triste, y leyendo

Un hombre decapitado por sus vecinos adolescentes, una mujer ejecutada, unos atletas asesinados, fuerzas policiacas corruptas y desmoralizadas, niños que se le pierden al departamento de la familia para reaparecer en puntos de droga, niños asesinados por sus padres, mujeres asesinadas por sus parejas…Leer las noticias se me hace cada vez más difícil.  Los números no han sido, hasta donde sé, analizados formalmente y comparados (con mínima sofisticación) con estadísticas anteriores de crímenes violentos.  Pero se sabe, o más bien se nota, o mejor aún, se siente, que van en aumento.  Que el magma de putrefacción moral, emocional, afectiva, intelectual,  se desborda en lava implacable. Que todas y todos sentimos el calor.

Tengo un libro en mi mesa de noche, aún sin terminar de leer, pero quiero compartirlo con ustedes.  Se llama The Spirit Level, y examina las consecuencias de la desigualdad.  Los autores, epidemiólogos de profesión, comparan la evidencia estadística en 25 países industrializados y 50 estados norteamericanos, y demuestran, creo que contundentemente, que una amplia gama de males sociales aumenta proporcionalmente con el aumento relativo en la desigualdad. Cada capítulo examina uno.  Por ejemplo: A mayor distancia entre los que tienen más y los que tienen menos, mayores los indicadores de enfermedad mental (incluyendo adicción a drogas), menor la expectativa de vida (para toda la población, no solamente los más pobres), peores los indicadores educativos, más los homicidios, más los presos y más las madres adolescentes.

Lo interesante no es tanto lo obvio: que la desigualdad económica afecta a los más pobres.  Eso es triste, pero ya se sabe. La contribución particular de este libro, me parece, estriba en que en las sociedades más desiguales, los males sociales ennumerados arriba aumentan…para todo el mundo. Como un “contaminante que se riega” escriben los autores, “la desigualdad tiene efectos directos e indirectos en toda la sociedad.” La teoría que el libro parece sugerir es una que encadena el contraste socioeconómico con valores como la dicotomía dominancia/subordinación, el énfasis en el interés propio, y la distancia y desconfianza entre distintos grupos sociales.

Aunque la cosa es social, está mediada inevitablemente, en ese esquema, por eventos que se dan en los cuerpos individuales. La desigualdad, discuten los autores, tiene efectos sobre la salud hormonal y cardiovascular de los individuos, así como en su desarrollo neural.  Ese planteamiento también ha sido articulado, en términos parecidos, por gente como el economista Paul Krugman, que resume los hallazgos médicos en esta columna, y el antropólogo Daniel Lende, que atiende el asunto en su blog sobre neuroantropología.

Y bueh.  El libro no está libre de críticas, y ya ha sido clasificado por algunos como de “extrema izquierda” (whatever that means) y denunciado como una teoría fatula para adelantar una “agenda” de gobierno grande.  Pero francamente los autores de The Spirit Level me parecen más convincentes y creíbles que sus críticos. Así que me voy a leer. Ya sé que leer no va a salvar al mundo, ni a resolver la situación.  Pero es lo que voy a hacer.  E intuyo que en este tipo de planteamiento, uno que vincule la desigualdad económica con sus correlatos políticos, sociales, biológicos y mentales,  se encuentra alguna parte de la explicación de esa cosa horrenda que parece estar consumiendo, hoy, a mi país.

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