Lo que me pregunto

maria_water_boyMe pregunto cómo es que NBC, CNN, NPR y tantas otras, pueden llegar a los rincones que el gobierno alega son “inaccesibles”. Inaccesibles, increíblemente, para el aparato estatal, el federal y el militar. En esos rincones, que son muchos, la gente carece de gasolina, comida suficiente, y–sobre todo– agua potable.

Me pregunto por qué esa palabra, “aparato”, suena de repente tan bien, tan precisa, tan apropiada para nombrar a esos lideratos. Liderato, Aparato, Garabato, Mamarracho…

Me pregunto por qué hay tantos militares paseando por ahí con armas largas, y tan pocos repartiendo agua potable o llevando combustible a los hospitales.

Me pregunto por qué le damos un papelito a la gente que necesita ayuda, que los invita a llamar por teléfono o entrar al internet para obtenerla. Necesitan ayuda por las misma razones que no tienen teléfono o internet. Ese papelito es un prop, una burla cruel.

Me pregunto cómo es que seguimos anunciando los “números oficiales” de muertos al pelao, como si tuviéramos que ajustarlos al tamaño de un tuit, sin espacio para explicar o aceptar que estos números con toda probabilidad subestiman la mortandad espectacularmente. No se trata de un simple margen de error, ni de la diferencia razonable entre el primer día después de una catástrofe y el tercero. Se trata de que a casi tres semanas del huracán, las morgues están llenas, las funerarias no dan abasto, se acaban el oxígeno, la insulina, el diesel para los generadores.

Me pregunto por qué el miedo a sobreestimar las muertes parece ser mucho mayor que el miedo a sub-estimarlas.

Me pregunto por qué el crimen que pudiera venir parece ser más urgente e importante que el hambre que ya llegó.

Me pregunto por qué la milicia puede moverse eficazmente por todo Afganistán para llevar guerra pero no por todo Puerto Rico para llevar agua. No culpo a los soldados: culpo a los que diseñan la estrategia y dictan las órdenes. De paso, le echo su aguita de culpabilidad a la gente de a pie que todavía celebra que, como los militares ya llegaron, todo estará bien. Llevan un rato aquí, gente, y no, no todo está bien.

Me pregunto por qué Puerto Rico ya no aparece en mi AppleNews, si el hambre y la sed no han desaparecido de Puerto Rico.

Me pregunto por qué pasamos más tiempo denunciando la “politiquería” de Carmen Yulín, que estudiando y criticando los pecados gubernamentales y corporativos que la hacen posible, tal vez hasta necesaria, y que son aún más políticos que esa supuesta “politiquería”: incompetencia inaceptable, negligencia criminal, codicia siniestra.

Me pregunto por qué las visitas federales de alto rango se limitan a los cantitos limpios, bonitos y con abundante agua potable.  Esta pregunta no requiere respuesta, realmente. Esta pregunta es retórica. Las respuestas son obvias, y no hacen nada, nada, por aliviar la frustración.

Me pregunto por qué seguimos diciendo “gracias a dios” cuando nos llegan la luz y el agua, cuando el huracán le da más duro a los barrios más al norte o al sur, o simplemente cuando alguien que amamos sobrevive pero un desconocido no.

Me pregunto cuánto falta para que le echemos la fuerza de choque a la gente hambrienta. Me pregunto cuáles son los efectos psicológicos de no poder bañarse, para un pueblo que vive en un clima tropical y una cultura de dos baños diarios.

Me pregunto si nuestro happy-meal del huracán (una cajita con una lata de salchichas, un tenedor y una barra de granola, sin juguete pero con skittles) es la misma que le dieron a los refugiados recientes en África y Europa.  Me preguntó por qué parecen visitar municipios arbitrariamente y una o dos veces (como si el hambre atacara cada dos semanas y no a diario.) Me pregunto si el concepto del contenido de la cajita fue orgánico, o diseñado por funcionarios de organizaciones tipo FEMA y Cruz Roja, reunidos en un salón fresquitos, armados con papelotes, magic markers y ensaladas caesar.   Me pregunto cómo es que le donamos tantos chavitos a las grandes organizaciones para que repartan el ocasional happy-meal, y tan pocos chavitos a los grupos locales que reparten comida caliente y bolsas de compra.

Me pregunto dónde están las iglesias, especialmente las que le sacaron tanto diezmo a las mismas comunidades que hoy se nos mueren de asma y diabetes desatendidas, que carecen de comida, agua potable y luz. Y cómo es que, si la moral y los valores son cosa de cristianos, hay tanto agnóstico y atea protagonizando las brigadas que día a día limpian caminos, reparten agua y alimento, y lo hacen sin ponerle presión a nadie para que crea nada.

Me pregunto porqué seguimos usando el término “clase media” por default. En un país donde todo el mundo es “clase media”, en parte porque nadie lo es, la fila se ha convertido en un gran instrumento de categorización sociológica: Los ricos no hacen fila; la clase media alta hace algunas filas por algunos días; la clase trabajadora hace algunas filas por muchos días o muchas filas por pocos días, dependiendo de la geografía;  los pobres hacen fila todo el tiempo; los muy pobres, aquellos–¡tantos!–cuyas vidas hace rato tiramos a pérdida, esos no hacen fila, punto. No hay filas cerca, porque no hay nada cerca. Sólo un riachuelo y una lata olvidada, ambos con leptospirosis.

Me pregunto que podemos hacer, acá o allá, para no perder la ilusión y el optimismo. Y me contesto y nos contesto: Enviar filtros, limpiar caminos, llevarle agua a los viejitos que no la pueden buscar, hacerle una gestión por internet a alguien que no pueda, documentar la crónica cotidiana, repartir y recibir abrazos, llevar risas a los pueblos trasquilados, donar lo que podamos a los grupos que sí hacen, hacerle la fila al débil, enfriar la insulina del diabético, descansar y relajarse con los seres amados, con los amigos, con los vecinos, a solas, celebrar y si es posible compartir el descubrimiento de una cerveza o malta frías (sin dejar de lavar la lata bien)…Hay tanto que hacer, y todo es bueno. Todo, excepto cacarear que todo está bien, alegar que el que se queja exagera y, con el privilegio propio bien agarradito, mirar hacia otra parte.

……

Del muro de Facebook de mi amiga Mary Sefranek, que anda por ahí haciendo y sonriendo con el colectivo de teatro Vueltabajo y la Brigada Solidaria del Oeste:

Ahora mismo, en un callejón cerca de la plaza de Mayagüez hay teatro en la calle y niñxs riéndose. Aquí Borikén florece.

teatro callejero despues de maria

 

macondo

Hace algún tiempo, Fortuño se refirió a las protestas en la Universidad de Puerto Rico como “dignas de una república bananera”. Y ahora su compañero de papeleta indica que él “no representa a Macondo“, y que por ende no se prestará a “espectáculos” en la Cámara de representantes de Estados Unidos, donde el Representante Gutiérrez ha estado denunciando algunas cosillas que Pierluisi, en aras del buen gusto y la delicadeza que el cargo de congresista aparentemente le requiere, preferiría no mencionar.

Nos portamos mal, y nos dicen “Macondo” rapidito.

Esto a pesar de de que en la versión criolla (¡y tan criolla!) de la cámara en cuestión tenemos individuos que alegan poseer “facultades” como las que tenían el gitano Melquíades y la vieja Úrsula, el alma del libro y de la casa; tenemos superintendentes de la policía que con la bendición de sus superiores tratan a los ciudadanos que protestan como…bueno, como ciudadanos protestando en una república bananera, arquetipo no tanto de la producción frutera como de la represión laboral.

A pesar también de que la desolación de Macondo y de la blanca casa de los Buendía, es hoy una desolación tan, ay, tan familiar, tan con sabor a desempleo y desesperanza, tan parecida a la desolación de tantos pueblos nuestros hoy, ahora, mientras Pierluisi se enchisma con Gutiérrez y nos recuerda que no hay protesta que valga, que la protesta es ruido y nada más, que así “no funciona la democracia”, y que el tubo que chupa, el gansoducto,  vá porque sí, por encima de las protestas ciudadanas y por dentro de la tierra temblorosa (¿de miedo? ¿de ira?).

¿Será que para complacer a este dúo, para NO parecernos a Macondo, para NO ser una república bananera, las señoras tendríamos que ponernos a celebrar el chavito que nos vamos a ahorrar con la vía verde y renunciar a pintar murales en San Juan, los estudiantes tendrían que aceptar la cuota sin chistar y si no pueden estudiar irse a trabajar con Chiky Starr, y Gutiérrez tendría que portarse bien, como el Chuchin, e irse de tour a contarle a la prensa que se “depila completito”?

Si eso es la civilización….

Una se pregunta si esta gente se habrá leído el librito al que tanto insisten en referirnos.  Digo, porque a mí, al menos, que me le digan Macondo al país no me lo insulta.  Cada vez que nos traen por lo pelos al pueblito en cuestión, para insinuar a saber qué cosa,  se tendrían que dar por aludidos, en todo caso, los  que pisotean los derechos civiles y ambientales, los que le sacan provecho al caos y a la miseria.

sorpresa

Es cierto que no debería sorprenderme. No deberíamos.  Digo, si fuéramos seres perfectamente racionales, de seguro no lo haríamos.  Pero no somos seres perfectamente racionales, y aún nos sorprendemos cada vez que Chuchin farandulea, cada vez que Chemo monta una expedición para cazar gárgolas, y cada vez que Evelyn dice un disparate; Nos sorprendemos y decepcionamos al descubrir (¡como si alguna vez hubiese estado ‘cubierto’!) que el hombre que nos gobierna está viviendo en otro país;  Nos sorprende que la rectora de la Yupi se encierre en su oficina en medio de un motín, o que no solamente acepte sino que solicite activamente la presencia de la policía (armada, montada, y numerosa) en el recinto centenario.

Seguimos abriendo la boca en un clásico gesto de sorpresa cada vez que el presidente de la universidad del país abre la suya para acusar a los estudiantes de toda y cualquier violencia, para llamarlos anarcolocos, o para regañarlos por andar propasándose con eso de la libertad de expresión.

Cierto que no debería sorprenderme.  Pero me sorprendo, y sospecho que tú, lector, también.  [Me ha dado hoy por hablarle al lector de tú, como hacen los gobernadores en sus discursos.] Vamos, lector, haz la prueba. La próxima vez que el liderato político, incluyendo el universitario, diga o haga alguna barbaridad, como eso de ponerse a beber y a gritar durante el discurso del gobernador, dentro del capitolio, examina tu reacción física.  No la interpretes, de momento.  Sé que quieres llamarla ira, y tal vez algo de eso hay.  Sé que usamos el humor, y que quieres llamarlo burla, y algo de eso hay también.  Pero fíjate bien en el rostro y los brazos tuyos, y del que te acompaña.  Y lo verás.  Los ojos se crecen, la boca se abre, las cejas se alzan, los brazos aletean.  Parecemos búhos, búhos presos de un ataque de pánico y prestos para volar… a alguna parte, a cualquier parte,a sentarnos con calma en alguna rama y procesar el asunto, para entonces poder hacer el chiste, o indignarnos comodiosmanda.

Creo que en el fondo, nos sorprendemos no por ingenuidad sino por una decencia básica que tal vez hay que proteger.  Que en el fondo, los pueblos tienden no a creer, ni necesariamente a confiar, en su liderato, pero sí a desear que éste quede bien.  Y que esto no ocurre sólo en las democracias.  No sé si has visto, lector, la película The King’s Speech.  En ella el monarca inglés, Jorge VI, asciende al trono un poco por accidente y tiene que dirigirse a su pueblo en el mismísimo umbral de la Segunda Guerra Mundial.  Lo que no es poca cosa, y se agravaba terriblemente porque el rey era gago, gaguísimo, famosamente tartamudo y le daba la chiripiorca esa especialmente frente a los micrófonos.  Bueno, en la historia, el rey tiene un terapista del habla muy simpático que lo ayuda mucho, y debe ir al cine a verla si no lo ha hecho, pero el punto aquí no es ese, sino que cuando el rey va a hablar, el pueblo se pega a la radio, y todos, el viejito, la viejita, la madre rodeada de nenes, el adolescente, todos y todas desean, con toda su alma, que su rey quede bien.  Nadie tiene particular interés en gufeárselo, nadie lo está descartando a priori pensando “el gago ese no podrá hacerlo”. Todos quieren que su rey quede bien.

Cierto que la historia está ficcionalizada, de seguro, para la pantalla grande, pero igual me parece que ahí, en esa expectativa bien intencionada del pueblo inglés, hay algo que verdaderamente define a todos los pueblos que aún están vivos.  Y creo que en el fondo, cada vez que el gobernador se dirige a nosotros, algo dentro nuestro verdaderamente quisiera que dijera la verdad; que cada vez que la rectora de la universidad se dirija  a la prensa, algo vivo en nosotros quisiera que anunciara su decisión de solicitar que la policía salga del campus; que cuando el presidente De La Torre abra la boca, se abra también la nuestra pero esta vez no por el usual insulto al estudiantado sino porque diga algo así como que la libertad de expresión se respeta, como que la presencia de la fuerza de choque entorpece la posibilidad del diálogo, y que para que el diálogo sea tal tiene que haber voluntad de cambio y flexibilidad de ambas partes, incluyendo la suya.

Quizás la capacidad para sorprendernos es buena, y de algún modo esperanzadora, siempre y cuando no nos lleve a la parálisis.  Y entonces, en lugar de despreciar nuestra sorpresa como si la misma fuese un síntoma de credulidad, podemos aceptar que no es obstáculo para la ira, el humor, o la acción, y podemos mirarnos con la boca abierta frente al espejo que es el conciudadano y confirmar, juntos, que aún estamos vivos.

Fó, dice la presidenta de la Junta Reglamentadora de Comunicaciones, Sandra Torres, refiriéndose a la última canción de Calle 13.  Dice que no le gusta, porque es “completamente obscena y lasciva”.

Y recordé que hace unos días, en mi clase de introducción a la antropología cultural, hablaba con mis estudiantes de la importancia de no temerle a las palabras por lo feas, sino en todo caso, por sus significados y sus usos históricos.

Por supuesto que al leer la noticia de endi.com que cita a la asqueada señora, no me quedó mas remedio que escuchar, inmediatamente, la canción en su totalidad (convenientemente, endi incluye un enlace en la noticia.)  Digo, por aquello de que es “completamente obscena y lasciva”, me dio curiosidad ver como ese encantador, talentoso, malhablao rimero del país nuestro encadenaba cientos de malas palabras unas con otras. He escuchado muchas canciones suyas, y todas ellas, por más “sucio” que fuera su lenguaje, contenían una que otra palabra bastante normalita. Así que pensé, se botó el Residente. Ahora sí que sí. Se le fue la mano.

Escucho. Espero las palabras obscenas. Escucho algunas que podrían ofender a la Sra.Torres. Me imagino que frente al desafío de la portavoz de la censura, la mitad del país ha hecho lo mismo, y la canción retumba en miles de hogares, en todos ellos sonando, las palabras terribles, “alcalde”, “país”, “pensar”…

Wait.

Bueno, tal vez es que son las frases, las obscenas: Cosas como “mis letras groseras son más educadas que tu silencio”,”dejar de hablar no combina con gente violenta”, “abuso, por parte del estado”, “conformarse y dejar de existir es como ver a alguien ahogarse y dejarlo morir.”

What?

Ooooooh.  🙂

Hay una estrofa donde ofrece rehabilitar, en Cuba, a un alcalde tecato  indeterminado. ¿Será alguna de esas? ‘¿Tecato?’ ¿’Cuba’, tal vez?

Pero, ¿quién le dijo tecato primero a quién?

También dice huevos. Y jodido. Pero no creo que sean esas.

Tal vez son todas. El ejercicio mismo de encadenar palabras, groseras o no, para expresar una cosa distinta a la cosa simplona que prefieren los que hoy mandan. Los que presiden sobre este obsceno, obscenísimo orden (porque la obscenidad, con frecuencia, poco tiene que ver con el líbido o con la grosería del reguetón) decía que los que mandan lo hacen sobre un obsceno ritual de destrucción del pensar, del intelecto, del pensar y el intelecto concebidos como propiedad de los pueblos y no de los bolsillos…Que esos que presiden la destrucción del pensar, dicen esos, esos tipos y tipas de los que Serrat decía que “entre ellos y yo hay algo personal”,  que pensar sólo sirve si es propiedad privada o estrategia de mercadeo, ellos, dicen que la lucidez es mala, que es grosera, y que es lasciva….Y por eso no les gusta la canción de Calle 13. Por lúcida. Prefieren cosas como “vota o quédate callao”, o mejor aún, “sencillamente quédate callao.”

Aquí los dejo con el rimero lúcido, grosero, encantador.

entradas relacionadas:

la universidad, enmarcada

literalmente

libros del diablo

el estado vs. las abuelitas socialistas narcotraficantes y merengueras

foto:primera hora

Una trata de escribir sobre otra cosa, cualquier cosa, por aquello de no convertir el comentario social en cantaleta antisocial, pero no hay caso.  No hay nada que hacer. Todos los caminos de esta especie de columna cibernética que es “parpadeando” conducen a Fortuño y su gente, últimamente.

Hoy, por ejemplo, me dije “hay que escribir, hace mucho que no posteamos un parpadeo, no escribiré ni sobre la Universidad ni sobre el abuso policiaco ni sobre cómo las libertades individuales se ven amenazadas por cámaras y macanas, ni sobre cómo insisten en pasar la ley del karso, ni sobre el descaro de romper el país mientras alegan salvarlo…”, y me senté, y estoy escribiendo, y decido que hablaré (bueno, que “hablaré”, virtualmente, usté me entiende) sobre los juegos centroamericanos y no sobre el abucheo no reconocido sino sobre alguna otra cosa…

Y sí que hay de qué hablar.  Los atletas compitiendo, y ganando, por ejemplo.  El manejo exitoso del tránsito y de la llegada de visitas a Mayagüez.  La duda del “que será” de esas enormes estructuras que nos dejan los juegos, si se usarán, si no se usarán, si lograremos mantenerlas.  El pueblo fantasma que es el caserío Kennedy, vacío y deshauciado, justo al lado de los juegos…

Pero acabaré hablando de Olga Tañón y Cordelia González.  O más bien, de su “intercambio” reciente, reseñado en Primera Hora, con el presidente de WIPR, Ray Cruz.  El contenido del intercambio es interesante: Tañón y González, en declaraciones aparentemente independientes, critican la cobertura televisiva de la ceremonia inaugural de los juegos y responsabilizan a Ray Cruz.  Éste, por su parte, se enoja y riposta (“despotrica”, dice el periódico). Ellas indican que las imágenes eran de poca calidad, que faltaba comunicación entre los diferentes integrantes del proceso, y que hubo cambios de libreto a última hora.  Él dice que fue la tromba.

Lo que me llama la atención, lo que me hace parpadear, sin embargo, es el contraste entre los mensajes. Me explico: básicamente, la cosa se puede resumir así:

Olga:  Las imágenes y la transmisión no me gustaron, me decepcionaron. Intenté comunicarme con el director y su equipo pero no fue posible. Espero que el gobernador tome cartas en el asunto y que la transmisión de la clausura sea mejor.

Cordelia: Hubo mala coordinación.  Estuvimos trabajando en el libreto un año y de repente nos cambian todo de la noche a la mañana.  Responsabilizo a Ray Cruz por todo ello.

Ray: Si tenemos en cuenta la tromba marina del sábado, todo fue un éxito. Olga es una criticona. De hecho ella vive en Orlando, así que no tiene patriotismo ni quiere al país.  Yo se de música, by the way, y su canción no servía, es lo peor que ha hecho…Cordelia, por su parte, es una irrespetuosa y lo que está es enchismá porque en lugar de contratarla a ella, contraté a Johanna Rosally…

Las artistas critican algo específico: una transmisión, la organización, y responsabilizan a…el responsable de la emisora.  Éste último, por su parte, las critica a ellas, de forma personal.  Tal vez se cree que todavía está en NotiUno, y no en WIPR.

Pero el caso es que suena familiar.  Otros personajes del elenco fortuñista reaccionan también así.  Cuando le preguntan a Figueroa Sancha sobre el carpeteo de video en una manifestación pacífica, por ejemplo, el hombre riposta que  es “para mantener un record de lo que sucedió”, e indica que “ellos también nos graban a nosotros”.  Ese “ellos” vs. “nosotros”,por cierto, me atormenta desde hace rato.  ¿De cuando acá pensamos a la policía, armada, forzuda, entrenada, y al pueblo, desarmado, manifestante, diverso, no-policiaco, como dos “bandos”?

Suena más familiar aún la reacción del ejecutivo.  Dijo Fortuño, en incondicional espaldarazo al jefe de policía que insiste en conceptualizar la relación entre pueblo y policía como una antagónica, que todo ello se justifica porque “aquí estamos haciendo un trabajo… estamos desmantelando organizaciones del crimen a nivel internacional.”

La cosa es el tono, o el método, más bien, de la respuesta.  Si le preguntan por los estudiantes, Fortuño habla de la gran e inminente amenaza de un socialismo fantasmal y globalizado…Si le preguntan por los manifestantes, habla de los criminales organizados y establece una comparación implícita entre los jóvenes y las abuelitas que marchaban el domingo y…Junior Cápsula.

De aquí, pa’ Hollywood, como decía el comercial.

fortuño vs. clinton

@quino

Leo en el Nuevo Día de hoy que el gobernador de Puerto Rico entiende que “ha llegado el momento de establecer nuevas restricciones a las manifestaciones de ciertos grupos opositores que  intentan sembrar el caos.” Se refiere a los sucesos del miércoles en el Capitolio.  Añade que “esos grupos”, a quienes insiste en llamar “socialistas” porque incluyen personas insertadas en esa tradición ideológica, no deberían llegar ni a la escalinata, ni a la plazoleta, ni al interior del edificio.  Minimiza la actuación insólita de la policía alegando que fueron “unos pocos”. En SuperXclusivo ayer repitió (con una expresión satisfecha) que esto “no es Venezuela”.

Por su parte, hoy la secretaria de estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, advirtió en Polonia que los activistas juegan un papel crucial en el desarrollo y mantenimiento de las democracias.  Denunció a los países que, indicó, están “estrangulando a las organizaciones como uniones obreras, activistas de derechos humanos, y organizaciones no gubernamentales que presionan para cambio social y que denuncian los defectos de sus gobiernos. ” Añadió que “algunos de los países que hacen esto alegan ser democracias”, pero que “las verdaderas democracias no le temen a su propia gente.  Las verdaderas democracias reconocen que los ciudadanos tienen que ser libres para asociarse, para abogar por causas, y para agitar.” En su lista de pseudodemocracias incluye a Etiopía, Cuba, Egipto, Irán, y Venezuela…

El gobernador habla de mochilas llenas de piedras. Pero los videos no muestran manifestantes tirando piedras. Muestran personas desarmadas recibiendo golpes mientras hacen cosas como pedir la entrada, sentarse en una escalera e incluso, insólitamente, negociar, obedecer y hasta correr. Figueroa Sancha, por su parte, ha reiterado que entiende que se usó la “fuerza necesaria”.  ¿La fuerza necesaria para, por ejemplo, romper el cristal de un automóvil en respuesta a las malas palabras utilizadas por sus ocupantes?

Pero me salgo del tema.  Regresemos a Hillary. Me pregunto como se sentiría con la idea de la estadidad boricua si le ponen esos videos de frente.  Tal vez, por aquello de que somos Latinos, se confunda y piense que está viendo un video de Venezuela…

bananas

foto:primera hora

Hace algunos días, en ocasión de la protesta universitaria en el Jardín Botánico, el gobernador Fortuño, un tanto asqueado, se refirió a la escena como una digna de “una república bananera en revolución.” En ese momento, pensé que se trataba de un acto de ignorancia exhibicionista de su parte, una revelación de su desconocimiento de la historia, un error.

Hoy creo que fue un lapsus, una confesión, tal vez la articulación a destiempo de su visión para el país.

Según wikipedia, la república bananera tiene tres características principales: Inestabilidad política, dependencia en productos agrícolas limitados, y una camarilla corrupta y ricachona en el gobierno.

Dos de tres, supongo.  Faltan los guineos.

Mi primer contacto con la idea de “república bananera” fue en mi adolescencia, cuando leí la saga de los Buendía y de su soledad, relatada tan magistralmente por García Marquez.  De modo que lo primero que supe, o que pensé, de las “repúblicas bananeras”, es que en ellas se desataba la violencia indiscriminada de un estado corrupto sobre una población empobrecida que protesta.

Y  de hecho, el gobierno de Fortuño nos ha traído lo más parecido a esa imagen que he visto en Puerto Rico.

En las repúblicas bananeras, esa violencia estatal actúa en función de los intereses de corporativos y/o de algunas familias poderosas.  El ejemplo más famoso, históricamente, es el de la masacre colombiana de 1928, donde murió un número indeterminado de huelguistas. Los huelguistas querían mejores salarios.  Los soldados querían proteger los intereses de Chiquita Banana.

¿Qué intereses estarían protegiendo hoy los puertorriqueños enchalecados, enmacanados y encasquetados que embestían gente desarmada en las escaleras del capitolio?  Ya sabemos que parte de los fondos ARRA que le negaron a la universidad fueron pasados ágilmente al departamento de Educación y de allí convertidos, en esa prodigiosa alquimia legislativa, en asignaciones de fondos para cosas como la bibliotecas de Roselló y de Cuchín…Sabemos también que algo se traen, para hacer chavos metiéndole mano al (des)protegido karso….Sabemos que no les gustan la Universidad pública, el Instituto de Cultura, el Colegio de Abogados, los corredores ecológicos, la propiedad colectiva de lugares potencialmente lucrativos, como el Caño…Sabemos que creen que los servicios públicos deben ser manejados por manos lo más privadas posible, hasta para el “servicio público” de botar servidores públicos…Sabemos que son machos machazos masculinos y que si un senador protesta le dicen cua cua y que si la prensa se asoma la botan.  Sabemos que les encantan los barriles.

Sabemos que el gobernador piensa que la Universidad es un gasto, y esa apreciación es consistente con el asquito que le tiene a la república bananera que le ha tocado regir, y en la educación superior de la cual, quizás piensa, no vale la pena invertir…Mejor rodearla de soldados.

Sabemos, especialmente, que hoy los legisladores tienen en su agenda lo que tal vez debería ser la decisión más pública y más transparente: el presupuesto de Puerto Rico y su distribución.  En él plasman, en principio, su visión de país, las promesas que los llevaron al poder, el programa de gobierno…

Pero no hay que estar allí para saber cuál es el programa ese, supongo.  Ya nos lo dijo el gran jefe, a destiempo, hace unas semanas.  La república bananera lo asquea, pero es la verdadera visión, una visión compartida por la legislatura.

Sólo nos faltan los guineos.

primavera y democracia, parte cuatro: tristes contrastes.

Otra asamblea estudiantil, esta vez nacional. Nuevamente, como ya es típico de este movimiento, un modelo de orden y democracia participativa. Un cierre apropiado para lo que ha sido lo que podríamos llamar la primavera boricua, una defensa de la educación superior pública madura, democrática,ágil, e innovadora. Un movimiento que gusta del juego (medios, bailes, canciones, improvisación teatral) pero no de la superficialidad.

¿Y mientras los jóvenes celebran, qué hacen los adultos?

Bueno, los adultos que están a cargo de liderar los destinos del país estaban ocupados bajando legislación en esa modalidad de “descargue” que se les ha vuelto tan frecuente.   Mientras la minoría les exigía a grito pelado una discusión sobre la medida, que busca aumentar el número de síndicos de la junta de gobierno de la UPR, la mayoría penepé del senado aprobó el proyecto de ley, de la autoría de Arango, y lo pasó rápidamente a la Cámara.

Suspiremos.  Qué contraste. Porque si algo aprendió el país de este movimiento estudiantil, es la importancia de permitir la discusión y el estudio de los asuntos complejos.  No permitir que los mecanismos democráticos (como el voto) se conviertan en mecanismos para subvertir la democracia (como el voto en ausencia de debate y análisis colectivo.) (Más sobre ese tema en las entradas recientes de ÉFT e Hiram Meléndez Juarbe).

En su afán de NO buscarle las cinco patas al gato, nuestros insignes legisladores dejan al gato sin patas.  Sin bigotes. Sin cabeza.  La legislación se pasa con prisa, con errores, enraizada no en la investigación sólida sino en los prejuicios de sus autores, y de sus lectores.  A veces, la aprueban sólo para descubrir, como le ocurrió recientemente a la senadora Rashke y a la procuradora de las mujeres, que ya existía. Es la mentalidad del quick fix que quiere resolver la cosa rápido, del marroneo que cambia las reglas para lograr el objetivo, del nene que se lleva el bate y la bola cuando pierde.  La mentalidad de la pereza que pretende producir medidas sin estudiar los asuntos, del que piensa que la democracia existe en función de la ley y del orden y no viceversa, y que por ello pasa también legislación para aplicarle a los Tito Kayaks del país el peso de un “delito grave” si con sus protestas detienen la siembra de cemento.

Todo ello evidenciando que al país le hace falta no una universidad más pequeña, como la quisiera ¥grí, sino en todo caso más universidad, más educación, más profundidad.  Que haya más complicación conceptual/intelectual (bienvenida sea, porque el mundo es complicado) y menos complicación burocrática, como la que nos crea la legislatura con las leyes mal hechas apilándose unas encima de las otras, contrariándose, repitiéndose.

Se le quitan a una las ganas de escribir.  Pero imposible irme a dormir sin referirme, esperanzada, una vez más, a los miles de autoras y autores de la primavera boricua, y al deseo, todavía vivo, serio, funcional, de hacer universidad, dentro y fuera de las aulas.

Entradas relacionadas:

pájaros y escopetas

hablemos de ideologías

cacos y cucos

our best investment

primavera y democracia, 1

primavera y democracia, 2

primavera y democracia, 3

entre pájaros y escopetas

Cada vez es más evidente que “esta gente”, y me refiero al alegre grupo compuesto por la presidenta de la Junta de Síndicos, el presidente de la Universidad, el gobernador Fortuño, y los fantasmas de todo tipo que les susurran (¿órdenes?¿peticiones?¿ideas?¿sueños?) al oído, que esta gente prefiere la universidad cerrada.  No sé como más llamarlos.  Referirme a ellos como “la administración” mancha la memoria y la acción de aquellos gerentes académicos a quienes les importa(ba) la institución y lo que significa.  Referirme a ellos como “el gobierno” oscurece el hecho de que las fuerzas siniestras que manejan y a las cuales responden están metidas en todas partes y canalizadas a través de muchos cuerpos, incluyendo cuerpos universitarios.  Los llamaré, de momento, “esta gente”.

Pues esta gente no quiere abrir. Le han cogido el gustito a la universidad cerrada.  Insólito, pero cada vez más obvio.  La campaña publicitaria que supuestamente pretende “que los portones se abran” (ahhhh, las metáforas) parece más bien diseñada para antagonizar y culpar al movimiento estudiantil con el que supuestamente están negociando (esta gente prefiere, apropiadamente, el término “dialogar”) y así mantener a la universidad convenientemente cerrada.  Negocian sin ganas, emplazan a sus compañeros de mesa, se van de vacaciones en pleno asunto, pierden la tabla, le chismean a la prensa…

¿Cómo llegamos a un estado de cosas donde la huelga no presiona?¿ A un estado de cosas, decía, en donde LOS QUE MANDAN NO QUIEREN ABRIR?

[Las implicaciones de esto en términos de estrategia han sido discutidas recientemente con lucidez y empatía por la estudiante Mariana Iriarte en su blog. Para leerlas pulse aquí.]

No sé. Algunos alegarán que esta gente siempre fue así, y que sencillamente se les ha estado viendo más la costura últimamente. Que las ideologías, programas de gobierno, corrientes globales históricas, y desórdenes de personalidad de los susodichos hacen de esta incomprensible actitud algo inevitable.  Otros alegarán que leemos demasiado en las acciones de una gente, esa gente, que se ha caracterizado por la arbitrariedad e improvisación en la acción, por la incompetencia en la planificación, por la torpeza en la ejecución. Tal vez son ambas cosas. Tal vez ninguna.

Esta mañana, bajo los efectos de un café bastante bueno, se me antoja imaginar a ESTA GENTE en el diván de un psicólogo/a setentoso, recién iniciado en la ahora popular y populosa progresión de Kubler-Ross. Las famosas etapas de manejo de pena/duelo/crisis.

Etapa 1: Negación.

Los estudiantes están alborotándose, dicen que sospechan de nosotros.  Dicen que se irán a huelga.  Bah.  No creo que lo hagan. Esto pasará.

Etapa 2: Rabia, Ira.

¿Qué se creen esos jóvenes imberbes? ¿Mejor dicho, esos jóvenes peludos? Cómo se atreven a desafiarme a mí, que cuando ellos iban yo venía, a mí, que soy la autoridad? Llámate a la policía, a ver si después de un par de macanazos siguen así de bravos.  No les dejes pasar comida, para que vean, que se dejen de pensar que son el ché…llévate el taser, por si acaso.  Y móntales una campaña de medios que los demonice  bien chévere, a ver si va una turba de graduandos y les abre el portón a la cañona…

Etapa 3: Negociación.

Bueno, está bien, vamos a sentarnos.  A dialogar.  Nos sentamos, hablando, no pretenderán que de hecho cedamos en nada, pero igual nos sentamos todos los días, y discutimos sobre los puntos, los adjetivos, las comas, y si dialogo bastante con ellos tal vez se sientan atendidos y se salgan de los portones…Es más, vamos a llamar al obispo, a ver si quiere sentarse a hablar con ellos también… un poco de religión nunca está de más…

Etapa 4: Depresión.

Bah. No vale la pena. Estos pelús son muy tercos. ¿Y la mayoría silente, donde está? ¿Cuántas asambleas más voy a tener que auspiciar?  No se resignan a “dialogar” solamente, tienen la cara dura de esperar “resultados concretos” y de que se les trate como adultos.  Me voy a deprimir/ ir de vacaciones/ sentar aquí con cara de zombi. ¿Será que esta huelga va a durar para siempre?

Etapa 5: Aceptación.

Bueno, y si dura para siempre, ¿qué? Tal vez sea hasta mejor…No pagamos sueldos ni gastos operacionales, nos ahorramos los chavitos que íbamos a levantar con la malhadada video-lotería esa…Mientras la vegetación se apodera de los recintos, y estos pelús se vayan, agotados, podemos cambiar la universidad por completo!!!! Es grande, es cara, se mete cada atorrante…Cerradita, mientras la repensamos.  Más pequeña, ágil, eficiente.  Tranquilos, muchachos.  Todo saldrá bien. Nueva ley universitaria coming right up…Total, si la semana que viene aprobamos el presupuesto en la legislatura para el 2010-2011.

Hasta ahora los estudiantes han demostrado estar un paso adelante.  No creo que vayan a bailar el baile, como indica Iriarte en su blog.  En cuanto a las escopetas, les recomiendo regresar al diván.  Se me acaba el café. Nos leemos luego.

coca, cacos, cucos y la universidad

A diario escucho la condena a los estudiantes.  A veces es una condena feroz, como la del ex-gobernador Romero Barceló, que ayer, jadeante, los tildó de “manganzones”, y los acusó de gastarse la beca Pell en alcohol (!), cigarrillos y hasta coca. O la de Rivera Schatz, que para responderle al anterior opta por regresar al discurso del “grupúsculo diminuto” que no tiene “apoyo del pueblo”. A las condenas feroces podría respondérseles, y se les responde, con cosas como que la Pell no daría para la coca aunque la usaran, con que los chavos se usan para libros y comida, y con que los verdaderos manganzones son los ex-políticos que se niegan a limitar su infamia a la memoria histórica de los pueblos e insisten en su propia relevancia. O con que los políticos del presente deberían 1)cumplir con sus promesas de vigilar policías abusadores y 2)aprender a contar bien-porque el “grupúsculo” sigue constituyendo quórum y ratificando la huelga que los propios administradores legitiman convocando una asamblea tras otra, en la búsqueda infructuosa de la mitológica “mayoría silente”.

A veces la condena es mas bien desconcertante, como cuando, viéndolos macaneados, los acusan de haberse buscado el macanazo en cuestión “provocando” la ira (¿del policía? ¿de Dios? ¿de la propiedad privada?) porque se burlaron, o porque se “pasaron de la raya”, o porque “siguen pidiendo”, o porque no protestan “en los lugares y momentos adecuados”, o por sus largos pelos, o por sus “fresquerías”…O porque, como dice la amiga y colega Lissette Rolón en una de las fábulas que construye sobre la huelga, osaron sentarse “en la misma mesa con el gobierno siempre, como co-dueños de un bien público…” La “raya” que los muchachos ofenden al cruzar es casi siempre literal, geográfica, espacial: Hay quienes quisieran ver (o más bien, no ver) a los estudiantes apiñaditos en algún rincón irrelevante, protestando calladamente, sin molestar. Los que así piensan equiparan la democracia con la invisibilidad o la discreción de la disidencia.

A veces la condena es (en comparación con las dos variedades anteriores) casi gentil, acariciadora, como cuando sus colegas y los nuestros conminan a los huelguistas a salirse de los portones, de prisa, por favor, para que otros puedan entrar a dar clase/tomar clase/hacer investigación/graduarse. Aquí el problema no es tanto el reclamo (los universitarios, todos, tendemos a creer en una universidad abierta, colectiva, utilizable, de modo que el reclamo tiene su justicia), sino a quién se le está haciendo ese reclamo: ¿Por qué no le decimos eso mismo a los Síndicos y administradores? ¿Que deroguen la certificación conflictiva, aclaren el asunto del alza fantasmal de matrícula, quiten las sanciones y nos dejen abrir los recintos de una buena vez? ¿Que habiliten las estructuras de diálogo que están secuestradas: los no- convocados senados, la no-convocada junta universitaria? ¿Qué tal pedirles que defiendan al estudiantado que recibe becas, peludos o pelones, dentro o fuera de los portones, de las alocadas acusaciones de Romero?

Una máquina del tiempo, usted y yo somos los clientes, alguien (¿Rodríguez Ema?) sonríe, masculla alguna cosa, nos conecta los cables necesarios, y emergemos del aparato metidos en un anacronismo insólito: Un país en donde nos aplican una “medicina amarga” globalmente desprestigiada en los noventa, en donde se asoma además la cabezota fea, igualmente desprestigiada, de una estrategia política, la de la opresión, el carpeteo y el exceso policíaco, que creíamos superada, donde gobernadores del pasado surgen,  zombies manchados con sangre de maravilla, a insultar a los estudiantes, emisarios de un futuro posible. Donde los abogados de la universidad, inesperadamente, renuncian y en su lugar se instalan nada menos que los de McConell-Valdés, arquitectos del fortuñismo y de las apepé formales e informales.

¿Y qué hacen los muchachos y muchachas de la Universidad con todas esas condenas? La mayoría de ellos las contesta con serenidad, y sigue trabajando.

Rushdie tiene una novela, Shame, en donde un personaje se vuelve peludo (muy peludo) porque carga en sí toda la verguenza (bueno, “shame” es una de esas hermosas palabras que significa varias cosas, entre ellas, verguenza y culpa) de los que no tienen o asumen ninguna.  Tal vez los llamados “pelús” de los portones cargan con la verguenza, con la dignidad, con la responsabilidad, del colectivo. Basta ya de condenas: Hay que dirigir el reclamo universitario hacia donde debe ir.