Los chulos

ilustración de Primera Hora.

El decrépito edificio estaba en una de esas áreas donde sobreviven sólo gomeras, garajes y gasolineras. Tal vez algún kiosko de pinchos o fritanga. Al principio creí que me había equivocado de dirección. La puerta principal daba hacia la calle y (a pesar de la vejez) su marco, doble hoja, y picaporte anticuados le daban un aire de cierta dignidad descascarada. Pero el número a la derecha no coincidía del todo: #710, decía. Decidí darle la vuelta al edificio. Y efectivamente allí, al costado, estaba la puerta (también descascarada, pero sin marco, picaporte o dignidad) de una especie de sótano. #710-a.

“La privatizadora”, la llamaban y llaman en el caserío. Siempre me ha llamado la atención ese nombre tan orgánico. Actúa como sustantivo pero también evoca un verbo, “privatizar”, transparente y pintoresco, que le da sabor local a una movida típica de las economías en “shock” sujetas a reglas neoliberales de “ajuste estructural”.

Nos había enviado, a “pedir permiso”, María, presidenta del Consejo de Residentes y guardiana designada del centro comunal, el único espacio apto para llevar a cabo actividades que requirieran techo y produjeran sonido: la biblioteca cercana exigía silencio, y la cancha estaba permanentemente rodeada de jeringuillas usadas que nadie quería pisar.  

Nos abrió una mujer joven con tacones y ropa ceñida. Al fondo, nos ignoraba una segunda mujer, de más edad, vestida con uno de esos uniformes que suelen usar las maestras y las monjas dominicas, y protegida por una de esas barreras plásticas con media claraboya que le ponen a ciertas gasolineras u oficinas gubernamentales.

La interacción fue más o menos así: Saludos,tenemos cita para tal hora…Espere aquí, que le voy a preguntar a Míster Ortiz…Puede bajar, la está esperando.

Bajamos las escaleras para llegar a lo que, se me ocurre ahora, era básicamente el sótano de un sótano. El espacio era amplio pero oscuro, iluminado por la luz de un ventanuco y tres tubos desnudos incrustados en el  techo. En contraste ,el mobiliario me pareció lujoso. Madera pesada, cuero, grandes cuadros, todo reluciente y nuevo, tan nuevo como la “privatizadora” que se incorporó justo a tiempo para la subasta gubernamental que le otorgó la administración de los caseríos de nuestra región.

Míster Ortiz lucía corbata roja y traje azul, de rayas y brillo leves. Eso que llaman “power suit” y que, supongo, complementaba su “power desk” y su “power table.” No le estaba claro nuestro propósito, dijo. Es muy simple, contesté. Una docena de muchachos, algunos días de repaso para el college board, todo gratis. Lo único que queremos, añadí, es conectar a los estudiantes del residencial X con la UPR, con la universidad pública….

Tal vez fue ese adjetivo, “público”. O la palabra “gratis”. El caso es que parecía muy confundido. Okay,dijo, le sacamos las copias del flyer aquí, con nuestro logo, y le decimos a los del consejo de residentes que las repartan…

No gracias,las repartimos nosotros, muchas gracias por atendernos, adiós.

Nos fuimos con ese “permiso” perplejo y robado.  

En algunos residenciales, los consejos tienen un liderato significativo. Pero en muchos, como el nuestro, su autoridad se limita a seguir las órdenes de individuos como Ortiz: repartir pintura, pegar flyers, establecer o romper alianzas. Ser los cerberos de la llave del centro. Esto es especialmente cierto en residenciales, como el nuestro, en donde  la “privatizadora” establece su oficina fuera del residencial, en este caso a dos millas.

Así funcionan los “poverty pimps”, los chulos de la pobreza. El epíteto describe individuos y entidades que aprovechan la pobreza de los sectores más vulnerables para generar ganancias. Esta “privatizadora”, como tantos otros “chulos”, funciona como una operación piramidal, multinivel: algún rico hace donativos de campaña y crea la compañía para poder participar en la subasta de servicios públicos y esenciales (como vivienda) que operan con fondos nuestros, federales o ambos. Ese, y sus accionistas, hacen chavos, riqueza de verdad. Contratan a su vez esbirros finos para poblar las oficinas centrales y ganar excelentes salarios. Estos tipos finos, por su parte, establecen oficinas regionales y contratan unos menos finos pero con experiencia, no tanto en el tema en cuestión como en la gansería.  Esos ganan bien, y contratan…a gente como Ortiz. Los “Ortiz”, por su parte, decoran sus sótanos, se protegen y distancian lo mejor posible de la pobreza, y contratan alguna muchacha anónima para que les sirva de interfaz con el caserío que ellos rara vez visitan.

Ortiz gana poco dinero pero bastante prestigio. Al fin y al cabo, en estos tiempos, basta con tener un traje y un empleo de escritorio, cualquiera, para tener más prestigio que la mayor parte del prójimo. Para que te llamen Míster y usté. ¿La muchacha? Su madre ha sido despedida, su padre teme por su pensión. Paga la luz y ahorra para casarse y montar una Massó en el techo. Gana poco (algo es algo, le dicen, por lo menos tienes trabajo) e interactúa con el residencial sólo a través del consejo.

Por su parte María, “la presidenta” del consejo, no gana dinero pero sí algún capital social. Su posición atrae, por ejemplo, la atención de algunos políticos locales, dispuestos a proporcionarle un empleo a, digamos, un sobrino, a cambio de usar sus conexiones (y la llave del centro comunal) para unas festividades que a su vez traigan votos, muchos votos…

Los chulos de la pobreza aparecen con mayor frecuencia en ciertos espacios. En los residenciales, por ejemplo. Administran complejos de vivienda, cobran renta, cortan grama, y hacen chavos. Tiburonean tutorías escolares para los chicos y talleres para los maestros, y hacen chavos. Reclutan universitarios que les entregan su beca pell a cambio de un certificado inútil, y hacen chavos. Bailan, cantan, pescan votos, y hacen chavos. Y, por qué no, reclutan nenes para velar el punto de drogas, y adolescentes para convertir en gatilleros…y hacen chavos. La chulería es siempre piramidal: riqueza arriba, migajas abajo. A través de los años, me he encontrado de frente y conversado con ejemplos de todos los anteriores. Así los vi, así conversé con ellos, así los escribo…

Por aquello de que estamos más que nunca en “shock” y “ajuste estructural”, permítanme atacuñar aquí una idea final:cuando un país pobre vende lo público, los chulos se multiplican. Chulos de toda pinta y nivel que en el corillo, el carro o la fiesta, repiten que los del caserío son unos “manteníos” que han llevado al país a la quiebra.

Notas: Publiqué esta entrada ayer en la columna “Será otra cosa”, del periódico Claridad. Los nombres propios y algunos detalles de estos eventos han sido alterados o combinados. 

 

 

macondo

Hace algún tiempo, Fortuño se refirió a las protestas en la Universidad de Puerto Rico como “dignas de una república bananera”. Y ahora su compañero de papeleta indica que él “no representa a Macondo“, y que por ende no se prestará a “espectáculos” en la Cámara de representantes de Estados Unidos, donde el Representante Gutiérrez ha estado denunciando algunas cosillas que Pierluisi, en aras del buen gusto y la delicadeza que el cargo de congresista aparentemente le requiere, preferiría no mencionar.

Nos portamos mal, y nos dicen “Macondo” rapidito.

Esto a pesar de de que en la versión criolla (¡y tan criolla!) de la cámara en cuestión tenemos individuos que alegan poseer “facultades” como las que tenían el gitano Melquíades y la vieja Úrsula, el alma del libro y de la casa; tenemos superintendentes de la policía que con la bendición de sus superiores tratan a los ciudadanos que protestan como…bueno, como ciudadanos protestando en una república bananera, arquetipo no tanto de la producción frutera como de la represión laboral.

A pesar también de que la desolación de Macondo y de la blanca casa de los Buendía, es hoy una desolación tan, ay, tan familiar, tan con sabor a desempleo y desesperanza, tan parecida a la desolación de tantos pueblos nuestros hoy, ahora, mientras Pierluisi se enchisma con Gutiérrez y nos recuerda que no hay protesta que valga, que la protesta es ruido y nada más, que así “no funciona la democracia”, y que el tubo que chupa, el gansoducto,  vá porque sí, por encima de las protestas ciudadanas y por dentro de la tierra temblorosa (¿de miedo? ¿de ira?).

¿Será que para complacer a este dúo, para NO parecernos a Macondo, para NO ser una república bananera, las señoras tendríamos que ponernos a celebrar el chavito que nos vamos a ahorrar con la vía verde y renunciar a pintar murales en San Juan, los estudiantes tendrían que aceptar la cuota sin chistar y si no pueden estudiar irse a trabajar con Chiky Starr, y Gutiérrez tendría que portarse bien, como el Chuchin, e irse de tour a contarle a la prensa que se “depila completito”?

Si eso es la civilización….

Una se pregunta si esta gente se habrá leído el librito al que tanto insisten en referirnos.  Digo, porque a mí, al menos, que me le digan Macondo al país no me lo insulta.  Cada vez que nos traen por lo pelos al pueblito en cuestión, para insinuar a saber qué cosa,  se tendrían que dar por aludidos, en todo caso, los  que pisotean los derechos civiles y ambientales, los que le sacan provecho al caos y a la miseria.

recortes al futuro

Otra vez.  Se tranca la economía, y algunos (muchos) políticos a nivel federal (bueno, a todos los niveles) buscan ahorrarse unos pesitos metiendo la mano en los (cada vez menos) espacios diseñados para preservar alguna movilidad social en Estados Unidos.

En esta ocasión pretenden, y plasman orgullosamente en el presupuesto aprobado el viernes pasado por la Cámara de Representantes para el 2012, recortar dramáticamente los fondos destinados a la beca Pell.  De un máximo actual de $5,550 anuales, ahora pasaremos a un máximo posible de sólo $3,040.

Esto afecta a todos y todas los/as estudiantes pobres y de clase trabajadora en Estados Unidos.  En Puerto Rico, donde la universidad pública es (por el momento) más barata pero el salario promedio es mucho más bajo, será probablemente catastrófico también.  Combinado con el potencial encarecimiento de la UPR que se nos viene encima, este asunto de la reducción de la Pell es muy grave.

!No espere por Pierluisi! Ya la Cámara se pronunció, pero estamos a tiempo: visite esta página para leer más y para firmar la petición que Ed Trust está circulando para ejercer presión en el Senado en Washington:

SPEAK UP: Tell the Senate to save Pell

Firme la petición.  Si la Pell le permitió a usted y/o sus hijos/as estudiar, puede contar su historia allí mismo.  Firme, firme, firme….la cosa urge.

sin la cabra… y con la soga al cuello

Brian, un veterano residente de Michigan, entró a una institución de educación superior con fines de lucro (en inglés, ‘for profit college’) para obtener un bachillerato en programación de computadoras. Change.org, en alianza con Education Trust, nos cuenta su historia: No fue sino hasta después de firmar un contrato que los reclutadores le informaron que su beca le cubriría solamente una porción modesta de los costos de matrícula, y que tendría que solicitar préstamos estudiantiles. Varios años y $70,000 más tarde, tiene un grado-pero los trabajos a los cuales ese grado lo hace elegible pagan muy poco, y vive eternamente endeudado.

En Estados Unidos, el sector con fines de lucro captura anualmente hasta 24 billones de dineros federales destinados a ayudar estudiantes a obtener grados universitarios.  No son un jugador menor: Reclutan cerca del 12% de los estudiantes universitarios estadounidenses, y de estos, 60% entran en programas de bachillerato. Y es precisamente en esos programas que los “for profits” están siendo cruelmente  inefectivos, porque sus tasas de graduación en programas de 4 años son, en promedio (con algunas poquísimas y honrosas excepciones) bajísimas.

En 2009-2010, la for profit Universidad de Phoenix fue la primera institución universitaria en la historia educativa de Estados Unidos en obtener 1 billón (1,000,000,000!) en becas Pell.  Ello porque reclutan un número desproporcionado de estudiantes de escasos recursos económicos. ¿Cuántos de ellos gradúan? 9%. Menos de uno de cada diez.

La cosa, encapsulada, se ve más o menos así:  Reclutan agresivamente entre estudiantes que cualifican para ayudas federales, les cobran el monto total de esas ayudas y mucho más, los endeudan, y no los gradúan.

¿Será que no tienen fondos suficientes para proveer los servicios estudiantiles (consejería, tutorías, cuido de niños, y otras formas de apoyo) que aumenten esas tasas de graduación?  No creo: el presidente de una de estas compañías ganó sobre 40 millones (40,000,000, son muchos ceros) en un solo año.  Por algo se llaman “for profit”.

Todo esto es, me parece, muy relevante para Puerto Rico, especialmente ahora que parecería estar debilitándose la educación superior pública.  Las instituciones de este tipo parecerían haberse multiplicado en nuestra isla.  Sobre eso no tengo números, pero he visto sus pancartas, sus guaguitas, sus reclutadores paseando de puerta en puerta en las parcelas y en los caseríos como si fueran testigos de jehová.  Muchos no se gradúan.  Otros se gradúan pero quedan endeudados.  Algunos consiguen trabajo, pero los trabajos no bastan para pagar sus préstamos.  Tengo un familiar con una historia así: tras graduarse de chef, y trabajar noche tras noche en una cocina caliente en un restorán bastante fino, se le iba el cheque completo en pagar un cuarto en un apartamento compartido y…sus préstamos. Y esa es una historia de éxito, por lo menos se graduó.

De modo que ojo a la proliferación de grados for profit en Puerto Rico, porque bien dicen que en río revuelto…Hay que proteger a la universidad pública, porque mientras menos opciones públicas, más vulnerable es nuestra juventud a este tipo de gansería.  Y por favor, pase, lea y si puede firme la petición que enlaza aquí, o dele “click” a la foto del chamaco triste, y firme una petición en apoyo a las gestiones para regular mínimamente al sector educativo universitario for profit.  Que hagan chavos, ok-pero que provean un mejor producto. Uno con contenido de calidad, apoyos para los estudiantes, mejores tasas de graduación y, por qué no, costos más bajos.  Así no se vale hacer chavos. A costa de la desventaja ajena, de la ausencia de opciones para los sectores más desventajados.


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chencha patria

Tengo esta historia en la cabeza desde hace un par de meses.  De hecho la pensé como historia en real time, mientras los micro eventos aquí descritos ocurrían. Pero sin tiempo, sin ganas, no la escribí hasta hoy. ¿Por qué hoy? Tal vez porque pensaba en las tasas de desempleo en crecimiento, en la proliferación de “colleges” y “universidades” privadas  que andan por ahí reclutando estudiantes y becas pell, y especialmente en el misterioso anuncio gubernamental que nos conmina a alegrarnos porque aunque la categoría de los bonos puertorriqueños sigue igual (bbb-), la “perspectiva” de los bonistas ha mejorado porque el gobierno ha recortado “gasto”…pensando en todo eso, recordé a la pelirroja protagonista de esta historia, y lloré un poquito.

Esperando por el médico me dieron las doce.  Y mi hijo menor, que tiene un reloj interno afinadísimo para las cuestiones alimentarias, me anunció que tenía hambre. Suspiré.  El cafetín del edificio (uno de los prototípicos edificios de oficinas médicas del país) estaría lleno, porque en eso de tener un estómago que gruñe predeciblemente a mediodía, mi hijo es muy boricua.

Debo hacer un paréntesis para aclarar eso de “cafetín”, antes de que el amable lector me denuncie a servicios sociales por andar alcoholizando a mi hijo de cinco años a mediodía.  “Cafetín” tiene dos significados en el vernáculo nuestro: se trata de un negocio pequeño, tipo 1)barra, activa principalmente durante la tarde/noche y despachando cervezas, canecas, y música de vellonera para “machos en pena”, como dirían vega y lugo filipi o 2)cafetería  menor, ubicada en o cerca de un espacio de trabajo (oficinas, fábricas) en donde haya muchos empleados que a las doce anden en busca de un pincho, un sandwich, o un arroz con habichuelas y “mixtura”.

Claro que llevé a mi hijo a un cafetín del segundo tipo. Pero los dos tipos de cafetín, aclaro, me resultan encantadores, al menos conceptualmente. Ambos ejemplifican esa cosa que es simultáneamente cultura y economía, entrepeneurship folclórico, sincretismo de pulpería criolla y fast food gringo….Pero mejor cierro el paréntesis antropológico del cafetín, porque si no me detengo, no les cuento de Chencha.

Chencha la Roja, la llamó mi voz interior, que evidentemente no estaba en su mejor momento.  Chencha porque no sé su nombre, y Roja porque su cabello estaba teñido de ese rojo-marrón que no existe en la naturaleza pero sí en las tres cuartas partes de las cabezas femeninas boricuas, desde las más famosas, tipo Jeniffer López, hasta las menos, tipo….

Bueno, tipo Chencha la Roja.

Chencha tiene los codos sobre el mostrador, las mejillas en las palmas, la edad indefinible de las mujeres puertoriqueñas que ya cumplieron cuarenta pero aún no llegan al senior citizenship, los brazos regordetes, el delantal limpio.  Limpio porque no hay clientes.

El cafetín de Chencha está vacío.

Bueno, casi vacío.  Hay dos empleados en la cocina, limpiando sin prisas, y un muchacho sentado frente al counter, tomando café.

Chencha se anima un poco al vernos llegar.  Llama a Pepe, que procede a atendernos. (No, tampoco sé cómo se llama Pepe. Y soy muy tímida para andar preguntando los nombres de los futuros protagonistas del bló, de modo que tendremos que conformarnos con Chencha y Pepe, de momento.  Y con Pipo, que ya mismo entra en acción.) Pepe, decía, nos toma la orden de bocadillo y fruit punch, y se va a prepararla. Le pago, pregunto.  No, horita, me responde Chencha con una sonrisa. Después de que coma, no hay prisas.

Y descubro, allí y entonces, que me cae irremediable e inexplicablemente bien. Por roja, por gordita, por sonreír, por ser la dueña de un cafetín vacío, porque no tiene clientes, porque no tiene clientes porque la gente no tiene trabajo, porque como ella hay tantas, y porque ella es mi país.

Pipo termina el café y pide “un vasito de agua”.  De la pluma, pregunta Pepe, y añade que son cinco chavos por el vaso con hielo. Chencha lo interrumpe, Dale el jodío vaso al muchacho.  Mira en mi dirección, con la finísima ceja levantada en señal de alarma. Yo sonrío.  Ella también, y comienza a interrogar a Pipo sobre “la universidad”. Yo paro oreja.

Pipo bebe agua y cuenta que se graduó del “instituto” hace tres meses, pero que no encuentra trabajo. Qué estudiaste, pregunta Chencha, y le sirve más agua.  Masaje. La Roja suspira.  Ay, mijo. Pipo sigue bebiendo agua. Mi muy averiguada voz interior me pregunta si el líquido le sirve para matar el hambre, o el tiempo. YTal vez son la misma cosa. O mas bien, tiene hambre porque tiene tiempo.  Me pregunto si la beca le cubrió el certificado de masaje completo, o si se habrá tenido que endeudar.

En el televisor hay una novela, muda. No hace falta el sonido para saber que una mujer malvada le está mintiendo a la protagonista. O para saber que todo saldrá bien, al final.

Chencha mira la puerta, y parece evaluar la posibilidad de clientela.  Su cara se contrae en uno de esos gestos que hacemos cuando tomamos una decisión importante.  Pues dame un masaje, dice. ¿Te atreves?

Pipo, austero, asiente con la cabeza, se soba las manos, se estira. La Roja le da la vuelta al counter, permitiéndome conocer su estatura, que no llega a los cinco pies, y se encarama en una silla.   Pipo examina el cuello y la espalda de su inesperada clienta, y comienza.

Ambos se concentran por unos minutos. Yo observo, con el rabillo del ojo.  La cosa va en serio. Pipo está fajao, Chencha se relaja y sonríe. Cuando abre los ojos veo que los tiene brillantes, llenos de lágrimas.

Yo también sonrío. Y también lagrimeo.

La Roja se ríe, ahora en voz alta, entre mocos, y le dice al masajista desempleado: Muchacho, esto está bien bueno, tú sigue ahí, y si  mi marido llega y dice algo, le das un masaje a él también.

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un ahorro de lujo en la UPR

Conceptualmente, tiene sentido implementar medidas de austeridad en la Universidad de Puerto Rico.  Después de todo, el país está en una crisis económica, y los destinos del país y de su universidad están atados en la más íntima de las relaciones: Sobreviven, triunfan o se hunden al unísono.

Pero en la práctica la cosa cambia un poco.  Porque no todas las medidas son iguales, o afectan a todo el mundo por igual.  Y hay algunas medidas para lidiar con la crisis que atentan contra la identidad misma de la Universidad. Que la distancian del país.

Tomemos por ejemplo aquellas que tienen que ver con el número de estudiantes que la universidad planifica atender.  No se habla, oficialmente, mucho de ello: Pero hay señales, y no son buenas. La Junta de Síndicos ha dicho en repetidas ocasiones que espera recaudar 40 millones del alza en la matrícula que llaman “cuota especial”.  A 800 pesos por cabeza, ese estimado asume 50,000 estudiantes matriculados en el sistema.

Solamente 50,000.  La última vez que la UPR tuvo esa cantidad de estudiantes fue en la década de los setenta.  Ahora atiende alrededor de 65,000: uno de cada tres estudiantes universitarios de la isla.

La distancia que la nueva política de ocupación generaría entre la institución y el país se agrava cuando consideramos el perfil de esos quince mil estudiantes actuales y potenciales que se quedarían sin atender.  Los índices de admisión (IGS) que constituyen el criterio único de admisión a la mayoría de nuestros programas, aumentan, en promedio, según aumenta el ingreso familiar de los estudiantes. Esto quiere decir que aunque hay estudiantes con todo tipo de IGS en todos nuestros sectores sociales, hay una tendencia a que el IGS (y por lo tanto la probabilidad de ser admitido) aumente según aumenta el estatus socioeconómico.  Dicho sesgo no es un reflejo del potencial académico sino de desventajas sistemáticas que afectan más a unos sectores que otros a través del tiempo.

El IGS, por su parte, es en gran medida una función del cupo en determinado programa.  Mientras más popular es un programa de bachillerato, y más gente solicita admisión a él, más alto se vuelve el IGS.  ¿Cuáles son los programas más populares del sistema? Por mencionar algunos: Todas las ingenierías; Biología y Pre-médica; Contabilidad.

Súmele, al bajo estimado de ocupación, las prácticas implementadas en el presente proceso de matrícula, y el cuadro empeora.  Las medidas implementadas en distintos recintos, implican una menor oferta de clases disponibles para matricular.   Para un estudiante que depende de la beca Pell para estudiar, no poder matricular su requisito mínimo de doce créditos constituye más que una barrera: Puede ser el fin de sus estudios en la UPR.

Algunos hablan de una Universidad “más pequeña y ágil”.  Yo creo que parte de la “agilidad” de la universidad pública debe estribar precisamente en su capacidad para atender sectores y geografías diversos.  El problema fiscal en la Universidad no debe, no puede, tratarse como una hoja de cálculo gigante.  La eficiencia no puede darse en un vacío moral.  Las decisiones que tomamos para cortar gastos pueden solucionar un problema matemático de presupuesto-pero agravar los problemas socioeconómicos del país.

Cerrar cupos y secciones para “ahorrar” gastos implica así cerrar oportunidades para muchos futuros ingenieros, médicos y contables en la universidad del país, y sentar las condiciones para un estudiantado menos diverso, más homogéneo socioeconómicamente.

¿Pueden el país, y su Universidad, darse ese lujo?

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ok, hablemos de “ideologías”: huelga y neblina en la upr.

Una de las acusaciones lanzadas con más frecuencia en dirección de los estudiantes que, en todos los recintos de la UPR, ocupan los portones universitarios en lo que se ha convertido en una huelga histórica, es la de “ideológicos”.  Es una acusación que escucho en la radio y leo en el internet todos los días. Por “ideológico”, los que acusan implican que los huelguistas están guiados por una motivación de tipo separatista, y que es esa la “verdadera” agenda.

No voy a “defender” aquí a los estudiantes de esa acusación.  Eso es caer en la lógica del que acusa.  Hoy vengo a plantear las ideologías  que el “otro lado”, el de las autoridades gubernamentales y universitarias, muestra.  De aquellos que se oponen a la huelga y que repudian el comportamiento de los estudiantes por ser “ideológico”, sin prestarle  la atención a la bíblica, enorme, super-ideológica viga en el ojo propio.

Comencemos por la Junta de Síndicos.  Sin entrar en consideraciones históricas sobre su formación, se trata de un organismo que tiene como función velar por los intereses de la universidad pública.  El Reglamento de la Universidad de Puerto Rico y la página de internet de la misma Junta la definen como sigue:

“La Junta de Síndicos es la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico y el Organismo en el cual el Pueblo de Puerto Rico ha delegado la autoridad para dirigir, orientar, reglamentar y gobernar el Sistema Universitario. En el ejercicio de esos poderes, y en representación del interés público, la Junta debe velar porque la Universidad responda a las necesidades de la sociedad puertorriqueña y constituya un elemento esencial en el esfuerzo de darle solución a los problemas con que se confronta nuestro pueblo. La Junta debe estimular el desarrollo de los talentos y recursos de la Universidad para convertir en realidad los valores fundamentales de nuestra sociedad...”[Énfasis mío. Para leer el reglamento pulse aquí]

La Junta es así la fiduciaria, o guardiana, de los intereses del país relativos a las funciones de la universidad. Debe representar el interés público. ¿Cómo ha estado llevando a cabo esa función últimamente? Veamos:

  • Aceptó, sin chistar, la alteración de la base de la fórmula de asignación de presupuesto para la UPR que generó la mayor parte del cacareado déficit. En lugar de tratar de impedir el déficit original, lo acepta como un hecho y le pasa la cuenta, la receta de la “medicina amarga” a la institución que dice proteger.
  • Ante la rebelión estudiantil, se sientan a “negociar”. Como parte de la negociación, proponen eliminar aquellas exenciones por mérito que le sean otorgadas a estudiantes que, por desventaja socioeconómica, cualifiquen para recibir beca Pell.  Es decir, de hecho recomiendan reservar la educación GRATUITA para aquellos que NO tengan necesidad económica.
  • Ante la insistencia estudiantil, expresada democráticamente de distintos modos, incluyendo asambleas sugeridas insistentemente por la propia junta y llevadas a cabo con debate y  con quórum, se ofenden, y aprueban no solamente la presencia policiaca sino el cierre indefinido de la universidad.

En 2008-9 (pulse aquí para el informe)  se otorgaron 22,508 exenciones,  promediando $671, para un total de $15.1M, por lo que el ahorro para la Universidad sería del orden de 67% de $15.1M (proporción de estudiantes de la UPR que recibe beca Pell) o de $10.1M.

Digamos que la propuesta de la Junta le ahorraría a la UPR  diez millones. En repetidas ocasiones, representantes de la administración universitaria han indicado que el cierre acarrea pérdidas equivalentes a un millón diario.  Esto solamente en Rio Piedras y solamente en la Universidad, sin contar los gastos adicionales de, por ejemplo,  policías estatales para “vigilar”  a los muchachos.  ¿De modo que con tal de ahorrarse diez millones anuales, están dispuestos a perder, como mínimo, sesenta? ¿Y por qué la obsesión con esos diez millones, cuando la insuficiencia económica presupuestaria proyectada para el próximo año es de 134 millones, según la OGP? ¿Qué sorpresas nos tendrá la Junta para los otros 124 millones que faltan?

La única explicación para el comportamiento de la Junta es que han claudicado su rol de custodios del patrimonio académico, del capital cultural del país, e incluso de la muy cacareada salud fiscal de la UPR, para convertirse en portavoces de una postura ideológica, tan ideológica, o más, como la de los muchachos que hace un par de días alegremente cambiaban  la bandera pecosa por la monoestrellada.  La ideología de la medicina amarga, del shock and awe, del quitarle fuerzas a la inversión pública.  La ideología del sálvese quien pueda, porque el mundo es del capital y el conocimiento no es una prioridad para el estado.  La ideología que tanto le ha costado a América Latina y al mundo. Como dice Galeano: En momentos como éste, cuando esta Latinoamérica nuestra sufre, con el resto del mundo, las consecuencias nefastas del desplome de la avaricia del capitalismo salvaje, hoy más que nunca, no nos podemos dar el lujo de darle la espalda a nuestros estudiantes.

Por supuesto que los estudiantes huelguistas tienen motivaciones ideológicas.  Representan la creencia en la inversión pública y especialmente en la educación pública, representan la idea de que la universidad accesible es importante para la calidad de vida de los pueblos, representan la esperanza en una existencia en que se pueda obtener calidad de vida no sólo por el tener sino por el saber.

Hace unos días, el analista estadista Ignacio Rivera recordaba las palabras de un militar estadounidense a propósito de Vietnam: Fue necesario destruir la villa para poder salvarla. McNamara diría tal vez que esa destrucción representa, en la neblina que es  generada por la guerra, la pérdida temporera del norte ideológico, de la razón primera. Acá podríamos alegar que la obsesión que la Junta demuestra con el tema de las exenciones (aún a costa de sesenta millones) representa la pérdida temporera del norte de su misión fiduciaria, en la neblina creada por el conflicto actual.

Pero temo que no.  Me temo que más que la pérdida del norte ideológico, que debería ser consistente con la misión de la Junta, lo que estamos presenciando aquí es la revelación de las ideologías que verdaderamente guían las acciones de la alta gerencia académica de hoy.  Son las ideologías que describe Klein en Shock Doctrine, las que han guiado la transformación económica de países tan diversos como Chile y Polonia, las que tienen como único norte la liberalización extrema de los mercados y la destrucción de la inversión pública en asuntos que no generen capital en el corto plazo.  En ese marco de referencia, la universidad privada es la que tiene sentido, y la pública es un lastre, un costo, que hay que abaratar para el estado y encarecer para los individuos. En ese marco de referencia, el estado se reduce en toda inversión social, pero se crece en su rol de administrador de la mano dura.  La Junta no quiere negociar con los huelguistas: quiere domarlos, darles una lección. Por suerte, el país no está de acuerdo.

Si nos vamos a preocupar por las “ideologías” de los actores protagónicos de esta huelga, propongo que nos fijemos para variar en las de la gerencia, y dejemos de momento a un lado las de los “pelús”.

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Picada de ojos: Universidad…¿para quién?

Una columna en la sección VOCES del Nuevo Día de hoy trae al periódico lo que ya hace algún tiempo es tema de discusión, chisme, y susurro: el espectro de un alza en la matrícula, y los disturbios que la misma generaría.  El texto esboza un argumento para que se aumente la matrícula, y  propone algunos parámetros o criterios para guiar el aumento en cuestión.

Se trata de un tema antiguo, y espinoso.  Por un lado están los que piensan que el costo por crédito (unos 45$ para estudiantes sub-graduados, con un ajuste anual que lo aumenta levemente para cada clase entrante) en la universidad del país es demasiado bajo, y que los estudiantes deberían contribuir a los costos de su educación, que suman unos 500$ por crédito.  Del otro lado, están los que piensan que la universidad debería ser gratuita, y que cualquier costo (y cualquier aumento) mercantilizaría algo que no debe, que no debería, ser mercancía: el conocimiento, la oportunidad.

No voy a debatir, aquí, ahora, los méritos de cada postura, aunque supongo que es bastante claro que la segunda me resulta más simpática. Aclaro de entrada que me gustaría habitar (y construir) un país en donde la educación, desde pre-kinder hasta el doctorado, fuese buena y gratuita, donde cada ciudadano pudiera recibir, sin trabas económicas,  tanta educación de calidad como quiera o aguante.  No se si eso sea, en este momento, realista o posible.

Y no es eso lo que me motiva a escribir esta entrada.

Lo que me llamó la atención de la columna de González Taboada es el cierre, que lee así:

“Debe además tomarse en cuenta el potencial de ingreso de cada disciplina. Me parece muy justo que un estudiante de educación pague menos que uno de contabilidad, dado que su potencial de ingresos es mucho menor.”

No es la primera vez que escucho esa sugerencia. Y me parece bastante peligrosa.  Descontextualizada, suena razonable, con esa especie de lógica interna que tiene una hoja de cálculo de excel.  Pero examinémosla.  Hacer que los jóvenes paguen por sus estudios, no basándonos en su capacidad de pago en el presente sino en la que tendría la carrera que eligen, reproduce, y solidifica, las ya patentes diferencias de clase social evidentes en la “selección” actual de disciplinas.  En arroz y habichuelas, y siempre con sus excepciones, la tendencia en el presente es clara:  A mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un joven estudie una carrera con mayor potencial de ingreso.  Subirles el precio precisamente a esas carreras haría aún más difícil el acceso a las mismas.

La educación superior pública ha sido históricamente un mecanismo para la movilidad social.  También ha sido uno para la reproducción de las diferencias sociales. ¿Queremos restarle potencia al primero, y agravar el segundo?  ¿Queremos instituir una escala de precios que se convierta en otro obstáculo más para el muchacho o la muchacha que quiere ser ingeniero/a y que viene de una familia pobre?

Creo que no.   Y creo que en medio de la crisis fiscal que la universidad atraviesa, hay que tener especial cuidado.  Cuidado con las soluciones precipitadas que resuelvan un problema fiscal pero agraven uno social. Que las medidas diseñadas para “salvar la casa” (perdonando la expresión) no la destruyan, por favor.  La Universidad de Puerto Rico es la universidad del país, y al país se debe.  ¿Qué tipo de país queremos tener? Yo quisiera uno en la que trabajemos para quitar, no para poner, trabas en las aspiraciones de las poblaciones más desventajadas.

picada de ojos: “desarrollo económico” para Puerto Rico

Me dice el Nuevo Día que “el secretario del Departamento del Trabajo, Miguel Romero, anunció hoy la creación de 1,040 empleos, mediante un contrato con Walmart.”

Aparentemente se supone que se trate de una buena noticia. Que me alegre.  Porque resulta que, según me indica el titular, esto implica un “anuncio” de “puestos de trabajo para cesanteados.”

Primera Hora me confirma que en efecto, la intención va por ahí, y cita a Romero:

“Con el fin de aunar esfuerzos e impulsar el desarrollo económico en la Isla, el Departamento del Trabajo a través de su agencia componente, el Consejo de Desarrollo Ocupacional y Recursos Humanos (CDORH), delegó fondos a la empresa Walmart de Puerto Rico mediante un acuerdo, con el objetivo de que se creen oportunidades reales de empleos para toda persona que esté desplazada y desee reinsertarse en el mundo laboral”, sostuvo Romero.”

Tal vez en efecto sea buena la noticia. Después de todo, los únicos empleos anunciados después de la botada masiva de empleados gubernamentales en Puerto Rico eran en la industria de la construcción, haciendo que muchos se preguntaran cómo exactamente absorbería esa industria al personal cesanteado de tipo gerencial, secretarial y burocrático.

¡Walmart al rescate!  Ahora los cesanteados podrán trabajar cobrando nada menos que hasta diez o quince centavos por encima del salario mínimo por hora en las tiendas Sam’s, Walmart, y Amigo, que continúan, indica la noticia, “creciendo”, y que por lo tanto absorberán a 1,040 desempleados, 60% de ellos a tiempo completo, el resto a tiempo parcial.  Todo eso por la bagatela de tres millones de pesos de “subsidio” de WIA.

Tres millones de subsidio..añádale el subsidio menos visible, o mencionado, del seguro médico y otros beneficios que el estado tendrá que seguir pagando, por lo menos para el 40% que se queda part-time…Buen negocio, éste.  No para el empleado, que de seguro trabajará mucho, cobrará poco, tendrá pocos o ningún beneficio y no podrá unionarse nunca,  (cortesía del exitoso “modelo Walmart”) sino para la corporación, que de alguna manera ha logrado que le subsidiasen empleos que evidentemente tenía intención de crear al invertir en la construcción de las nuevas tiendas.

Puerto Rico, el paraíso: Donde la gente compra mucho y compra en Walmart porque es barato y los chavos están escasos, donde hay mucho desempleado dispuesto a trabajar treinta horas semanales en horarios impredecibles y sin beneficios y aceptar que eso se defina como un “part-time”, donde se pagan pocos impuestos y se repatrian muchas ganancias, y donde para completar, te subsidian los salarios, ya bajos de por sí.

Walmart, la compañía: La del ingreso bruto que supera al de algunos países; la que enfrenta uno de los mayores pleitos de clase en Estados Unidos, por discriminación salarial; la que se ha hecho famosa por despedir empleados de manera preventiva, para evitar uniones; la que si fuese un país, sería el número siete en relaciones comerciales con China, de donde obtiene muchos de los productos que vende; la que ha generado resistencia y, más tarde, resentimiento, por sacar pequeños negocios (sí, esos que al final del día empujan más la economía local, pagan impuestos y reinvierten en el país) que no pudieron competir con los bajos precios que los bajos salarios, tanto en la tienda como en las fábricas de donde obtienen sus productos, permiten ofrecer. Walmart, nuestro socio, nuestro “partner” para el desarrollo económico.Cuatro de los diez estadounidenses más ricos son de la familia Walton, la familia que todavía es dueña de 40% de las acciones de la compañía.

Hace algún tiempo comentaristas auto-identificados como “de clase media” tronaban en facebook y subtitulaban la prensa en línea contra las “guimas” y “los manteníos”  “de caserío” porque recibirían una tarifa fija de luz.

¿Y contra las corporaciones mantenías, quién truena?

tarifas, vagos, indignaciones, y otras vergüenzas de la cotidianeidad

Hace rato que tenía que haber escrito sobre este asunto de las tarifas fijas para los residenciales, o más bien (porque esto otro es lo que verdaderamente me llama la atención y me interesa) sobre la reacción que dicha política ha desatado.  Esa protesta colectiva, a viva voz, una ola de quejas que nunca he visto elevarse, al menos no con esa velocidad, para defender ninguna otra causa.  Ningún político pillo, o vago, o mantenido, ha desatado jamás semejante ira.  Los que por poco nos queman el país con el desastre de CAPECO nunca fueron blanco de una indignación así. El bono a los desarrolladores para que pudieran seguir construyendo (y vendiendo) en un país con sobre veinte mil viviendas vacías nunca fue discutido como “robo” o “parasiteo”.

Cuando decidí que finalmente escribiría sobre este asunto, tampoco escribí. No escribí porque quería producir un texto impresionante, conmovedor, o por lo menos ingenioso.  Tal vez sonoro, con esa sonoridad que con frecuencia exhiben tipazos y tipazas como Pérez Reverte, o Ana Lydia Vega, o Mayra Montero -esa sonoridad que emite el argumento en el volumen preciso, y en la frecuencia exacta, para que éste resuene en las neuronas y el corazón ajenos.  De modo que volví a no escribir.

Finalmente, supongo que hoy, decidí que igual tenía que hacerlo.  Primero, porque me dí cuenta de que no lograría la resonancia esperada (puede leer sobre “resonancia”, ese tan poético fenómeno de la física, aquí), justamente porque esa es la cualidad principal, y más repugnante, de esa indignación colectiva que hoy vengo a criticar.  Me resigno entonces a escribir cualquier cosa: un cruce entre desahogo y memo corporativo, un telegrama febril, una rabieta antipática pero inteligible, un carraspeo lanzado torpemente al mundo de la cibernia.  Que salga cualquier cosa, pensé, pienso; entramos luego y escribimos algo de seguimiento, más bonito, más sosegado, más intelectual.

Así que escribo.  Primero, para describir la cosa que enfrento aquí.  No se trata de la decisión de la tarifa fija – ni siquiera sé si esa decisión,la de otorgarle una tarifa fija de agua y luz a los que viven en residenciales públicos,  es buena, mala o irrelevante.  Probablemente, para ser honestos, en términos estrictamente económicos, es irrelevante. No lo sé.  Francamente, ni viene al caso.  Lo que me trae hoy a la ventanilla de editar una entrada en mi blog es la reacción popular a esa decisión.  Y ésta, señores, ha sido de miedo.  Los comentarios en los periódicos en línea chillan (sí, chillan, en chillonas mayúsculas) cosas acerca de esa “gentusa” (palabra que por cierto, muchos escribieron con ‘s’), que “vive del cuento”, y que “no trabajan para vivir del gobierno y de los que pagamos contribuciones.”   Hablan de irse a vivir en un caserío como si de hecho quisieran hacerlo. Hablan de un futuro donde el gobierno les dará internet gratuito también.  Hablan de plasmas, antenas y piscinas en todos esos hogares que, si una no hubiera visto de cerca, tendría que imaginar como fabulosos palacios de cuento, con fuentes cristalinas y luces de discoteca.

Pero la peor parte no fueron los periódicos, no.  Allí de todos modos siempre hay cuatro locos chillones comentando las noticias groseramente, de hecho esta vez han estado quizás hasta más educados que de costumbre.  No, la peor parte fue facebook, espacio en donde me comunico con lectores de esta cosa, con amigos, con familiares, con antiguos compañeros. Allí, me cuenta un lector, José G. (que por cierto ha escrito algo muy bueno sobre este asunto y espero que lo publique en algún lado, pronto), y acabo de verificar con mis ojitos, hay un grupo con casi cuatro mil miembros que se llama “estoy harto de mantener los vagos en PR con mis contribuciones” y que se describe a sí mismo de la siguiente forma:

“Este site es para establecer un final proximo a todos los vagos en Puerto Rico que no trabajan y se la pasan esperando la GUIRA del “MANTENGO” gubernamental, sea cupunes, ayudas, etc, etc, etc. Son todos aquellos que se la pasan perdiendo el tiempo en la casa, jugando juegos electrinicos y esperando el cheque del gobierno con una barriga que parecen nenes de World-Vision. Los magnificos parasitos que nos tienen a Puerto Rico en la bancarrota por estar manteniendolos como peces de agua dulce en estanque.”

¿”Establecer un final próximo”? ¿Qué es eso y cómo proponen lograrlo? ¿Genocidio? No, quisiera pensar que lo que en realidad desean es que todos tengan empleos. Los comentarios que leí hoy (hay páginas y páginas de ellos) dicen cosas como (esto es sin censura, lo copio tal cual, aunque me mate la “z” de “abuzo”)… “sin palabra, indignacion total….. Quien piensa en mi, en la clase media. no lo puedo creer. QUE ABUZO. por Dios agamos algo que yo me apunto, esto no puede seguir, ya no mas.”, y se ensañan con especial furor con las “guimas mantenías” que según ellos se dedican a parir y parir con toda la mala intención de continuar “parasiteando”.  Dice uno” “En especial a las Guimas cuponeras de caserio, no saben mas que paril hijos y no trabajan esperando los cupones, jajajaj…”  Hasta la foto revela odio – una mujer sobrepeso, de espaldas, con algo pegado de la bata en el área del trasero.

Yo pago contribuciones, muchas, fiel, legal y consistentemente.  Y mucha luz, y mucha agua.  Pero con toda franqueza, no creo que el furor que este grupo de facebook tan orgullosamente, y con tanta resonancia, exhibe,  se trate de eso exactamente, no.  Como pagadora de contribuciones, a mí me indignan el estado de las carreteras, el deterioro del sistema público de educación, la ausencia de transportación colectiva, la ineficacia del sistema de salud, la escasez de parques y áreas verdes, en fin, me indigna que mis contribuciones no se traduzcan en una estructura de cosas que podemos llamar el bien común y que se refiere a las cosas que nos benefician a todos: urbes limpias, menos autos, más salud, mejor calidad de vida.

Pero no, no hay un grupo de facebook que inste a Fortuño a garantizarnos ninguna de esas cosas.  Lo que vociferan las voces indignadas es que los pobres tienen la culpa, que nos engañan, que nos explotan.  Y yo quisiera aclarar un par de cosas:

  • Los pobres no nos explotan.  Lo que el estado invierte en mantener a sus ciudadanos más vulnerables es una chavería en comparación con los subsidios que reciben otras entidades, corporaciones, casi todas, que pagan muy pocas contribuciones,  generan muchas ganancias, y definitivamente no viven en un apartamento diminuto con ventanas miami y ruido de tiros en la noche, como viven muchos en nuestros caseríos.
  • La imagen del residente de caserío que ríe sonoras y siniestras carcajadas y se frota las manos porque nosotros, los contribuyentes, le pagamos un estilo de vida que incluye piscina, cable, antena, internet, losa italiana, o lo que sea, es una fantasía, o en el peor de los casos, una excepción. La mayor parte de los residentes del caserío preferirían vivir en otra parte.  Otros quieren vivir ahí, esa es su comunidad, y trabajan duro, con pocos recursos, para mantener sus apartamentos lindos, ordenados, y para bregar con el discrimen cotidiano que su geografía les acarrea.  Muchos de ellos trabajan, muchos otros desean desesperadamente trabajar y no encuentran empleo.
  • Ese punto es crucial: En Puerto Rico, la tasa oficial de desempleo ronda el 15%, la extraoficial el 19%, y esto es sin contar el sub-empleo, el empleo a salario mínimo que no da para vivir, y otros desastres de nuestro panorama laboral.  Gritarle, indignado, al residente de caserío que “se vaya a trabajar” es, en este escenario económico, un absurdo, porque sabemos que no hay trabajo suficiente para todos los puertorriqueños, vivan donde vivan, y porque en el residencial hay mucha gente que sí trabaja – porque en este país, señores, se puede trabajar mucho, duro y bien, y seguir siendo pobre.  De hecho los caseríos, como los arrabales, favelas, y otros espacios, son una de las formas físicas que adquiere el fenómeno moderno (o post-moderno?) del exceso de mano de obra potencial en una economía que “prospera” aumentando ganancias para los accionistas pero que no la prosperidad para la gente.  Los pobres NO tienen al país en bancarrota, como dice el grupo de facebook, es al revés: Los pobres son la evidencia de la bancarrota del país.

Podría seguir.  Parte de mí querría seguir. Pero me dice mi pantalla que voy por las mil trescientas palabras y prometí crear un blog, no un culebrón ni un tratado.  Me gustaría hablar de las nociones ideológicas malsanas que se ocultan detrás de toda esta “indignación” contra el residente de caserío.  Me gustaría hablar de cómo el “odio” contra el “mantenido” pobre tal vez nos distrae del timo del mantenido rico (puede ver algo sobre eso en este post).  Me gustaría hablar de algunas de las personas que conozco, que son de caserío y/o viven en uno, y que no son ni vagos, ni mantenidos, ni parásitos, sino gente buena y trabajadora. Me gustaría explicar que a veces, el internet y la antena son la manera más eficaz de mantener a los nenes lejos del punto (puede leer algo sobre eso aquí) y que algunos padres y madres optan por tener esas cosas, con mucho sacrificio, porque no pueden sencillamente mandar a los nenes a correr bicicleta por ahí.   Me gustaría describir el tiempo que pasé viviendo en un caserío del área metro cuando niña, y decirles a todos esos y esas que en chillonas mayúsculas hoy declaran que se mudarían a un caserío para que “los mantengan” que yo lo dudo mucho, que no les creo, que ellos y ellas no quieren vivir allí ná.  Ni con tarifa fija, ni sin ella.  Sólo quieren descargar su indignación, porque saben que algo anda mal, y el pobre y el dependiente siempre han sido un blanco fácil.

Foto tomada de endi.com, sección dominical del La Revista de hoy.

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