doctor libro

huck finnEn un artículo reciente del New Yorker, me encontré con una de esas cosas que conocemos sin saberlo, que hemos usado sin proponérnoslo. Se llama biblioterapia, la cosa, y tiene que ver con usar la lectura (especialmente de ficción, poesía y ciertas formas creativas de no-ficción) para atender dilemas o situaciones personales, o más bien para procesar las emociones que nos acarrean esas situaciones. La pena y el duelo, el amor y el desengaño, la infelicidad, la insatisfacción, la crianza, nuestra propia mortalidad, la pérdida, el exilio, todas ellas y más son temas tratados en la literatura por mentes diestras, y la lectura de esa literatura puede ser un acto no solamente entretenido, sino además sanador.  Esa es la premisa básica de la biblioterapia.
     Ojo, sin embargo: No hay que confundir esta práctica con la lectura de libros de auto-ayuda o “self-help”. Si bien estos últimos pueden ser de utilidad, y si bien hay algunos (me temo que pocos) que son además buena literatura, la biblioterapia no consiste en leer libros escritos por psicólogos, diseñados para hacernos sentir mejor. Más bien se trata de leer obras literarias buenas y en el proceso, vivir un poco más plenamente.  Igual que pasa, argumentarían los amantes de otras artes, con una sinfonía, una canción, un cuadro, una película.
     Creo que cualquier lector más o menos voraz sabe a lo que me refiero, y comparto un par de ejemplos. A Diane Ackerman, la autora del delicioso “Historia natural de los sentidos”, se le enfermó el marido, que es también escritor. El hombre quedó con afasia severa como consecuencia de un derrame. La historia de cómo la pareja brega con el asunto es un libro digno de leerse por sí mismo (está bellamente escrito, y sirve, en el enfoque biblioterapéutico, para pensar en el amor, la escritura, la enfermedad y la pérdida), pero el asunto es que Ackerman se enfrenta al desafío, en parte, haciendo la misma cosa que ha hecho casi toda la vida: Leer. Y que la lectura de libros sobre, o escritos por, autores que también sufrieron de afasia, como Ralph Waldo Emerson y William Carlos Williams, le sirvió para procesar sus experiencias cuidando a un ser amado con afasia tanto o mejor que sus lecturas más prácticas, diseñadas para entender el desorden. En otro ejemplo, tal vez más dramático en escala, Nina Sankovitch decidió leer un libro por día poco después de perder a su hermana, que murió de cáncer, y pasó un año completo (documentado en su memoria “Tolstoy y la silla púrpura)” leyendo y reseñando un libro diario. Algunos le sirvieron para pensar en su hermana, otros para pensar en el duelo y la pérdida, aún otros para pensar en la vida y todo lo triste y feliz que ella contiene.
     A mí la idea de que los libros te sirvan para entender, para crecer y para sanar más allá del que sea su contenido o propósito explícito me hace sentido intuitivamente y en el contexto de mi propia historia. Recuerdo bien tener ocho años, por ejemplo, y estar viviendo en condiciones difíciles. Había hambre en mi casa, había pobreza, había enfermedad, había desesperanza, había vulnerabilidad. Había también un libro–no el único en la casa pero ciertamente el más grueso– que me había regalado mi papá, una edición completa y adulta de Las Mil y una noches. No sé cuántas veces leí ese libro, pero sé que fueron muchas. Es difícil expresar lo importante de leer una y otra vez a Sherazade tejer historias para escapar de la muerte cada noche, de ver que los paisajes de miseria son parte de historias en otros espacios, en otros tiempos, de escapar con una alfombra, de ubicar el sufrimiento individual en el contexto del de un pueblo. Las lecciones de la ficción pueden ser tan precisas, y tan complejas, como las de la historia. Y tener un buen libro a la mano, creo firmemente hoy, de algún modo me salvó. Más de una vez.
     Pero creo que he escrito o hablado suficiente por hoy. Lo que más quisiera es escuchar o leer sobre otras experiencias, las tuyas, lector, lectora. Cuéntame de los libros que te han ayudado a trabajar con emociones o situaciones difíciles. Me puedes contar aquí, en tumblr, en Facebook, o enviarme un mensaje a: rbrusi@gmail.com. Comparte conmigo (y si te animas, ¡anímate! con la audiencia) el rol, si alguno, de la biblioterapia en tu vida.
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