cinco gatos

cinco-gatosHe estado pensando y leyendo últimamente sobre este asunto de la esperanza y, naturalmente, ello me llevó a pensar en la universidad y en los gatos. Cuatro o cinco, no recuerdo la frase coloquial. Digamos cinco. Cinco gatos.

Cierto que en estos días, la situación en Puerto Rico (y en Estados Unidos también, pero dejemos eso para otro día) no parece esperanzadora. Tenemos una junta con total poder y cero interés en el bien del país bailando, bastante armoniosamente, con un gobierno de juguete, uno de esos juguetes peligrosos de las películas de horror, un payaso asesino.

Uno de los ataques más recientes ha sido contra el sistema UPR.

En estas condiciones, ¿cómo preservar, nutrir y compartir la esperanza?

Habría que empezar por definirla. Esperanza no es lo mismo que optimismo, aunque puede servir para combatir el derrotismo (que a su vez, no es lo mismo que pesimismo.) La esperanza, nos recuerda Rebecca Solnit, es una invitación a la acción y el activismo. No es la creencia bobalicona tipo “todo estará bien, no te preocupes”, sino la creencia de que un mundo mejor y más justo es posible, si bien no inevitable; y que ese mundo mejor no llegará si nos quedamos quietos, dóciles, confiados en lo mejor o derrotados porque viene lo peor.

La esperanza de la que hablo se educa, constantemente, para entender mejor la realidad. Es idealista, pero también realista. Los individuos que cultivan la esperanza suelen plantar firmemente los pies en esa tierra viva que es la realidad; los colectivos que cultivan la esperanza suelen plantar firmemente los pies en la realidad de la tierra propia y lo local. Ello no los hace necesariamente nacionalistas en el sentido en que se definen como “nacionalistas” los movimientos recientes en Inglaterra y Estados Unidos, que están basados en identificar y excluir chivos expiatorios, no en proteger la educación, la cultura, los principios democráticos o los recursos naturales.

Me refiero a individuos cuyo activismo depende del conocer, que no es lo mismo que aceptar, la realidad. Me refiero a colectivos que actúan sobre los espacios y principios que urgen y que están a la mano.

Pero aquí va mi punto, aquí está la cosa: ese conocimiento personal del cual dependen los individuos activistas no implica renunciar a la esperanza; y esos colectivos de quienes dependen los cambios históricos no son necesariamente masivos.

De hecho, por lo general y al menos al principio, suelen ser cinco gatos.

El cambio hacia adelante, hacia lo justo y lo bueno, suele reventar inesperado y de repente, para luego, en retrospectiva, parecernos gradual e inevitable. Y en su origen se encuentra, sospecho que siempre, no un individuo solitario y luminoso sino un grupito de cinco gatos anónimos, realistas pero no cínicos, esperanzados pero no pendejos.

¡Piense en cuánto le debemos a esos pequeños grupos que desafiaron la ley y las ideologías dominantes para difundir la causa, entonces inaudita, de sacar a la Marina de Vieques!  Esos grupos trabajaron en la oscuridad durante décadas, mucho antes de que fueran posibles las manifestaciones y arrestos masivos. Ha sido así con causas grandes y pequeñas en todo el mundo: la primavera árabe, los derechos civiles, el sufragio femenino, la derogación (legal) del apartheid o la esclavitud, el reconocimiento popular y jurídico de los derechos de la comunidad LGBTT…

Se me ocurre que tal vez, cuando nuestro presente sea ya “historia”, miraremos hacia atrás desde algún triunfo y tendremos que agradecerle a los cinco gatos que montaron el Campamento contra la Junta, a los cinco gatos que nos enseñaron a sembrar y comer localmente de nuevo, a los cinco gatos que llevan el arte y la ilusión a la calle a través del teatro.

Como diría Zygmunt Bauman: allí donde se encuentran la imaginación y el compás moral, allí, nace inevitable la esperanza.

Y aquí va un segundo punto: Es por ese reconocer la combinación inevitable de cambio, justicia, esperanza, realidad y acción, que tenemos que defender a la UPR en el hoy. No nos engañemos: la realidad es que la junta y el gobierno posible o probablemente la rompan, sí. Los elementos de esta destrucción parcial o total son bastante predecibles: la UPR se reduciría en tamaño y por ende en acceso y alcance para los sectores más desventajados del país; y/o aumentarían los costos de matrícula; y/o se reducirían salarios, pensiones, planes médicos; y/o disminuiría la calidad de la educación.

Pero la posibilidad de un fracaso inmediato no debe, no puede, conducirnos a la derrota y al cinismo. No “esperemos”, mejor “esperancémonos”.  La esperanza nos permitirá la acción, la inactividad nos conduciría a la desesperanza. Si actuamos, es posible, incluso probable, que cualquier momento ahora o después reviente, glorioso, el triunfo grande o pequeño, repentino o gradual.

Y en el origen y trayectoria de ese triunfo, en el núcleo de las masa activistas, habrá tal vez líderes, sí, pero de seguro hay y habrá pequeños grupos de cinco gatos, realistas pero no cínicos, esperanzados pero no pendejos, activos, necesarios, aquí.

 

Un desafío

books-bookshelf-person-head-540wLa cosa (el mundo, el país) está bastante mala. Terrible, realmente. Muchas de nosotras nos la pasamos poniéndonos al día con las noticias, y son tantas, tan malas y tan frecuentes que andamos por el mundo con la adrenalina arriba y los ánimos abajo.

Uno de los mejores tratamientos para eso es la lectura de literatura. No necesariamente para escapar de la realidad (aunque esa es tan buena razón como cualquiera) sino para procesar esa realidad, hacerla más manejable, buscar consuelo, entender mejor, desarrollar capacidades  como empatía e introspección, y ayudar al cuerpo a mantenerse sano o incluso a sanarse. La literatura es autocuido. Las personas que leen habitualmente logran, por ejemplo, reducir el estrés, manejar ansiedades sociales, y reducir la depresión. Leer puede ser tanto o hasta más sanador que una caminata, una sesión de meditación,  o una taza de te.

¡Te invito entonces a formar parte de un círculo y desafío de lectura! El proyecto va de febrero 15 a julio 15. No hay mínimo (tú decides cuántos libros y cuáles), pero, ¡¡Las/os ganadoras recibirán premios, y  los/as primeros en sumarse al grupo también!! Y no, los premios no son libros míos, y no, no hay que comprar nada y nadie hace chavos de esto, tampoco tienes que proveer información personal, en fin, no hay truco. Sólo el placer de la lectura en  buena compañía. 

Antes de decir sí o no, pásate por la página en mi blog (aquí)  para leer la descripción del asunto, y respuestas detalladas a las preguntas que probablemente tendrás.

Si recibiste este mensaje dos veces, discúlpame. Traté de evitarlo pero se me chispoteó.

Ojalá te animes. Feliz lectura.

–Rima

nieve

snow_flurryEstá nevando.

“Flurries”, le dicen a estos copos. No sé como decir “flurries” en español. El diccionario me responde “ráfagas”, y  se me ocurren también asociaciones como “avalancha” y “abundantes”, así como en “a flurry of documents”, pero todas esas palabras designan otros significados que poco o nada tienen que ver con estos copos de hoy, los del paisaje que veo por mi ventana.

De modo que hasta donde sé, en español los que estoy viendo se llaman “copos”, así como se llama toda partícula de nieve al caer, independientemente de su grosor, densidad, textura o destino.

Al final todo es agua, supongo.

Pero estos copos son livianos y pequeños, más parecidos a la espuma que al hielo, a la esperanza que a la expectativa, aunque a los primeros los pensemos como modos de “agua” y a las segundas como formas de “esperar”.

Como la espuma al tocar la arena, estos copos que observo se disuelven al tocar el suelo. Su existencia es posible sólo en movimiento y sólo en tanto se dirijan, zigzagueando o en línea recta, hacia su propio final, que parecería ser también su fin.


Si te gustó esta entrada, tal vez te guste: Musa

 

 

 

 

 

 

 

Trump y mis conejos

Image by Irene from deviantart.com
Imagen por:Irene, via deviantart.com

Hace días que intento escribir sobre Trump. Bueno, no tanto o necesariamente sobre Trump sino sobre lo que representa o lo que implica. No lo he logrado, de hecho dejé pasar un deadline para una columna, porque me siento abrumada. La sensación es en parte una reacción al constante estado de alarma y alerta, al quiebre cognitivo y al chorro venenoso de adrenalina, que la avalancha de noticias causa. Es en parte también una función de la cantidad misma de temas posibles. He tomado páginas y páginas y páginas de notas…. Por lo general cada blog o columna (me) necesita unas tres o cuatro páginas de notas a mano. Esta vez han sido decenas de páginas, noticias, ensayos, marcas en libros, miradas repetidas a lo que otros escriben en facebook… y no me siento más cerca de poder escribir esto. Al final, francamente, me senté frente al ordenador porque si no lo hago no voy a poder barrer el piso de la cocina, que es un asco, o comerme algo, o hacer cualquier otra cosa práctica e importante. Ni siquiera sé si lo publicaré. Probablemente no importe.

Tal vez por mi entrenamiento como antropóloga, al principio traté de codificar un poco la cosa, de dividir el lío de anotaciones en temas como los siguientes:

  • Mis notas sobre la marcha de las mujeres en Washington, DC, donde caminé en protesta con cientos de miles de mujeres y aliados, así como sobre las muchas otras marchas dentro y fuera de Estados Unidos;
  • Los variados atropellos, en palabra u obra, a grupos o categorías de gente como mujeres y personas queer, negras, latinas, inmigrantes, musulmanes, etc.;
  • Las implicaciones de lo que está pasando aquí sobre otros países, incluyendo Puerto Rico;
  • Las implicaciones del triunfo y gobierno del “equipo Trump” sobre nuestra relación con la “verdad”, manifestada particularmente en su tratamiento de la prensa y los científicos (lo que implica por supuesto una discusión de lo que es “verdad” y digresiones varias sobre temas como 1984, la libertad de prensa y sus limitaciones, la cultura “post-verdad” que varios denuncian, la “objetividad” de las ciencias, la necesidad de las ciencias, Sócrates, etc.);
  • El uso sin precedentes (o más bien con precedentes pero a una escala y un nivel de flexibilidad hasta ahora nunca vistos) de lo que llamamos “big data” y sus implicaciones; El microtargeting, la manipulación más exquisita, el uso federal y corporativo de cientos de miles de datos sobre cada una y uno de nosotros, el ataque hacia (y la transformación inevitable de) nuestra privacidad;
  • La genealogía (de demócratas, republicanos, populistas) que culmina naturalmente con Trump y sus secuaces pero que no vimos venir;
  • La abundancia de noticias, el ciclo noticioso y sus implicaciones, el fracaso frecuente de la prensa “mainstream”;
  • Las noticias pueden ser a su vez agrupadas en temas, horror dijo la gallina, tales como el asalto frontal y sexual a las mujeres, cada orden ejecutiva y sus implicaciones, las “conferencias de prensa”, los tweets, los rallies, la convención, la noche de las elecciones, los debates (tanto de primarias como presidenciales), en fin, que una de las características de esta gente es que producen noticias a un ritmo nuevo, confuso y vertiginoso, y cada una es digna de ser “tema” pero si las agarramos todas nos volvemos locas y locos, tal vez ya nos volvimos locas y locos, o al menos yo ando por ese camino…
  • Algunas razones explícitas y posibles de los y las que votaron por Trump (he estado no solamente leyendo sobre esto sino preguntándole a los trompistas en mi Facebook), incluyendo una discusión sobre la supuesta importancia del tema económico sobre las demás motivaciones;
  • La esperanza en estos tiempos, o su posibilidad, y su relación con los activismos…De hecho cada forma de activismo amerita una columna;
  • Hay más, pero se me ha cansado el cerebro.

Ya usted ve, lector, lectora, porqué he estado bloqueada. Cada uno de estos asuntos representa un agujero conejil por el que he estado cayendo, Alicia rumbo al país de las porquerías, y, como hizo Alicia, recogiendo objetos en mi lento tránsito hacia abajo, siempre hacia abajo, en ánimo y energía.

Tengo que elegir uno de estos temas solamente, pero si no hago la lista primero, reviento, como dice alguna “analista” por ahí. La lista podría ser una especie de wish list, podría servirme de guía, excepto que esta gente seguirá produciendo noticias y extendiendo mi lista más y más, otro tema sería, junto con el de la esperanza, algo sobre cómo mantener la cordura, y de paso el uso de la sintaxis y la puntuación correctas, porque en este mundo de locura no parece haber ya puntos posibles, sólo comas…

Creo que con este desahogo puedo ir a vestirme, fregar un par de platos, pasar un rato con mi hijo menor, usar un punto. Tal vez hasta olvidar, al menos por momentos, mi descenso inevitable por el agujero en apariencia infinito, siguiendo al conejo de la verdad y la discusión serena, recogiendo frascos noticiosos, por el camino, a la espera de lo que sea que nos espera. Luego regreso y trato de meterle mano a alguno de estos temas.


Editado para borrar los numerosos enlaces a la información sobre algunos de los asuntos mencionados aquí.Pero si alguien desea ver los enlaces no tiene más que pedirlos. -rb

 

Repasando el 2016, pensando en el 2017

notebook-and-laptopEn diciembre se cumplieron ocho años de PARPADEANDO. Es mi primer blog, y todavía el principal. Al principio (y en gran medida todavía) se trató de un proyecto de mini-etnografía y crónica, en el cual mi intención era hacer de lo familiar, extraño, y de lo extraño, familiar: observar algún objeto, personaje o evento cotidianos y mirarlo desde otro ángulo—o describir algo distante, extraño y ajeno de forma tal que me pareciera y nos pareciera más inteligible. La primera entrada del blog es justamente eso: una mirada distinta a los inflables navideños en Puerto Rico y a Frosty en particular.

Todavía ese tipo de miradas son el corazón del proyecto, y a falta de otro término lo hemos identificado como crónicas. A ese estilo le he sumado, especialmente durante este año que acabamos de dejar atrás,  un par de acercamientos más; he estado explorando 1. el género de ensayo personal, en donde utilizo momentos de mi propia experiencia para hablar de otros temas, y 2. el tema de la escritura. He estado colaborando además, con columnas regulares, con dos proyectos periodísticos y culturales que admiro y me enorgullecen: Por varios años ya, la revista digital 80grados, y más recientemente la columna de relevo de En Rojo “Será otra cosa”, en el periódico Claridad. Llevo algún tiempo además trabajando con un libro que (creo y espero) está casi terminado, y cuyo prólogo pueden leer, en una versión temprana, aquí. 

Los cambios de espacio y circunstancia para mí y para mi familia continúan: Tres de nuestros hijos ya están en la universidad y el menor, que era un bebé cuando comencé esta blog, está a punto de entrar a escuela intermedia. Ya no vivimos en Mayagüez sino en el Bronx. Nuestra perrita Lucy murió, y ahora tenemos otra igual de cariñosa que se llama Leia.

Escribí algunas entradas (incluyo las más visitadas abajo) y dejé sin escribir otras: no escribí sobre las elecciones recientes en Puerto Rico y Estados Unidos, por ejemplo, o más bien intenté escribir sobre el tema y me bloqueé. Mis metas o posibles metas para el 2017 incluyen concluir el libro actual y comenzar el trabajo preliminar para mi tercer libro; escribir  más sobre eventos históricos, una especie de crónica retrospectiva; tal vez revivir el aspecto de audio de PARPADEANDO, que tuvo una encarnación de radio y podcast que recuerdo como interesante y divertida; y, ciertamente, dedicarle un poco más de cariño a las páginas de PARPADEANDO en Facebook (donde en el 2017 me gustaría llegar al millar) y Goodreads.

Gracias por el regalo inmenso que es su lectura. Parafraseando a Borges: los buenos lectores son pájaros aún más raros, infrecuentes, que los buenos escritores. Gracias por los mensajes y comentarios. Recuerden que me pueden escribir  su comentario-crítica-idea-saludo-reacción por Facebook,  aquí en el blog, en Goodreads, o a mi correo, rbrusi at gmail.com. Que el 2017 les traiga muchas cosas buenas, así como mucha paciencia con las muchas cosas malas que enfrentamos. Cariños–Rima

Las entradas más visitadas del 2016:

 

Mar y Sol

marysol_01-claridad[Publicado también, esta semana, en Claridad y en Ochenta Grados]

“Esperan de 50 mil a 100 mil hippies en festival de rock en Vega Baja.”

Así leía un titular el 29 de octubre de 1971. El concierto fue en abril de 1972, pero los periódicos empezaron a advertir a sus lectores mucho antes. La noticia no era tanto el concierto como la congregación de lo que en Puerto Rico también llamaban “pelús”. “Festival para hippies”, “Festival de hippies”, “Invasión de hippies”. Rara vez llamaban al concierto por su nombre, Mar y Sol.

La playa se llamaba “Los Tubos”. La prensa de la época y el escritor Manuel Abreu Adorno ubicaron el festival en Vega Baja. Descripciones más recientes lo ubican en Manatí. Todos tienen razón, probablemente.

Desde la derecha se oponían a Mar y Sol los que hablaban de la influencia malsana de las drogas, de “afrentas a la moral pública”, del descaro de calendarizar el concierto en Semana Santa, de hippies izquierdistas, protestones y comunistas.  Desde la izquierda, otros se pronunciaban contra el festival gringo que amenazaba nuestra identidad, y criticaban a los hippies por americanizados, indisciplinados y marihuaneros. Algunos de los críticos fueron al concierto: los derechistas armados con pistolas, los izquierdistas con panfletos. “Certain Puerto Rican nationalist groups” dijo una revista, “circulated through the crowd shooting Marxist diatribes and slogans at deaf ears…[accusing the concert] of ripping off Puerto Rican culture.”

Razón tenía uno de los periódicos cuando reportó, el 2 de abril, que “por la clientela que atrae y a la que está dirigido, el concierto resulta generalmente antipático.”

80grados.net

Las autoridades detuvieron el concierto, porque la policía de Puerto Rico había “obtenido evidencia de que allí se venderían marihuana y otras drogas.” La “evidencia” consistía del testimonio de un solo agente encubierto a quien un personaje estadounidense, ya instalado en los predios del concierto en Vega Baja, le había dicho que tendría drogas disponibles durante el concierto. Curiosamente, la presencia de este personaje—el récord noticioso, mejor que cualquier novela, nos ha dejado sólo su apodo, “Dave el Loco”— había sido notificada a la policía justamente por los organizadores del concierto, que lo conocían como un individuo problemático que solía aparecerse en todos los eventos de esta índole.

Algunos dicen que el gobernador Ferré intervino tras bastidores. En cualquier caso, el concierto sí ocurrió, aunque con una fuerte presencia policiaca. En las fotos del concierto aparecen, inconfundibles, los agentes: musculosos, bigotudos, serios, de pelo corto, con camisas de estampados hawaianos y grandes gafas oscuras, contrastan inevitablemente con los flacos, descamisados, melenudos y sonrientes cuerpos invasores.

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80grados.net

El 27 de marzo había ya cerca de 5,000 hippies visitantes acampando en Vega Baja y escandalizando a los residentes. El día antes del concierto había cerca de 25,000. El segundo día había 50,000 personas.  Abrieron el festival las bandas locales Rubber Band y Banda del Krajo, seguidas por músicos de Estados Unidos como B.B. King y Allman Brothers Band. El segundo día tocaron Emerson, Lake and Palmer, Alice Cooper, y un Billy Joel jovencito y casi desconocido que se quedó con la tarima, el corazón de la audiencia y la atención de Columbia Records: fue en Mar Y Sol que su carrera despegó verdaderamente.

No todo era música, paz y amor. Tres visitantes se ahogaron en la playa; otro fue asesinado, dentro de su caseta de campaña, por un sujeto que los testigos describieron como un joven local armado de machete y cuchillo.  Múltiples mujeres, isleñas y norteñas, fueron atacadas o violadas.

Originalmente en CREEM, tomada de marysolfestival.com
Originalmente en CREEM, tomada de marysolfestival.com

“Festival de Sangre”, decía la portada del Nuevo Día el lunes posterior al concierto.  “The festival that never should have been”, decía el titular en la revista norteamericana CREEM. Debajo del titular, una foto de cuatro jóvenes de piel oscura, tres de ellos con cabellos rizos, y la siguiente leyenda: “It was like an ugly slice of New York City against a postcard backdrop.”

 

Hubo muchas quejas locales sobre el comportamiento de los hippies. La más común era que “se esnuaban.”  Se esnuaban y hacían el amor en la arena, se esnuaban y bailaban, se esnuaban y le daban malas ideas a los curiosos.

El sol, parte importante del atractivo de las taquillas vendidas en Estados Unidos, se convirtió en un problema: desacostumbrados, los pálidos visitantes pronto empezaron a sufrir insolación y quemaduras.

Todo pasó muy rápido: La idea del concierto, concebido como un segundo Woodstock pero a la postre prácticamente olvidado; Cooley, el promotor, despidiendo el concierto y alegando que había perdido dinero, huyendo de la isla a toda prisa, evadiendo el arresto iniciado por el IRS; El mensaje grabado de John Lennon, que no pudo asistir porque estaba bajo amenaza de deportación; El plantón de Black Sabbath, cuyos miembros se quedaron esperando en el hotel porque a última hora el tapón pudo más; El final anticlimático, la dispersión del jiperío, el revolú en el aeropuerto de San Juan, inundado de cientos y cientos de jóvenes rubios, quemados por el sol, picados por los mosquitos, que no encontraban cómo salir de Puerto Rico y regresar a su casa; Los vegabajeños que rechazaban la invasión de hippies aunque les costara la posibilidad de hacer negocio en sus tiendas; Los dueños de punto que sí aprovecharon la oportunidad para vender marihuana y pepas; Los jóvenes cocolos mirando con curiosidad a los rockeros; Los políticos denunciando la pocavergüenza o la americanización.

Y en medio de todos ellos, nuestros propios pelús, que fueron emocionados a Mar y Sol a comulgar con sus contrapartes norteamericanos y con la música, a ser parte (para variar) no de un pequeño margen sino de un gran colectivo, una era, un movimiento.

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algoritmos

social-mediaCierto que no soy la reina de la tecnología y los medios sociales, pero tampoco me considero una ludista—tengo y uso un ordenador todos los días, manejo mis blogs yo misma con WordPress, leo algunos de mis libros en kindle, estoy moderadamente activa en Facebook y en Pinterest (aunque me salí de instagram y twitter por razones que no vienen al caso, o tal vez sí), tengo (esto me da un poco de pachó, pero es importante para este espacio y para mi identidad como escritora) una página de FB, escribo y edito en cosas como Scrivener, DayOne y Google Docs, leo noticias y uso aplicaciones varias en mi iPhone…Pero no sé. En estos días no me siento del todo cómoda en Facebook, que solía protagonizar gran parte de mi actividad en línea. No es una posible adicción lo que me preocupa: en todo caso, lo que me incomoda me está haciendo pasar menos tiempo allí que antes.

A ver si me explico: Entro a FB y me encuentro con un “feed”, ¿cierto? Yo solía visitar FB diariamente precisamente por ese feed: allí leía, por ejemplo, mis noticias, seleccionadas por mucha gente a quien le gusta hacerlo y cuyos gustos e intereses comparto. Leía notas, también, columnas de opinión, y descubría blogs y recursos nuevos, a través de la recomendación de otros. Poemas, cuentos, ensayos, invitaciones, combinadas con algunas noticias y fotos de los amigos: ponía mi mente, en fin, al día.

Pero en algún momento, el contenido de mi feed comenzó a cambiar. Al principio pensé que se trataba de una casualidad, o de algún cambio en el comportamiento de los usuarios, y tal vez algo de eso hay. Me refiero a que ahora casi no veo noticias, y a que el contenido principal es la vida (con frecuencia, francamente, “privada”) de otros. Veo mucho de lo que comparten ciertas personas (muchas de las cuales casi ni conozco) y casi no veo lo que escribe gente cercana a mí y cuyas expresiones solía ver en mi feed con más frecuencia. Veo chismes, peleas, diatribas, fotos, más fotos, plegarias, más fotos, selfies, selfies, selfies, hijos/hijas, juegos, videos en vivo de la vida de alguien, anuncios y peticiones de oración colectiva.  Veo hasta un video de la mujer de Bernier en su camita, anunciando que no se ha hecho el pelo, que no tiene maquillaje puesto, y que extraña mucho mucho a su marido, que anda de viaje.

Esta es mi pregunta: basándose en mis clicks y actividad en línea, no hay algoritmo, por burdo que sea, que decida que esas cosas definen mis intereses. ¿Por qué definen entonces mi feed?

Ojo:Ninguna de esas cosas, por sí sola, me molesta particularmente–de hecho disfruto descubrir una receta, un paisaje, un vestido o un chiste tanto como cualquiera. Y ninguna es nueva en FB. Lo que no entiendo es lo siguiente: 1)¿por qué ya casi no veo noticias y contenidos pertinentes, si se supone que FB conoce mis gustos, y yo le daba click a las noticias con mayor frecuencia que a esas otras categorías que ahora veo constantemente? 2)¿por qué FB ignora mis intentos de personalizar mi feed? ¿Para qué tiene entonces los botoncitos que nos permiten decidir a quién y qué vemos con más o menos frecuencia?

Digo, si nuestra actividad en línea está constantemente monitoreada, lo menos que merecemos es que nuestros gustos sean de algún modo tomados en cuenta, ¿no? Digo, para más que vendernos un par de botas. Tanto algoritmo, y al final FB me deja ver no lo que yo quisiera sino lo que ellos les da la gana.

Para ser clara: esta entrada no es una petición de auxilio. No necesito que me expliquen, por ejemplo, que puedo elegir “see first” para algunos usuarios, o ir directamente al perfil del usuario que sube noticias. Me interesa más usar mi experiencia para entender ciertas cosas.

Y es que hoy leí algo en el NYT que en su momento ignoré: Hace algunos meses, FB anunció que le daría prioridad a los contenidos “personales”, por encima de cosas como noticias o recursos. Eso explicó parte de mi problema, aunque no me dijo por qué es más importante para FB obligarme a ver lo que ellos quieren aunque visite menos, en lugar de permitirme ver lo que yo quiero y por ende aumentar la probabilidad de que yo visite. ¿Acaso no les conviene que yo visite FB más, no menos?

Entonces me acordé de Trump.

El éxito de Trump tiene que ver con una tendencia (es mucho más que una moda) cultural hacia la exposición constante de una “vida privada” que francamente tiene casi tanto guión (a veces más) que la vida pública. Con el auge de los reality shows, y las posibilidades de que la exposición, pura y simple, redunde en fama y reconocimiento independientemente del talento o la contribución (supongo que podemos llamarlo “el fenómeno Kardashian”) aumentó el ancho de banda al que pueden sacarle partido comercial las corporaciones que tiene medios sociales. Esas corporaciones tienen entonces más interés en premiar a los que publican eventos, fotos, pensamientos, y videos personales que a los que, como los usuarios que yo solía ver y seguir con mayor frecuencia en mi feed, buscan contenido interesante en los medios (texto, palabras, especialmente) y lo comparten con otros. No conozco el algoritmo que usa FB pero apuesto casi cualquier cosa a que si me tomo un selfie, me saco video jugando con mis hijos, redacto una invitación a unirse a una cadena de oración, encuentro una noticia importante, termino de escribir esta entrada, y comparto las cinco cosas, las primeras tres le saldrán en el feed a más usuarios que las otras dos.

Si esa es en efecto la realidad, tiene implicaciones importantes para lo que aprendemos todos los días, para los pedacitos de información que usamos para alimentar nuestra mente y con los cuales generamos otros pensamientos. Es decir (esto no es trivial) para lo que nos construye. Si la gente pasa, digamos, una hora diaria en FB, más unas cuantas miradas breves a través del día, es probable que se enteren de cosas más o menos triviales independientemente de que deseen enterarse además de otras cosas, cosas que expandan su mundo personal y social.

Yo no sé ustedes, pero yo extraño esa función de Facebook, la de proveerme, a través de la inteligencia y tiempo de otros, cosas nuevas e interesantes que enriquecieran mi mundo: una noticia, un análisis, un texto provocador.

Pero me temo que a FB yo, y la gente como yo, no le parecemos demasiado importantes. Esa gente que entra un ratito a leer algo sobre los amigos, tener y compartir noticias del mundo, y recibir y dar recomendaciones para expandir mente y conocimientos. Excepto en la medida en que nos puedan convertir en consumidores constantes de la vida cotidiana ajena y productores (y publicistas) de la propia. Y para lograr eso, piensan, tienen que cambiar nuestro feed.