madre que vivirá por siempre condenándose a sí misma aunque no cometió crimen alguno y como, dice, no necesita de nuestro odio.

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  2. Esperaba, por tu advertencia al “esmelenamiento”, que presentaras razones por las cuales esto les pasa a algunos padres, estudios de psicólogos o psiquiatras o algo así.

    Lo que presentaste fueron testimonios de las personas que vieron la culpa y las ganas de matarse de los padres que fueron tan negligentes (su acción llena al dedillo la definición) que su negligencia causó la muerte de su hijo o hija.

    El arrepentimiento o el sentido de culpa no exculpa. ¿Qué patrón de negligencia puede encontrarse en alguien que usa todos sus recursos para que su hijo esté atendido, sano y saludable? Ninguno. Ahora, ese olvido mortal dice mucho del estado mental del padre/madre.

    Un padre que se olvida que tiene a su hija tras de sí en su carro, a su hijo pequeño, tan pequeño que no habla o se queda dormido en el viaje de media o una hora, a lo sumo, es un padre que se desconecta mentalmente de sus hijos una vez sale al trabajo.

    Esto es típico de un padre que está absolutamente acostumbrado a que otro se encargue del niño, al punto que ni se preocupa (pues lo olvida) en pensar en un cambio de rutina que lo afecte. Si la rutina de mis hijos cambia, por la razón que sea, me afecta, pues sé que les afecta a ellos. La salud de un niño no solo depende de comida y cuidado, sino de rutina.

    Eso lo sabe todo padre que esté involucrado con el cuidado de su hijo.
    Puedo entender que a alguien que no esté pasando por un momento estable le ocurra; a alguien que haya pasado por un evento desestabilizador al punto que le haya afectado su capacidad de ejecutar su rutina diaria o las labores más básicas. A alguien que esté crónicamente deprimido, por ejemplo, que se encuentre medicado, que no esté funcionando bien.

    De lo contrario me es imposible entender como a alguien se le pueda olvidar un hijo en el carro. Ese ser en quien no puedes dejar de pensar, que siempre tienes atrás en la mente, en el “back burner”. Puedo entender que a un padre se le olvide buscar a un hijo en un sitio, sí, o dejarlo y se lo lleve al trabajo, claro.
    ¡Pero que se te olvide que está ahí, contigo, en el carro! Sobretodo cuando tu trabajo te priva de estar con tu hijo, no, eso me es imposible de entender.

    ¿Cuán desvinculado se puede estar de un hijo que se te olvide su presencia en un vehículo contigo, al punto de dejarlo tirado en el mismo? ¿Un infante, que no te preguntes si necesitará que le cambies el pañal, si habrá descansado bien, por qué se habrá quedado dormido tan rápido? ¿No le cantaba esa madre a su hijo de dos años? ¿No le hablaba? ¿Lo puso en el asiento trasero como un motete y se olvidó de él?

    Sí, eso fue lo que pasó. Y eso, por más trágico que sea para el padre, es imperdonable. Son los padres los responsables al 100% de sus hijos y esos hijos son seres humanos, no motetes que se dejan en la parte de atrás de un carro y se olvidan.

    Y ellos, los padres que ahora sufren y se tratan de matar, lo saben.

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  3. Myrisa, gracias a ti.

    Una Madre, creo que no nos estamos entendiendo, pero eso pasa, y especialmente con temas tan difíciles y emocionales como éste, es de esperar que así sea. Muchas gracias por pasar y leer.

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  4. Una cosita más, Una Madre: Donde hablo de “esmelenamiento”, estoy haciendo referencia a otra lectura, a la cual puede acceder a través del hyperlink provisto. Es en esa lectura, y no en mi humilde post, donde se habla en detalle del terrible fenómeno. La invito a leerla.

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  5. Y me pregunto: Myrisa, Rima, ¿tienen hijos? Es una pregunta válida.
    Otra pregunta: ¿Cómo no nos entendimos? No son acaso las anécdotas que pusiste posteriores al evento? No explican por qué el olvido no implica negligencia. Sentirse muy mal no excusa el acto.

    ¿Por qué no debates mis puntos? Si tienes hijos, ¿no les hablas cuando estás con ellos en el carro, no estás pendiente de ellos? ¿Es que lo que dije no te gustó y por eso prefieres ignorarlo con un “no nos entendemos”?

    Tener hijos es la responsabilidad más grande que puede asumir un ser humano. Desgraciadamente demasiadas personas no lo asumen así. Y estas son las consecuencias de la falta de conciencia ante lo que es tener un hijo.

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  6. Me gustó la lectura, conmovedora hasta para los que no tenemos hijos, aún así me quedo insatisfecha, pensé que escribirías algo sobre aquellos y aquellas madres y padres que sí están bajo las rejas por maltrato y negligencia. Tal vez es una duda así casi académica, o tal vez un poco de mi propio y recóndito morbo. Tal vez por eso mismo, porque no es natural que un padre o madre maltrate a un hijo lo que me acelera la mente, además de todos los contextos donde se dan esas tragedias.

    abrazos

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  7. Una M:

    1. Re: Hijos – el texto mismo contiene la respuesta a tu pregunta sobre los hijos.

    2. Re: “debatir” tus puntos” – de eso se trata el texto. Es una respuesta a puntos como los tuyos. Aquí lo que está en tela de juicio no es que los padres deben querer y cuidar mucho a los hijos -en eso estamos todos de acuerdo. El punto de mi escrito es sugerir que cualitativamente, el olvido que ocurre una vez, con consecuencias fatales, es distinto del maltrato crónico, a pesar de que tiene consecuencias igual de horrendas. Que el perfil de esos padres es distinto, que las consecuencias de su distracción contienen en sí el peor castigo posible, un castigo eterno, y que sí, precisamente porque a través de los años, una y otra vez, le ha ocurrido a padres que no son maltratantes, en circunstancias parecidas, es más razonable reconocernos todos vulnerables a ese tipo de cosa, precisamente porque amamos a nuestros hijos y los queremos proteger. Pensarnos invencibles nunca fue la mejor receta para la seguridad de nadie.

    Un ejemplo, una metáfora, a ver si logro comunicar esto mejor:Un hombre bebe mucho, y se sube a su carro bebido todo el tiempo, irresponsablemente, como cuestión de rutina. Choca y mata una familia completa que viajaba en el otro auto. Otro hombre nunca guía borracho, pero un día, mientras maneja, sobrio, le habla uno de los pasajeros, al mismo tiempo que otro está cambiando la emisora de radio, y resulta que ha llovido y la carretera resbala…El hombre choca y mata una familia completa en el otro auto.

    Los dos casos tienen las mismas consecuencias. Ambos conductores son, en principio, responsables de lo que ocurrió. Pero ambos casos son moralmente muy distintos. Creo que otro tanto ocurre con los casos de muerte infantil. El perfil del infante que muere olvidado en el auto es distinto del que muere a consecuencia de maltrato crónico.

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  8. Emely,

    pero muchacha, la idea es mantener estas entradas por debajo de las 900 palabras!!! Que exigente eres…:)

    Creo que el punto aquí era justamente diferenciar los casos de olvido en el auto, en su conjunto, como síndrome, de casos de “maltrato”, porque el consenso médico y científico social es que el perfil es distinto. Que suele no haber padre/madre maltratante en estos casos.

    Lo que me parece interesante es que si bien el consenso médico es que se trata de algo distinto, el consenso social (y por lo tanto el legal) tiende a ir en la otra dirección.

    El tema que sugieres..tal vez lo agarre otro día. Francamente a mí me cuesta mucho escribir sobre estas cosas, me da mucha “cosa”, a veces hasta me quita el sueño. De un tiempo para acá no puedo ni ver películas de ficción donde algo le pasa a un niño, porque me agito. Creo que estoy envejeciendo. Pero creo también que el tema que sugieres es importante – hay que entender las condiciones que generan al maltrato “clásico” (abuso, negligencia) en su conjunto y en su contexto. La mejor discusión sobre ese asunto, desde el punto de vista de la maternidad y los contextos en que se distorsiona es la de Blfer Hrdy, te recomiendo ese libro mucho mucho.

    [edito el comentario para dejarte un link más directo. Es el mejor ejemplo que he visto de la conjunción de antropología física con cultural-histórica.]
    http://www.amazon.com/Mother-Nature-Maternal-Instincts-Species/dp/0345408934

    Un enorme abrazo.

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  9. ahh, bendito no fui mi intención pasar por exigente, pero gracias por la recomendación, lo voy a mirar de cerca, y es verdad es un tema intenso, pero te hecho la culpa a ti que me enseñaste a dar una doble mirada a los eventos sociales.

    🙂

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