oda a unas amigas:isar, lisi, anayra, kattia, sahra.

A algunas solamente,de momento, que no panda el cúnico y que no haya dramas y celos, por favor, o no vuelvo, que es la que y todo eso. He estado releyendo las “odas elementales” (el único libro que me gusta de Neruda, y que descubrí gracias a un amigo, el gran (e irónicamente agnóstico) Christian, no a una amiga, pero de amigos hacemos otra prosa en otro día) y pensé en unas amigas. Aquí van las notas al calce del asunto y buenas noches.—-

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Aprendí de ellas más que de nadie. Aprendí sin quererlo, sin buscarlo y sin saberlo–tal vez la mejor forma de aprender.

De Isar aprendí que la palabra “amigas” es el lenguaje nativo que descubrimos al azar; que en el espacio y la era posmo, la teoría y la tribu la escogen a una, y no al revés; que el lenguaje se desliza para hacernos suyos pero también para que podamos hacerlo nuestro, aunque la tribu, la banda o la diáspora sea de dos; que aprendemos aprehendiendo, y no hay de otra;

De Anayra aprendí que no hay que “aprender” a barrer, sino barrer a la menor provocación; que la palabra “barrer” puede ser reemplazada por muchas otras, especialmente por “querer”, “ver”, “leer” y “aprender”, sin negar la lógica que vive (¡y cómo vive!) en la ecuación original; que todos los libros son “libritos”, sin importar su tamaño, y que ese diminutivo, y sólo ese, es cariñoso; que lo importante no es ser sino estar, y estar presente; que “estar presente” es una oración completa;

De Lisi aprendí que las oraciones, las que sean, lo “son” en ambos sentidos de la palabra “oración”; que “son” es un tiempo y persona del verbo ser y del verbo estar, a la vez que un ritmo, y que esos sentidos no son incompatibles, que va, más bien se quieren; que la puntuación es una actitud; y que “ser” es, al final del día, el compás de toda actividad y decisión que valgan la pena;

De Kattia aprendí que si amas algo, no hay que dejarlo “libre” ni pa’l carajo; que la libertad no es una excusa; que cuando, y no “si”, las psicosis y las neurosis nos apalabran, lo que hay que hacer es correr a rescatar no la mente sino las palabras, porque del verbo es que (todo) se trata; que los adverbios y los adjetivos suelen ser eufemismos, que todo es verbo y que por ello, los mejores plátanos para un piñón no son los “maduros” sino los que “llevan manchas dalmateándole el lomo”; que todos los lomos tienen lomo, todos los dorsos tienen dorso, y todos los gatos tienen humano.

De Alex aprendí que a veces, las palabras estorban; que al mal tiempo, lo importante no es la cara que una ponga; que la cara se maquilla de lo más bien mirando las instrucciones en el paquete de mascara; que el amor y la vida ni llevan máscara ni son ciegos;

De Sahra? Ha pasado mucho tiempo, pero creo que de ella aprendí lo más importante. De Sahra aprendí a tener amigas.

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