chupacabras

Caminaba el otro día por DC, buscando almuerzo, cuando la vi: una guaguita de frituras, pintada de verde y decorada con una especie de horripilante iguana, negra, gigantesca.   Me froté los ojos al leer el nombre:  El CHUPACABRAS, decía.

El chupacabras en Washington, D.C., señores.

Hace tiempo que he querido escribir sobre el chupacabras, y también sobre su cazador, Chemo Soto, alcalde de Canóvanas.  Chemo, que además de cazador de chupacabras se ha auto proclamado experto local sobre este tipo de criatura legendaria (un bestiario que incluye al alien de Lajas, la gárgola de Guánica, el vampiro de Moca y la pantera de San Juan), describe al monstruo de la siguiente forma:

“…una especie de animal de dos patas que tiene aspecto de hombre de la cintura para abajo y arriba es de piel escamosa, con una cresta llena de púas. La lengua del “monstruo” es bien larga y es a través de ella que se chupa la sangre de los animales. Según el Alcalde, el chupacabras mata a los animales machos por el cuello y a las hembras “las coge por la parte trasera del ano, y les hace un boquete bien bestial”.

El toque de gracia, para mí, es que la bestia “huela a azufre.”  Cuando los cazadores llegan, siempre casi a tiempo, siempre tarde, sólo quedan las víctimas y la peste  a azufre. Cualquier parecido con el diablo no es coincidencia.

Y bueno, con la obsesión, a veces enfermiza, que tenemos los antropólogos con eso de los significados, me quedo por supuesto distraída después del sorprendente encuentro con la guagua esa.  No es la primera vez que atisbo la dimensión internacional del chupacabras: he visto camisetas del chupacabras en lugares como  la ciudad de México y Orlando, Florida. Y me pregunto, ¿qué rayos significa el aparato que tan insistentemente, y tan exitosamente, atrapa la imaginación colectiva?  ¿Y qué significan, en ese esquema, Chemo y su gesta?

En el trabajo clásico de Taussig, The devil and commodity fetichism, el símbolo del diablo se nos describe como una imagen que le permite al campesinado suramericano articular sus issues con el capitalismo, sus modos, y sus consecuencias.  Los campesinos que, a través de un trato con el diablo, acceden a la riqueza producto del mercado capitalista, se condenan a sí mismos y al colectivo.  Más recientemente, en Landscapes of Devils, Gastón Gordillo describe los modos en que las contradicciones en la vida y memoria histórica de los Toba, indígenas colonizados por el ejército argentino y evangelizados por anglicanos ingleses, adquieren vida en figuras de diablos o diablillos, figuras míticas que  traen muerte y enfermedad en el cañaveral pero proveen alimento y sanación en el monte.

Entonces, ¿con qué significados cargará nuestro chupacabras?  ¿Será acaso un símbolo de nuestras propias, tal vez destructivas, contradicciones?  Nótese que la criatura se dedica a atacar animalitos, y especialmente animalitos de origen agrícola, como cabras, gallinas y caballos.  Nótese también que, según Chemo, se ensaña de manera especialmente grotesca con las hembras.  ¿Será su reaparición casualidad en momentos en que el país vive niveles de violencia inusitados, en que se desborda la violencia del narcotráfico en calles y travesías ciudadanas cotidianas, en que la población debe temerle a los policías, y en que mueren más mujeres (y niñas) que nunca a manos de la violencia machista, hombres a quiénes, dicen los vecinos, “se les metió el diablo por dentro”?

Y si el chupacabras es una manera folklórica, boricua,  de articular y conversar con el espectro de la violencia, con la sombra de un país que se mata y mastica a sí mismo, qué representan entonces  el alcalde Chemo y su gesta de cazar la criatura?  Este es el hombre que de algún modo “sabe” cómo luce y cómo se comporta la bestia.  El héroe dudoso en persecución de una criatura dudosa, a través de una gesta igualmente dudosa, cargada de otros simbolismos, como uniformes de camuflaje y escopetas para tranquilizar elefantes.

Tal vez, como tantas otras combinaciones de cazadores y cazados (el policía medio corrupto persiguiendo al villano, el batman medio malito de la cabeza persiguiendo al más loco, y ciertamente más malvado, guasón), Chemo y el chupacabras son de un pájaro las dos alas, de una moneda las dos caras.  A través de toda esta discusión, no hay que olvidar que el experto en chupacabras y otras especies, contrario a la bestia que persigue, existe de una manera material, real, y que ha ganado elecciones y está a cargo de un presupuesto municipal. Ni que tanto él como miembros de su familia cercana se han vinculado, en el récord policial y en el folklórico, con el narcotráfico y el llamado “bajo mundo.”  Entonces hay que pensar que tal vez, las dos caras de nuestra propia leyenda lo son la violencia grotesca, bestial, nocturna encarnada en el chupacabras; y la corrupción e  impunidad grotescas, violentas, y descaradamente diurnas de la clase política que se pone a cazar chupacabras mientras la peste a azufre arropa el ánimo y los destinos del país.  

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4 comentarios en “chupacabras

  1. Yo en realidad ignoro y no le presto atencion a nada que tenga que ver con Chemo y el llamado chupacabras. Lo que me intriga es que a esta fecha, y con tantos vinculos al bajo mundo entre su familia y empleados cercanos este personaje todavia recibe votos por los electores en su pueblo. Ese pueblo es el mismo que elije a los lideres de nuestra isla. Cada pueblo tiene los gobiernos que se merecen.

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